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Migrantes sufren en su viaje el infierno mexicano

Arriaga, Chiapas. Reforma. | 26 de Abril de 2010 a las 00:00
El paso de los migrantes centroamericanos por México se ha convertido en un infierno para miles de ellos. Los secuestros por parte de las bandas criminales se han convertido ahora en su principal amenaza, sobre todo aquellas que están ligadas al grupo de Los Zetas. Los riesgos de persecución, acoso y extorsión de parte de agentes migratorios y policías han pasado a un segundo término frente a esta nueva amenaza que los acecha. "Para alcanzar el sueño americano, primero tienen que cruzar por el infierno mexicano", resume el activista Carlos Bartolo, coordinador de la Casa del Migrante Hogar de la Misericordia. Esta organización, que atiende en promedio de 140 a 200 migrantes por día con medicinas y alimentos, se instaló en esta ciudad luego de los destrozos que ocasionó el huracán Stan en vías y puentes en 2005 y se transformó en el nuevo punto de partida para los migrantes que cruzan por Chiapas. Anteriormente las vías del tren llegaban hasta el Municipio de Suchiate, en la frontera con Guatemala, pero ahora los migrantes se tienen que desplazar hasta Arriaga para poder abordar los furgones del tren en su viaje a la frontera de Estados Unidos. "Muchos de los que han llegado aquí saben muy bien del famoso Borrego (un hondureño identificado como Jaime Flores, presuntamente miembro de Los Zetas), el principal líder de la banda de secuestradores de migrantes, que opera en Veracruz y en otros estados del centro del País. "Le tienen pavor, aunque no lo conozcan", señaló el activista. De acuerdo con una ficha de la Policía Federal, Jaime Flores es un criminal, ex miembro de la Mara Salvatrucha, que ha estado preso en su natal Honduras y en Tapachula. Este sujeto se alió con Los Zetas en 2006 y desde entonces se convirtió en el principal líder de la banda que se dedica al secuestro de migrantes. Tiene su base de operaciones en Veracruz y se mueve, sobre todo, en Coatzacoalcos y Tierra Blanca. Bartolo cuenta también que entre los grupos de migrantes que viajan en ferrocarril hay personas ligadas a los secuestradores. "Es toda una mafia, en la que participan polleros, operadores del tren e incluso migrantes que están coludidos con esos grupos criminales", asevera. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Migración (INM), el flujo de indocumentados a través de México se ha visto reducido en los últimos dos años. El Delegado Regional del INM, Jorge Humberto Izar Domínguez, sostiene que en 2009 fueron asegurados 60 mil centroamericanos en la frontera sur, lo que representa un decremento considerable comparado con los 80 mil detenidos en 2007. Sin embargo, el Consulado de El Salvador en Arriaga maneja otros datos. "El flujo de migrantes sigue igual e incluso hemos notado que ha aumentado en los últimos meses, ello a pesar de que saben muy bien de los peligros que enfrentan, sobre todo los secuestros de que han sido víctimas por parte del crimen organizado", resalta Vilma Mendoza Quiroz, Cónsul salvadoreña. La diplomática aseguró a REFORMA que la cifra de 8 mil denuncias de secuestros de migrantes, registradas tan sólo en los primeros 6 meses del año pasado, y dada a conocer recientemente por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), se queda muy corta. "No puedo decir una cifra exacta, pero considero que podría ser el triple o más, pues tomando en cuenta que la gran mayoría de los migrantes no tienen recursos ni tiempo para presentar sus denuncias, ellos optan por segu r adelante o regresar a sus países", señala. Afirma que a su representación consular, apenas inaugurada el 28 de febrero, han llegado decenas de centroamericanos que han sido víctimas de secuestro y vejaciones. "He atendido a migrantes no sólo de El Salvador, sino también de Honduras, Nicaragua y de Guatemala, que han sido secuestrados en Oaxaca, Veracruz, Tlaxcala e Hidalgo, entre otros. "Varios de ellos han sido secuestrados hasta más de 15 días y llevados a Estados como Tamaulipas, donde mujeres, hombres y niños, además de exigir el pago por su rescate, fueron violados", relata. Juan es un salvadoreño que vivió en carne propia el terror de haber sido secuestrado, torturado y vejado por presuntos Zetas. Fue a principios de marzo de este año cuando con otros 30 migrantes, todos centroamericanos que iban a bordo de un furgón del ferrocarril, fueron interceptados en algún punto de Veracruz por un comando armado. "Tenían bloqueada la vía del tren y ahí nos bajaron, pero no a todos, sólo a los que íbamos en un furgón a mitad del tren, a los demás los dejaron ir. No sé exactamente donde fue, pero a decir de algunos compañeros parece que fue en lugar de Tierra Blanca", relató. "De inmediato nos taparon las caras, también a 4 mujeres y 3 niños que iban en el furgón. Nos subieron a un camión grande de redilas y como a las dos horas nos detuvimos y nos bajaron y metieron a una casa. "Ahí nos tuvieron como 3 días, torturándonos para que les diéramos los números de nuestras familias en nuestros países y también si teníamos parientes o conocidos en Estados Unidos". El migrante dice que durante esos primeros días de cautiverio, los secuestradores les decían que eran Zetas y que varias veces escuchó a los criminales mencionar el nombre de "El borrego", un hondureño que supuestamente lidera al grupo delictivo. "Somos Zetas y nuestro jefe 'El Borrego' dice que si no pagan, los vamos a matar", contó que les decían. Señala que a pesar de que todos los plagiados accedieron a las peticiones de sus captores, los volvieron a subir a un camión y tras más de 14 horas de camino, los volvieron a bajar y los introdujeron en otro predio. "¡Pues aquí van a morir cabrones! Sus familias no quieren pagar y ya se jodieron", narra el salvadoreño, quien sostiene que durante su cautiverio, que fue de más de 15 días, los hombres secuestrados fueron varias veces desnudados y golpeados en sus glúteos con tablas, además de otras vejaciones. "A mí por ejemplo, una vez me sacaron y me pusieron de rodillas, entonces uno de los secuestradores me puso una pistola en la cabeza y jaló el gatillo. Me dijo 'te salvaste por ahora cabrón, se me atoró el casquillo'". A decir de Juan, los 30 migrantes secuestrados fueron llevados a un rancho de Reynosa, Tamaulipas, donde permanecieron la mayor parte de su cautiverio. Fueron liberados luego de que sus familiares tuvieron pagar sumas de mil hasta 3 mil dólares por cada uno.

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