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El arte ayuda a migrantes a recuperar su voz

Washington. Agencias | 22 de Julio de 2019 a las 08:31

Eran adolescentes de Centro y Sudamérica, traídos por agentes fronterizos al Centro de Detención Tornillo, donde los conducían a filas de literas de metal en carpas del ejército rodeadas de alambre de púas. El contacto humano, así fuera un simple abrazo, era extraño en el interior de esta ciudad provisional, donde aproximadamente tres mil menores de edad no acompañados estuvieron confinados al mismo tiempo entre junio de 2018 y enero de 2019. En este entorno difícil, el desierto de Chihuahua, la imaginación y la fe les ayudaron a salir adelante.

El reverendo Rafael García, un sacerdote jesuita del sur de El Paso, tuvo un primer indicio de la creatividad dentro del campo cuando observó una cruz con un Sagrado Corazón rojo tejido en estambre, hecho a mano por los jóvenes encarcelados. En busca de asilo desde El Salvador, Honduras y Guatemala, ellos continuarían creando retablos ingeniosos inspirados en sus lugares de origen: un campo de futbol en miniatura con jugadores hechos con limpiapipas que golpeaban una bola de algodón con puntos, por ejemplo. O una elegante iglesia con un domo de papel crepé que yacía sobre un letrero pintado que decía “Female UAC” (UAC Mujeres, las siglas corresponden en inglés a niños extranjeros no acompañados). Alguien lo había tomado prestado del sanitario.

Las creativas obras de arte de los niños que acabaron en Tornillo son el tema de una exposición inquietante: Uncaged Art: Tornillo Children’s Detention Camp (Arte liberado: Campo de Detención de Niños de Tornillo) en el Museo del Centenario y los Jardines del Desierto de Chihuahua de la Universidad de Texas, en El Paso, hasta el 5 de octubre. Evocadas por la memoria, las escenas fueron recreadas a partir de materiales humildes como tapas de botellas y palitos de paletas de hielo como parte de un proyecto de estudios sociales en el cual unos cuantos maestros creativos asignados al centro les pidieron a los niños que conmemoraran sus culturas nativas. Las aves —en especial el quetzal con su cola esmeralda, el ave nacional de Guatemala y un símbolo de la libertad— fueron uno de los temas recurrentes.

“Si le cortas las alas a un ave, ya no es libre”, explicó un joven hondureño de 17 años quien, sin más, dijo llamarse Freddy. Pasó dos meses y medio en Tornillo y ahora vive con un familiar en Texas, en espera de su audiencia de asilo. Freddy viajó solo, a pie, en autobús y auto desde su pueblo rural. Con ayuda de un intérprete, relató cómo nadó para cruzar el río Bravo, y dijo que le tomó cinco horas encontrar a los agentes fronterizos para solicitar asilo. Para él, los momentos más difíciles fueron ver a los niños desmayarse o débiles por el hambre que se quedaron en el camino. Freddy dijo que él se preguntaba si se quedaría en Tornillo el resto de su vida.

Tornillo abrió sus instalaciones para ayudar al gobierno federal a gestionar el flujo de menores de edad en custodia federal, aquellos que habían viajado solos, así como los que venían “no acompañados” después de que se les separó de sus padres en la frontera como parte de la política migratoria de tolerancia cero del gobierno de Donald Trump. El refugio provisional de tiendas de campaña era operado por Baptist Child & Family Services mediante un contrato con la Oficina de Reasentamiento de Refugiados; habitualmente, los menores permanecían en este refugio entre sesenta y setenta días. Sin embargo, algunas detenciones se alargaban meses, en violación del acuerdo de asentamiento Flores, que limita a veinte días la extensión de tiempo que puede retenerse a los menores de edad en un centro de detención sin licencia.

Aunque nadie está diciendo que el arte salva vidas, los profesionales que trabajan directamente con los menores de edad y los jóvenes detenidos en Texas y en otras partes han señalado las propiedades curativas y la confianza que el arte puede generar en aquellos que se han sentido impotentes y solos. Los abogados y los activistas de derechos humanos recurren al arte de manera rutinaria como un vehículo de comunicación independiente del idioma y la alfabetización. Las crayolas y el papel “pueden ser el portal hacia la mente de los niños y lo que han visto”, dijo Holly S. Cooper, codirectora de la Clínica de Derecho Migratorio, de la Universidad de California, en Davis, quien suele recurrir al arte para obtener información sobre incidentes traumáticos sufridos por menores de edad migrantes detenidos.

El diseño de la exposición Uncaged Art evoca el confinamiento en Tornillo hasta las vallas hechas con eslabones de cadenas y las literas que los niños revivieron con pedazos de estambre. Las veintinueve pinturas, dibujos, trajes y dioramas minuciosamente detallados de la exposición fueron rescatados antes del cierre del campo en enero. Entre ellos hay un parque nacional hondureño con una fuente hecha de vasos apilados bocabajo y una catedral de cartón cortado envuelta en pañuelos desechables de un vibrante color aguamarina con bancas para los feligreses, elaboradas con palitos de paleta de hielo.

El hecho de que algunos de esos trabajos manuales hayan sobrevivido se debe en gran medida al padre García, uno de los pocos sacerdotes a los que se les permitió entrar al centro de detención para oficiar misa. A medida que las tiendas de campaña se iban desarmando, el personal tiró cientos de obras de arte. Las piezas que ahora forman parte de la exposición también estaban destinadas al basurero, hasta que el padre García intervino. Contactó a Yolanda Chávez Leyva, profesora asociada de Historia y directora del Instituto de Historia Oral de la Universidad de Texas en El Paso. Cuando el arte rescatado llegó al instituto, la mayoría de los nombres de los creadores estaban tachados. Las únicas identificaciones eran los apodos estilo militar que los organizadores les dieron a las tiendas y las unidades donde se encontraban los menores: “Charlie 1” y “Bravo 20”.

“Estos son menores de edad no acompañados”, dijo el padre García, en una entrevista en Duranguito, un barrio históricamente inmigrante de El Paso. “Sin embargo, también son niños talentosos que tienen un deseo de ser seres humanos productivos”, agregó.

A pesar de sus circunstancias, las obras de los niños en muchas ocasiones estaban infundidas de optimismo, voluntad y un afecto lleno de orgullo por los puntos de referencia de sus países de origen.

“Hay una sensación de dicha y belleza en el arte que refleja todo lo que se les negó en el entorno donde se encontraban”, manifestó Camilo Pérez-Bustillo, exdirector de Defensoría e Investigación del Hope Border Institute, una organización de derechos humanos en El Paso, quien entrevistó a menores de edad en Tornillo. “Les permitía recuperar sus identidades y no quedar reducidos a los números en una pulsera”.

Las condiciones de hacinamiento continúan aguardando a los niños migrantes detenidos. Seis niños migrantes murieron en custodia federal, entre septiembre de 2018 y mayo de este año, después de enfermar en áreas de detención provisional, según Los Angeles Times. Los inspectores del Departamento de Seguridad Nacional denunciaron las circunstancias funestas y la detención prolongada en varias instalaciones de la patrulla fronteriza para familias y menores de edad no acompañados.

Los dibujos recientes de tres niños en el Catholic Charities Humanitarian Respite Center de McAllen, Texas, mostraban figuras bajo custodia de la Patrulla Fronteriza en jaulas, algunas de ellas de cabeza. “Los dibujos expresan mucha oscuridad”, dijo la hermana Norma Pimentel, quien supervisa el centro como directora de Caridades Católicas del Río Grande. No obstante, también señaló que la mayoría del arte generado por los jóvenes era esperanzador, lleno de corazones, casas y “Te amos”, recordó.

Tornillo cerró después de que un grupo de vigilancia federal advirtiera sobre graves preocupaciones de salud y seguridad en el centro. El gobierno de Trump dijo la semana pasada que planeaba abrir un nuevo centro para adultos con 2500 camas en el mismo lugar. La escala del centro ha sido replicada en Homestead, Florida, donde actualmente hay unos 2200 menores de edad no acompañados. Además, a casi 10 kilómetros del Museo del Centenario, cientos de migrantes duermen apiñados sobre tierra apisonada en un campo de detención al aire libre en el lado mexicano del puente que une a Ciudad Juárez con El Paso.


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