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Latino sacerdote y artista

La Voz.com. | 28 de Noviembre de 2009 a las 00:00
Las cajas de botellas vacías de cerveza Shiner se acumulan en el garaje del reverendo Jairo López. La basura de la fiesta de otra persona es para él material preciado: cortará esas botellas a mano y con los pedacitos de vidrio compondrá un mosaico. Tal vez la use en una enorme imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, la santa patrona de México, que adornará la pared de una iglesia, o en un pavo real a ser colocado en un porche. López, colombiano de 42 años, es un artista que hace mosaicos usando pequeños pedazos de vidrio o de azulejos. Hay obras suyas en la iglesia católica San Juan Evangelista y en la Main Street (calle principal) de Marble Falls. Cheryl Klein, de Horseshoe Bay, tiene una pieza en su casa. "Te deja sin aliento. Es hermosa", comentó Don Reed, un amigo de Klein, tras ver "Son of Suns", que muestra un sol brillante sobre una plantación de girasoles. En Austin, hay trabajos suyos en la capilla Chancery de la Diócesis Católica de esa ciudad. El Woodland Garden del Lady Bird Johnson Wildflower Center tiene dos esculturas, una de dos pavos reales y otra de papagayos. Las botellas de cereza en su estudio, en el garaje de la iglesia San Juan, son un regalo de la comunidad, según López. La gente sabe de su afición por reciclar vidrio y crear obras de arte. "Ya tengo demasiadas botellas", dijo con una sonrisa. Afuera de la iglesia hay una fuente de agua rodeada por un sendero circular con azulejos que es obra de López. Adentro, en la entrada, se observa un mosaico de López del escudo de armas de la Orden de la Santa Cruz. En el altar hay dos mosaicos de ángeles junto a una gran cruz. Además de vidrio, López trabaja también con mármol, granito y azulejos. Importa algunos materiales desde Italia y cada obra le toma cientos de horas. Nuestra Señora de Guadalupe requerirá unas 300 horas. Obras grandes como la de la iglesia Apóstol San Pablo de Horseshoe Bay le toman tres meses. Un colorido mosaico flanquea tres ventanas altas que dan al lago LBJ y cubre una gran parte del techo. López asistió el seminario en su Colombia natal y completó su maestría en teología en el St. Vincent de Paul Seminary de la Florida. Se ordenó en 1994. Antes de recaer en Marble Falls en el 2000, trabajó en Austin, Killeen, Round Rock y Mexia. Hace mosaicos desde 1999, cuando estaba en Mexia. "Visité iglesias en México e Italia que tenían mosaicos hermosos. Me interesó porque el arte dura para siempre", expresó. Estudió arte en la St. Edward's University y en la Escuela de Mosaicos Artísticos de Ravena, Italia. El arte y el trabajo terminaron mezclándose. "Es parte de mis oraciones, de mi espiritualidad", manifestó. "Cuando uno medita, aprecia la belleza de Dios en los materiales, en los colores y en las texturas". Compara un mosaico con la comunidad eclesiástica. "Los colores, las texturas y los materiales son mis feligreses. Tienen distintos estilos, distintas medidas y distintas culturas. La comunidad es un mosaico. Sin una pieza, la imagen no está completa", declaró. Los martes --su día libre-- los pasa en el garaje, que se ha convertido en un estudio. Antes de ir a la iglesia, es frecuente verlo trabajando en su taller, temprano en la mañana. La iglesia no impide a sus sacerdotes crear piezas de arte para ser vendidas. "No hay nada que le impida disfrutar con su pasión", declaró Christian González, de la diócesis de Austin. "Tenemos un par de sacerdotes que trabajan la madera. Solo los sacerdotes que pertenecen a una orden hacen votos de pobreza". López dice que vende pocas piezas porque su trabajo como párroco le toma casi todo el tiempo. Y no todo lo que hace se vende. "La economía no es buena para el arte", manifestó. El arte ayudó a López a sacar a su familia adelante. La familia vivía en Colombia en el 2002, cuando su hermano Jaime fue secuestrado y se pidió un rescate. Fue liberado dos días después. Hubo más amenazas de que su familia sería secuestrada, hasta que todos --sus padres Enrique e Hilda, un hermano y una hermana con sus hijos-- partieron en medio de la noche en julio del 2004 y se vinieron a la Florida. "Dejaron todo: la casa, sus pertenencias, sus cuadros, todo", señala López. "Uno hace su vida en torno a una hacienda y de repente no tiene nada. Es duro". López decidió traer a sus padres a Texas pues se dio cuenta de que había que ayudar a su familia a integrarse a la vida en Estados Unidos. "Lo peor fue volver a empezar", comenta Jaime López, de 50 años, quien trabaja en la limpieza de un hotel. "Todos extrañamos nuestro país". "Es como levantarse un día borracho", dice Hilda, la madre. "¿Adónde va? Una no sabe qué hacer". López hace que todos lo ayuden en su estudio. Enrique es muy bueno cortando vidrio y piedras. Hilda y Jaime ayudan en el ensamblado de los materiales para crear una imagen. "El arte es una buena terapia para todos", dijo Jairo. "Te mantiene ocupado. Sé que cuando mi padre y yo entregamos una pieza a alguien, él se siente muy feliz de ver la obra terminada. Es muy orgullosos". Sus familiares ayudan a López en otro terreno, prestándole sus ojos: el religioso no distingue bien algunos colores, sobre todo el rojo y el verde.

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