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Notas musicales sobre el himno nacional de Guatemala

Ciudad Guatemala. Agencia PL. | 19 de Marzo de 2015 a las 10:05

Uno de los méritos de San Juan Comalapa, Guatemala, es haber sido cuna del autor del himno nacional de este país, Rafael Álvarez Ovalle, cuya antigua casa es hoy un centro cultural poco visitado.

Por suerte a los grandes talentos de la historia siempre tienen a personas humildes que defienden sus valores, como Francisco Otzoy, encargado del museo del Centro Cultural y Deportivo de San Juan Comalapa, localidad situada 80 kilómetros al oeste de esta capital.

El pintor Otzoy compartió con Prensa Latina sobre las cualidades de Álvarez Ovalle (1858-1946), quien escribió la partitura del cántico compuesto por el poeta cubano José Joaquín Palma (1844-1911), exiliado en Guatemala por varias décadas.

En 1874 murió su padre, Rosendo, y a los 15 años de edad el aún adolescente Rafael asumió la dirección de la escuela de música de Santa Lucía Cotzumalguapa, en el sureño departamento de Escuintla.

TRAYECTORIA ARTÍSTICA

Otzoy contó que en 1878 el violinista recibió al presidente Justo Rufino Barrios con una banda musical, lo cual impresionó tanto al mandatario que le concedió una beca para estudiar en la capital.

Fue así que en 1879 matriculó en la Escuela de Sustitutos de la Banda Nacional, bajo la dirección de Pedro Vissoni. A los tres meses se integró a la Banda Marcial, a cargo del sobresaliente músico alemán Emilio Dressner.

Al gobernante José María Reyna Barrios le gustó la música del maestro Álvarez Ovalle y en 1887 decidió lanzar un concurso para que Guatemala tuviera su himno nacional.

El poeta Ramón Pereira Molina, de Totonicapán, ganó la competencia, y fue entonces que se procedió a escoger una partitura para acompañar la composición triunfante.

Por unanimidad el ganador del certamen resultó ser Álvarez Ovalle. Pero como nunca se oficializó el concurso, Reyna Barrios llamó a otro en 1896 para crear finalmente la canción patria.

En esa ocasión, Álvarez Ovalle volvió a ser el triunfador, al ponerle la partitura al poema ganador -Guatemala feliz- presentado por un tal Anónimo, que años más tarde se supo fue escrito por el cubano José Joaquín Palma.

Otzoy muestra con orgullo las partituras con las que ganó el Maestro los concursos para escoger el himno, interpretado en muchas partes del mundo por la Sinfónica Nacional.

Quien lleva 18 años trabajando en ese museo, conversó con emoción sobre las pertenencias del maestro conservadas en ese recinto, como su reloj, un sofá, la guitarra y un violoncelo de 132 años.

Enseñó también los trajes de gala, sombreros, un bastón que le regalaron en 1841, varias postales de las vistas de Guatemala y libros de arte del compositor.

"Tenemos el piano de 157 años, en el que el maestro ejecutó las notas de nuestro glorioso himno, la madera vino de Europa. Este instrumento se descascaró un poco después del terremoto de 1976, pues las pertenencias del Maestro quedaron bajo tierra", precisó.

Una pequeña galería montada en la pared exhibe fotografías de 1884 y de otros momentos de su vida, en tanto en las vitrinas está la primera carátula del himno popular y obras en piano dedicadas a los amigos.

El Centro Cultural y Deportivo fue inaugurado el 24 de octubre de 1984, y justo cuatro años después, los restos de Álvarez Ovalle fueron trasladados hasta esa instalación, conservados en una urna de mampostería y cristal en el centro del patio interior.

Adolescentes y jóvenes, elegantemente vestidos, ofrecieron un concierto recientemente en esa institución, para evocar la primera vez que fuera interpretado ese cántico, aquel 14 de marzo de 1897 en el capitalino teatro Colón.

DE LOS MÁS BELLOS DEL MUNDO

La Organización de las Naciones Unidas consideró en 1965 que los tres himnos más hermosos del mundo eran el de Guatemala, la Marsellesa de Francia y el de Checoslovaquia, apuntó Otzoy.

El miembro de la Sociedad Americanista de París y de la Sociedad de Musicología de Francia, Carlos Labin, lo calificó como el "más original" de todos los que representan el patriotismo en América, según se recoge en un boletín que reparten a los visitantes.

El que se entona actualmente, fue modificado en 1934 por el pedagogo y escritor guatemalteco José María Bonilla.

"No cambiaron la letra de José Joaquín Palma, sino que modificaron solo unos párrafos y algunas palabras. Por eso nuestro vínculo con Cuba, el himno tiene la música de un guatemalteco y la letra de un cubano", esclareció Otzoy.

Una de las tataranietas de Palma, Ana de Méndez, confesó en una ocasión a Prensa Latina que una fuerte tormenta, con truenos incluidos, hizo retumbar la noche en que el patriota bayamés redactó Guatemala feliz, convertido en el himno de este país centroamericano.

Ella supo esta versión por su tía abuela, América Ana, una de las hijas del también diplomático, radicado en Guatemala desde 1873 hasta su muerte, el 2 de agosto de 1911.

El poeta decidió enviarlo a un concurso bajo el seudónimo de Anónimo, aclaró, pues él sabía que la convocatoria para escoger el himno era para guatemaltecos.

Sin embargo, curiosamente, tras remitir su propuesta, el Gobierno invitó a Palma a formar parte del jurado.

El Cronista de la Ciudad de Guatemala, Miguel Álvarez, aseguró que días antes de la muerte de Palma, el pueblo le colocó en su cabeza una corona de plata y oro, la cual se le resbaló hasta sus hombros porque estaba muy delgado como consecuencia de un cáncer de garganta.

Se sabe que lloró entonces, añadió Álvarez, mientras que en las afueras de su casa interpretaban el himno.

En el Museo Nacional de Historia de Guatemala se conservan con celo la pipa, los lentes, la Orden del Quetzal otorgada por el Estado en su momento y el manuscrito del poema Guatemala Feliz.

(*) Corresponsal de Prensa Latina en Guatemala.


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