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Entre violaciones e indiferencia, migrantes cruzan México

Ciudad de México. Diario Co Latino | 29 de Septiembre de 2010 a las 00:00
Se bajó del tren en Ixtepec, Oaxaca, para descansar esa noche en el albergue que regenta el sacerdote mexicano Alejandro Solalinde. Caminaba junto a su suegro y otro salvadoreño, que los acompañaba, cuando unos policías municipales le gritaron. Corrieron por temor a que los detuvieran por ser migrantes. EL suegro y el otro compatriota, se escabulleron entre la gente. Los gendarmes lo alcanzaron y lo detuvieron bajo el cargo de robo de una agencia bancaria del lugar. El pariente llegó al albergue donde pidió ayuda. Solalinde denunció el atropello ante las autoridades. Se comprobó que el compatriota venía en el tren a la hora del asalto del banco, por lo que no podía ser el culpable del delito. Ya en libertad, el salvadoreño realiza trámites para su regularización en México, lo que le permitirá residir y trabajar de manera legal en este país. Pero este final no es para todos. A diario, cientos de migrantes son víctimas de violaciones a los Derechos Humanos por quienes se suponen debían de protegerlos: autoridades migratorias, policías federales, estatales, municipales e incluso el ejército. Muchos se quejan de los abusos, pero otros tantos no presentan denuncia, a veces por temor, otras porque no quieren entretenerse en el camino y hacen caso omiso de los robos, de las extorsiones y a veces, hasta de los secuestros. Algunos no denuncian por desconocimiento. De acuerdo al Embajador salvadoreño, Hugo Carrillo, cualquier migrante que haya sufrido algún atropello o accidente en territorio mexicano, puede aplicar a la regularización. Asimismo, los que tienen un trabajo fijo y puedan comprobarlo por medio de una carta de trabajo. Los migrantes se quejan de los abusos de las autoridades mexicanas, que los extorsionan, roban y a veces, son cómplices en secuestros. Amnistía Internacional (AI), en su informe “Víctimas invisibles, migrantes en movimiento en México”, señala esta realidad. En un comunicado, Rupert Knox, investigador para la entidad mencionada dice que “ las personas migrantes en México se enfrentan a una crisis de Derechos Humanos que las deja prácticamente sin acceso a la justicia, por miedo a represalias y a ser deportadas del país si denuncian los abusos”. Las autoridades mexicanas hacen poco o nada para cambiar esta situación y tal como se ha señalado infinidad de veces, son parte del problema. Tal es el caso de un grupo de seis salvadoreños que fue detenido por unos hombres que se identificaron con una placa como policías administrativos del Estado de Oaxaca. Los sujetos pidieron dinero al grupo para dejarlos seguir su camino. Tres de los connacionales dijeron que llamarían a sus casas y de esta forma escaparon. A los otros, los soltaron horas después. No todos los casos se resuelven sin pagar nada y de forma tan sencilla. Karla (nombre ficticio), una nicaragüense que viajaba en un autobús con su madre, un tío y un paisano, en territorio mexicano fue extorsionada por supuestos policías. En la carretera, el vehículo fue interceptado por hombres que vestían como federales y se identificaron como tales. Bajaron a la mujer, junto a los dos acompañantes. Por error, también a otro hombre que creyeron era migrante y no se percataron de la presencia de la mamá de la joven. Karla asegura que los tipos tenían vehículos particulares. Los amedrentaron y los llevaron a una casa, donde una salvadoreña era la celadora. Entre amenazas y gritos quitaron dinero y los dejaron ir al día siguiente. Un salvadoreño que reside legalmente en México narra que cuando entró a este país como migrante hace cinco años, fue testigo de que en Ciudad Hidalgo, Chiapas, que es una zona fronteriza que colinda con Tecún Umán, Guatemala, y es paso obligado de indocumentados, diversas autoridades “nos estaban esperando”. En la zona había Policías Federales, Municipales, Estatales, Agentes de Migración y el Ejército, entre todos tenían acordonado el lugar. “Si la gente quería correr, no le servía de nada porque en cualquier lado les salían y a todos les quitaron dinero, a los que no andaban los llevaban a la estación migratoria para deportarlos”, explica. En enero, Juan José García, Viceministro para los Salvadoreños en el Exterior, denunció un asalto en Chagüites, Chiapas, en este, varias mujeres fueron violadas, pero sólo una salvadoreña denunció y reconoció a sus atacantes. Otros migrantes también denunciaron a los policías ladrones. Este caso fue documentado por Amnistía Internacional, que dice: “El 23 de enero de 2010, policías armados hicieron detenerse a un tren de carga en el que viajaban más de 100 migrantes en el estado de Chiapas, en el sur de México. Verónica (nombre ficticio) afirmó que la Policía Federal la obligó a bajar del tren junto a los demás migrantes y tumbarse boca abajo en el suelo, y luego les robaron sus pertenencias y los amenazaron con matarlos si no continuaban su viaje a pie a lo largo de las vías”. “Después de caminar durante horas, el grupo fue atacado por hombres armados que violaron a Verónica y mataron al menos a uno de los migrantes”, pese a que después detuvieron a dos sospechosos y los migrantes los reconocieron, no se procedió en contra de los Policías Federales. Además de enfrentar la corrupción de las autoridades, los migrantes son platillo favorito de las bandas criminales, que como dice el padre Solalinde, los ven como mercancía que les reporta ganancias económicas. De acuerdo a AI, en un lapso de seis meses hubo casi 10 mil secuestros y algunos de los afectados, que se atrevieron a declarar, denunciaron el involucramiento de funcionarios públicos, a quienes en reiteradas ocasiones se les ha asociado con grupos criminales que operan en el país. Los migrantes son vulnerables, pues, además de no estar en su país, no tienen una documentación que los respalde por lo que los delincuentes se aprovechan de su indefensión. El diario Vanguardia, de México, reportó a inicios de septiembre el caso de un hondureño que logró burlar a sus secuestradores. De acuerdo al relato del diario, basado en el testimonio del migrante, el lugar era un “verdadero campo de exterminio”, en donde el joven pudo ver restos de partes humanas: orejas, dedos, ojos, que eran de personas que no “colaboraban” con los vándalos. Al hondureño le ofrecieron dos opciones: daba el número telefónico de su familia para que pudieran extorsionarla o se unía al grupo criminal como sicario, lo que le reportaría dinero y lujos, de los que disfrutaban los demás de la banda. A los cinco días logró escapar para contar el caso. En la casa de seguridad quedaron muchos, que posiblemente no pudieron escapar. Este es sólo un caso, pero la mayoría queda sin desvelarse. Pese a que el Gobierno mexicano asegura que no es una política de Estado el abuso contra la población migrante, lo cierto es que las cifras de atropellos aumentan cada día. A excepción de Chiapas. Este es el único estado de México donde los delitos contra los migrantes disminuyeron. Es el primero donde se ha instalado una Fiscalía Especializada en Delitos contra migrantes. Para el Gobernador del Estado, Juan Sabines, proteger los derechos de estas personas es de primer orden, asegura Andrea Hernández Fitzner, Secretaria para el Desarrollo de la Frontera Sur y Enlace; la creación de la Fiscalía es una prueba de ello. La funcionaria dice que el Gobierno del Estado es consciente que los migrantes no son delincuentes, sino personas que son vulnerables por su condición de indocumentados. Desde Chiapas se trabaja en forma conjunta con la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México y con el Gobierno salvadoreño para proteger a los connacionales. “La coordinación a través de los consulados salvadoreños ha sido estratégica, el hecho de que el Gobierno de El Salvador, se haya quedado en día, no sólo en Tapachula, sino que estén en puntos de tránsito más concurridos, nos permite tener una interacción mucho más cercana, mucho más abierta y mucho más efectiva”, ilustra. La funcionaria cree que si hay voluntad en los otros estados se puede tener los mismos resultados que en Chiapas. En este se desmantelaron bandas y hay un constante trabajo de prevención para proteger a los migrantes. De acuerdo a Hernández Fitzner se logró disminuir en un 90% la violencia contra ellos. Respetarlos y protegerlos en sus Derechos Humanos elementales es una instrucción directa de Sabines, dice la Secretaría. El Presidente Mauricio Funes dio el mandato para los cónsules y empleados en el exterior, en el sentido de que no son funcionarios de escritorio, sino de campo, que están para proteger a la población migrante. En este sentido, se inauguraron dos consulados este año, en puntos de gran flujo migratorio: en Arriaga, Chiapas; y en Acayucan, Veracruz; las cónsules Vilma Mendoza y Argentina Rodríguez implementan un nuevo modelo de gestión para los compatriotas y para los centroamericanos en general. Asimismo, los salvadoreños pueden acudir a los consulados en: Tapachula, Chiapas, con el cónsul, Nelson Cuéllar; Claudia Zaldaña, en Veracruz; José Mario Mejía, en Monterrey, y Eduardo Benjamín Rodríguez, en México, Distrito Federal. Algunos guatemaltecos y hondureños entrevistados dijeron a este periódico que la atención consular de sus países no les favorece. En Ixtepec, la cónsul Mendoza llevó ayuda al albergue y la repartió sin distingo de nacionalidad. “A nosotros, nuestros cónsules, ni siquiera nos miran, estuve asegurado (detenido en el Instituto Nacional de Migración de México) quince días y nadie me llegó a ver y menos a darme nada”, aseguró un guatemalteco al ver a la funcionaria salvadoreña. En este sentido, el 26 de septiembre, varios guatemaltecos que viajaban en el tren desde Arriaga, Chiapas hasta Ixtepec, Oaxaca, fueron asegurados, luego de un operativo nocturno de migración. Ninguna autoridad guatemalteca se presentó a la Estación Migratoria de San Pedro Tapanatepec, Oaxaca, incluso 24 horas después del hecho. No obstante, los comentarios positivos del trabajo consular salvadoreño, algunos migrantes en el albergue del padre Solalinde se quejaron que aún falta más atención de los funcionarios, pues cuando fueron asegurados, no recibieron visita del cónsul respectivo. El Canciller salvadoreño, Hugo Martínez, dijo al inaugurar el consulado en Acayucan: “no se puede ser indiferente ante el drama humano que viven los migrantes en su camino por alcanzar un mejor nivel de vida”.

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