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Ciudad Blanca, el secreto develado en la Mosquitia hondureña

La Habana. Agencia PL. | 3 de Marzo de 2015 a las 16:24

Finalmente los arqueólogos confirmaron este martes lo que la tradición oral indígena centroamericana y crónicas legadas por los conquistadores españoles daban por sentado: la Ciudad Blanca o Ciudad del Dios Mono existe en la Mosquitia de Honduras.

Plazas amplias, montículos, una pirámide de tierra y varias formas pétreas talladas, prueban que en la zona estuvo la legendaria Kaha Kamasa, mencionada por los indios Pech de Olancho, aseguraron.

De este modo, el equipo de especialistas estadounidenses y hondureños reveló uno de los secretos mejor guardados en esa región selvática, prácticamente inexplorada y colmada de una espectacular biodiversidad.

La expedición a esa zona permitió comprobar que las evidencias visualizadas por primera vez en mayo de 2012, durante un reconocimiento aéreo, están emparentadas con la ciudad sagrada que ese pueblo autóctono hondureño describe como centro del reino de Tlapalan -nombre antiguo de Copán- o el lugar donde la aurora se origina.

Los Pech de Olancho cuentan, además, que el relámpago y el trueno crearon la urbe bajo el poder sobrenatural de su dios Wata, al depositar en ella piedras enormes a las cuales les tallaron figuras de animales y seres humanos a escala natural.

De tal modo, la ciudad poseía gigantes columnas de piedra blanca esculpidas y estaba resguardada por árboles de hasta 75 metros de altura.

La primera referencia escrita de la existencia de la Ciudad Blanca está en una misiva enviada en 1526 por el conquistador español Hernán Cortes al rey Carlos V, en la cual comparaba la majestuosidad de esa urbe con Tenochtitlán, en México.

Después, en 1544, el obispo español Cristóbal de Pedraza comentó en unos apunte que había llegado a una montaña en la Mosquitia, desde donde pudo contemplar una ciudad indígena impresionante.

Pero el hecho que más popularidad otorgó al enigma fue la publicación del libro The City of the Monkey God o La Ciudad del Dios Mono (1939), del explorador estadounidense Teodore Morde. Este autor afirmó que había estado en ella, más jamás dio su ubicación so pretexto de evitar la invasión de saqueadores de tesoros.

Según Morde, eventual agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), pirámides y extrañas estatuas erigidas sobre solitarias arenas blancas adornaban el lugar, entre ellas la de un mono similar a la deidad hindú Hanuman.

Otros mitos concordaban en que la Ciudad Blanca era el lugar secreto de donde salió Kukulkán, el misterioso hombre barbado que guió a los olmecas y a los mayas, emparentado por algunos estudiosos al Quetzalcoatl de los aztecas.

A estos se sumó la leyenda en torno a la muerte accidental de Morder, quien nunca pudo retornar al sitio como esperaba, quizás porque como dicen los Pech: el que ve la Ciudad de los Antiguos o Wahia-Patatahua nunca volverá a encontrarla, ya que esta está protegida por los Patatahua, antepasados primitivos de este pueblo.

Tal vez esta fue la causa por la cual sólo hasta ahora logró encontrarse ese sitio arqueológico, abandonado por sus pobladores primarios en la décimo sexta centuria por una suerte de castigo impuesto por los dioses a ese pueblo por haber perdido el camino.


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