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Motril tiene que abrir un pabellón para acoger otros 132 inmigrantes

Motril. Agencias | 26 de Junio de 2018 a las 19:23

Este martes, a las ocho de la mañana, Salvamento Marítimo recibió la llamada de una de las oenegés que trabaja al otro lado del Estrecho: al menos dos pateras habían partido desde las costas de Marruecos. Un trasiego habitual en las últimas semanas. Pero dentro de esta dramática normalidad, en esta ocasión, también había niños pequeños.

Salvamento movilizó el buque SAR Mastelero, la Guardamar Polimnia y el helicóptero Helimer 204. En torno a las 12.00 localizaron al sur de Alborán una primera embarcación con 53 personas a bordo, entre ellas 20 mujeres y cuatro niños. Una hora más tarde el helicóptero avistó una segunda, con más de una veintena de inmigrantes, entre ellos otros cinco menores. Y antes de que la Guardamar Polimnia se retirara de alta mar rescató una tercera neumática a 14 millas al noroeste de Alborán, donde viajaba otro medio centenar de personas. Las imágenes de los inmigrantes intentando subir uno a uno y de los voluntarios esforzándose para evitar que se pisaran o cayeran al agua son estremecedoras.

La crisis humanitaria no cesa. En total, ayer fueron tres pateras con 132 personas -entre ellas 32 mujeres y nueve niños- las que llegaron al puerto de Motril. En tierra recibieron mantas, una silla de ruedas para los más debilitados y botellas de agua y un globo para los pequeños.

Apenas 24 horas antes, el mismo lunes, habían entrado otros 96 compañeros que se jugaron la vida en el Estrecho. Y el centro de acogida temporal de emigrantes (CATE) del puerto, donde pasan las primeras 72 horas, estaba colapsado. Se vivió entonces una situación excepcional.

El Ayuntamiento de Motril abrió el pabellón municipal de deportes de Motril Emilio Hidalgo. Hasta allí llegaron en un minibús, mientras otra furgoneta de Cruz Roja transportaba material para acondicionar una pista cubierta que, con el estupor del verano, más que el paraíso parecía un tostadero. Los voluntarios de Cruz Roja hacían indicaciones para doblar el agua que suministran habitualmente. Los propios emigrantes formaron una cadena para ayudar a descargar y montar unas hamacas en el interior. Las mujeres a un lado y los hombres al otro.

Los pequeños fueron los últimos en llegar, acompañados de sus madres, que muchas tuvieron que ser atendidas previamente en el hospital.

La última noche, la de ayer, la pasaron a cubierto. Custodiados por la Policía Nacional porque, en realidad, no están en libertad. De ahí lo excepcional de la situación. Hasta para ir al baño tenían que ir acompañados. Y a un edificio distinto.


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