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Deslave soterra a una familia entera en El Salvador

San Salvador. Diario Co Latino. | 17 de Octubre de 2011 a las 00:00
Hay un refrán que dice: “la gente sabe cómo nace, pero no sabe cómo morirá”. Los miembros de la familia Méndez no imaginaron que un alud de tierra acabaría con sus vidas y dejaría en orfandad a su hijo menor. La noche del sábado, la tierra, saturada por días y días de lluvia, no pudo soportar más agua y cedió, llevándose a su paso árboles, piedras y dos casas donde vivían Francisco Méndez, 40 años; su esposa, Flor, 35; su hija, Cecilia, de 12, y su hijo; Salvadora, de 60 y Leonardo Flores, de 65. Los tres primeros miembros de la familia no ganaron la batalla contra el desprendimiento del cerro que rodea el Cantón La Joyita, en Ciudad Arce, municipio del departamento de La Libertad. El menor fue rescatado con vida, junto a otras cuatro personas que fueron trasladadas al Hospital San Rafael, según informaron autoridades policiales. “Aquí nunca había pasado nada de eso, ni con las lluvias pasadas”, dice sollozando Lucía López. Ella, como las víctimas mortales y los lesionados, no evacuaron cuando se les solicitó. Pensaron que, como en otras ocasiones, no ocurriría nada diferente, dejaría de llover y continuarían con su rutina. Ernesto Pacheco, líder comunal del lugar, expresa que a la gente le daba miedo evacuar por temor a perder sus pertenencias. Nunca imaginaron que por quedarse perderían la vida. Ahora, doña Lucía permanece en el albergue que ha habilitado la iglesia católica de la comunidad; en la casa aledaña, los cuerpos de socorro llevaron los cadáveres de quienes eran “buenos vecinos”. “Aquí todos éramos amigos. Esto es bien duro”, manifiesta. Luego de la tragedia, los vecinos, como doña Lucía, evacuaron la zona. Personal del Ministerio de Obras Públicas (MOP) trabajaba la mañana de ayer para rescatar los cuerpos de las víctimas; en tanto, miembros de la Fuerza Armada y de la Policía Nacional dan seguridad a las viviendas. Además del peligro de más desplazamientos, el cantón está casi incomunicado porque en una de las dos entradas, los derrumbes y deslizamientos han cerrado gran parte de la carretera y, en el otro acceso, el puente, que une el cantón con la carretera a Santa Ana, colapsó. Cuando el río ahoga a los más pobres —¿Qué pasó con nuestra casa?, pregunta la niña de nueve años de edad. —Hija, suspira la madre, es que el río se la llevó, responde. Martha Aguirre, de 48 años de edad, huyó de su casa de bahareque ante el repunte del río Chilama, en el puerto de La Libertad. Cada invierno observaba preocupada cómo el río avanzaba ante las crecidas; lamentablemente, este año alcanzó a tocar su puerta y entró sin pedir permiso. Ella es una de las centenares de personas que fueron albergadas en la Escuela Alianza, ubicada en el casco urbano del municipio. Hasta anoche, se contabilizaron 117 familias evacuadas en la zona y 556 albergados. Las familias de las comunidades El Jute la Bocana y El jute la Esperanza corrieron con la misma desgracia, luego de que el río rebalsara, sobrepasando los niveles del muro y las bordas. El Puerto de La Libertad, ubicado en la zona sur de la Cordillera del Bálsamo, es una de las regiones más golpeadas por las lluvias que afectaron el territorio nacional. La saturación del agua en los suelos provocó derrumbes de tierra y el repunte de los ríos inundó comunidades y cultivos enteros. En el albergue, el ambiente es totalmente diferente. Sus antiguas camas, seguramente bajo el agua, se transformaron en colchonetas donadas por manos amigas, quienes también les brindaron alimentos y atención médica. El calor de hogar fue sustituido por unas cuanta frazadas y la solidaridad que inunda las habitaciones se convirtió en el soporte emocional. Martha no sabe cuánto tiempo estará en el albergue ni donde vivirá cuando salga de allí, pero sí está segura de que ya no puede regresar a su vivienda, porque fue “arrastrada por la correntada”. El río y la lluvia les cambió la vida a ella y su familia. “Siempre somos los más pobres los que sufrimos las consecuencias, los que pagamos los platos rotos, los que después tenemos que ser desalojados”, dijo. Cerca de cuatro mil personas fueron trasladadas el fin de semana a 73 albergues en el departamento de La Libertad. Todas las familias de escasos recursos económicos. En realidad, no es el río ni la lluvia o la tierra la que mata a las personas; es el poder, explicó Abraham Ábrego, líder comunero de Chiltiupán. De acuerdo a Ábrego, según aprendió en talleres sobre temas ambientales que recibió la junta la directiva comunitaria, es la depredación y la tala de árboles lo que ha provocado que el problema se agudice. Desde hace una década a la fecha, no habían tantas tragedias, pero tampoco tantas construcciones en la zona alta de la Cordillera del Bálsamo. “Es una cuestión de gestión de riesgos, dejan pelón allá arriba y el agua ya no se filtra en la tierra”, explica. Chiltiupán reportó 13 familias evacuadas el fin de semana y 65 personas, en total, albergadas. La zona sur de La Libertad fue calificada como de alto riesgo a derrumbes e inundaciones, una historia que vuelve a repetirse con más intensidad cada año.

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