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Guatemala entre la espada y la pared por amenazas de aranceles por migración

Ciudad Guatemala. Prensa Latina | 26 de Julio de 2019 a las 16:39

Nerviosismo e incertidumbre se respira actualmente en Guatemala ante nuevas amenazas del Gobierno de Estados Unidos, su principal socio comercial, que la coloca ahora entre la espada y la pared.

El detonante de esta 'crisis' tiene un trasfondo migratorio, tema convertido en una obsesión para el presidente estadounidense, Donald Trum, quien a todas luces más que preocupación por los indocumentados busca sacarle rédito en un año electoral.

Del otro lado, aparece el Gobierno encabezado por Jimmy Morales, deseoso de complacer los pedidos de Trump, aunque implique negociar a espaldas un convenio para convertir a Guatemala en tercer país seguro para los migrantes, o más bien mentir, pues en varias oportunidades negó que se manejara ese término en las conversaciones.

Visitas reiteradas a esta capital del secretario interino del Departamento de Seguridad Kevin McAleenan y viajes del ministro de Gobernación Enrique Degenhart y de la canciller Sandra Jovel empezaron a levantar sospechas en medios de prensa de que algo se venía cocinando, pero nunca dieron declaración convincente.

La posibilidad se hizo más real a inicios de la semana pasada, cuando el Gobierno anunció a última hora en su página de Facebook que Morales se encontraría con Trump el 15 de julio para hablar sobre migración, narcotráfico y seguridad en las fronteras, un viaje que finalmente canceló ante la presión interna.

Una demanda legal de varios excancilleres, un excandidato presidencial y del procurador de los Derechos Humanos, Jordán Rodas, interpuesto ante la Corte de Constitucionalidad (CC) el 11 de julio, hizo repensar al jefe de Estado lo que se anunciaba a viva voz o, al menos, esa fue la estrategia para después culpar a otros.

La 'bomba' la estalló el propio Trump, quien horas antes de la visita de Morales daba por hecho lo que aquí se venía negando, y que a juicio de analistas ni los guatemaltecos sabían la magnitud del documento que estaban dispuestos a firmar.

Por eso no resulta exagerado el tono belicoso empleado por el jefe de la Casa Blanca, sobre todo si le dejaron esperando un apretón de manos seguro.

'Guatemala no ha sido buena', dijo el martes último, y amenazó con gravar las remesas e imponer aranceles a los productos de exportación, pero creó todavía más incertidumbre al expresar después que, además, 'estamos buscando algo muy severo'.

De repente, retrocedieron, y dijeron que fue su Corte Suprema -Corte de Constitucionalidad - la que frenó el convenio, comentó Trump.

Y no le falta razón, pues el gobernante guatemalteco se agarró del reciente fallo de la CC para inculcar en la ciudadanía que todas las represalias de Washington serían culpa de esta y no de quienes negociaron sigilosamente.

El amparo provisional, aclaró la víspera el máximo tribunal en conferencia de prensa, se refiere al procedimiento y solo recuerda al Ejecutivo que la ratificación de tratados, convenios o cualquier arreglo que afecte el dominio de la nación debe llevarlo al Congreso para su aprobación. En el mismo camino de echarle la culpa a otros de los desaguisados del Ejecutivo se mostró el sector privado guatemalteco, el cual adelantó en un comunicado las consecuencias desastrosas para la economía del país de cumplirse las sanciones.

Los directivos de las cámaras empresariales transpiran nerviosismo, muy normal si se tiene en cuenta que el 38 por ciento de las exportaciones van a Estados Unidos y las remesas representan el 13 por ciento del Producto Interno Bruto guatemalteco.

Expresiones como 'matarían el aparato productivo', 'causaría un efecto rebote, es decir más migración y desempleo', empiezan a escucharse con fuerza aquí.

La presión de la Casa Blanca surtió efecto; algunos analistas la consideran muy seria y otros dicen que podrían desvanecerse ante la atención oscilante de Trump.

Podría pensarse en el último caso si no fuera un momento propicio para endurecer más la retórica antiinmigrante camino hacia su eventual reelección en 2020.

Guatemala se portó mal y merece un castigo. De nada le valdrá a Morales haberse plegado a todos los deseos de Washington, en particular, en aquel escandaloso traslado de su embajada en Israel hacia Jerusalén a contrapelo de Naciones Unidas.


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