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Universitarios de Honduras vivieron treinta y cinco minutos de cruel agonía

Tegucigalpa, Honduras. El Heraldo.hn | 3 de Noviembre de 2012 a las 13:55

Treinta y cinco minutos bastaron para que los jóvenes universitarios, Rafael Alejandro Vargas y Carlos David Pineda, que murieron a manos de policías, recorrieran el pasillo que los llevó hasta su muerte.

EL HERALDO hizo la ruta que siguieron los policías que acabaron con la vida de estos dos jóvenes, uno de ellos hijo de la rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Julieta Castellanos.

El punto de partida fue la colonia 15 de Septiembre, lugar donde los jóvenes fueron bajados del automóvil en el que se conducían y luego llevados hasta el lugar donde fueron liquidados.

El recorrido entre esta colonia y el desvío a Los Hornos es de tan solo 20 minutos. Mientras que de este último lugar hasta el sitio donde las víctimas aparecieron asesinadas es de 15 minutos en calle de tierra, sumando en total 35 minutos de agonía.

El relato

EL HERALDO publicó en exclusiva el relato de José Rubén Pozo López, uno de los policías involucrados en el asesinato de los jóvenes universitarios y quien explica en su testimonio las cosas ocurridas desde que fueron interceptados a la altura de Plaza Millenium.

Pasada la persecución que inició en este local comercial y la calle principal de la colonia 15 de Septiembre, los jóvenes fueron bajados del vehículo por el oficial Carlos Galeas y el policía Arnulfo Padilla.

En ese sector los universitarios permanecieron boca abajo en la calle pavimentada; Vargas, quien condujo su vehículo RAV4 desde Plaza Millenium, se encontraba mal herido.

Eran más de las 2:00 de la mañana, el oficial Galeas y los policías Wilfredo Figueroa y Padilla subieron en el asiento trasero de la RAV4 a Vargas Castellanos.

El oficial Galeas tomó la decisión de conducir el vehículo RAV4 y en el asiento al lado del conductor lo acompañó el policía Padilla.

Mientras tanto, Pineda se subió boca abajo a la paila de la patrulla 92 en la que se conducían los policías y Pozo también subió a la paila para custodiar a Pineda como le fue ordenado.

Al estar a bordo de los vehículos, el oficial en la RAV4 salió primero, atrás de este se condujo la patrulla 92 que era manejada por el policía Wilfredo Figueroa.

Al salir de la calle principal de la 15 de septiembre, ambos automóviles tomaron el anillo periférico en dirección al sur del país y pasaron sin ningún problema frente a la posta policial de la colonia Loarque.

A la altura de la entrada a la aldea Santa Rosa, la RAV4 se quedó sin combustible, por lo que el oficial Galeas, ayudado por Padilla y Figueroa, bajan del vehículo a Vargas y lo suben a la patrulla.

Una vez en la patrulla 92, Galeas ordena al policía Figueroa conducir hasta la entrada del lugar conocido como Los Hornos, en la aldea Villa Real.

Según relató Pozo, quien recorrió el tramo abordo de la paila para custodiar a los dos jóvenes, Pineda, el joven que describe como que no iba herido, le manifestó que lo remitieran por drogas.

La patrulla se condujo por la carretera al sur, a la altura de la entrada a la aldea Villa Real doblaron a mano izquierda, condujeron el vehículo sobre una calle de tierra alrededor de 15 minutos, en una zona lúgubre y boscosa, alejada de ciudad.

Los universitarios, llenos de temor e indefensos, fueron llevados al lugar de su ejecución alrededor de las 3:00 de la mañana; según Pozo, Padilla le disparó a Pineda mientras Vargas fue asesinado por Galeas, luego los lanzaron a la hondonada.

Aunque al documento judicial del relato de Pozo le hace falta una hoja en la que seguramente se describen los hechos durante y después de la ejecución, en la fase de preguntas Pozo comentó que luego de la ejecución regresaron al lugar.

Según las respuestas a las preguntas, luego del asesinato la patrulla tomó la calle de la derecha para salir del lugar, sin embargo, los policías regresaron al lugar para despojar de sus pertenencias a los universitarios.

Durante el registro que realizaron a los cadáveres Pozo relató que por el lugar pasaron dos vehículos: un turismo y una Frontier blanca doble cabina.

En uno de esos dos vehículos se conducía un oficial quien durante dos minutos conversó con los policías que cometieron el crimen.

Luego de este encuentro los policías salen del lugar y regresan a la posta Nueva Esperanza y ordenan que la patrulla se lave en el bulevar Kuwait para eliminar los rastros de sangre.


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