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Poder económico secuestra educación en Panamá

Ciudad Panamá. Agencia PL. | 1 de Mayo de 2015 a las 11:29

Múltiples son los retos que en materia educativa enfrenta Panamá, pero el más urgente es lograr una educación con acceso para todos por igual, que guarde consonancia con su desarrollo económico. En declaraciones recientes a Prensa Latina, la ministra de Educación, Marcela Paredes, aseguró que cuatro de cada 10 jóvenes no termina la secundaria básica, al tiempo que la nación solo posee un 69 por ciento de cobertura en preescolar, cuando la media en América Latina es de 72.

Pero más allá de los fríos números, que muchas veces no dicen mucho para la gente común, subyace un problema de fondo más grave de solucionar porque responde a intereses de grupos de poder, que en la educación tienen la principal herramienta para perpetuar su esquema.

"El modelo Panamá, Singapur de las Américas promueve la competencia, o sea, estimula el saber técnico sobre el conocer, al punto que las reformas realizadas en el país en los últimos 15 años van dirigidas a disminuir la cantidad de horas dedicadas a asignaturas como arte y educación cívica.

"Incluso otras, como las relaciones entre Panamá y Estados Unidos fue eliminada del programa escolar durante el gobierno de Ricardo Martinelli (2009-2014), y hoy se intenta recuperar", explica el economista y profesor universitario Rubiel Cajar.

Y es que este modelo pretende debilitar todo lo relacionado con la identidad y el saber ser, para estimular el bilingüismo (español-inglés), apunta.

Precisamente este último aspecto fue uno de los retos enunciados por la titular de Educación, en aras de lograr una mano de obra más calificada, a lo que se une la necesidad de recuperar del abandono a los centros docentes públicos.

Iniciativa en la que resulta muy simbólico, según Cajar, el llamado hecho por el Gobierno para que el sector privado ocupe un espacio en esta cruzada y administre las escuelas.

"Hoy el modelo educativo panameño va en dos direcciones, y uno, sin lugar a dudas, es el de la privatización de la enseñanza. "Tanto así es que actualmente existen en el sector universitario más de 40 casas de altos estudios, de las cuales solo siete son estatales, donde se concentra el grueso de las matrículas", asegura.

Por otra parte, los poderes económicos privilegian el desarrollo de las universidades tecnológicas, mientras estancan otras como la emblemática Universidad de Panamá, donde en los últimos cinco años cerca de 200 profesores abandonaron sus aulas, precisa Cajar.

Sin embargo, el también miembro de la directiva del Partido Revolucionario Democrático refiere que esta situación genera otra, no menos preocupante: la anulación del nivel de rebeldía y pensamiento crítico de los estudiantes.

Sector que históricamente ha jugado un rol importante en las gestas de lucha del pueblo panameño, sobre todo las relacionadas con la soberanía del Canal.

Resulta paradójico, asevera, que los llamados tanques pensantes en la Universidad de Panamá los dirige Eduardo Morgan, el dueño del bufete de abogados Morgan and Morgan, vinculado a las empresas navieras y mercantes que financian los principales proyectos de desarrollo del país en estos sectores.

Lo cierto es que como resultado de la globalización, desde hace 15 años el movimiento sindical mermó sus filas.

"Perdimos todo el sector textil, la industria del calzado, cuyas 14 fábricas fueron trasladadas para otras naciones, y con ellas un grupo importante en la afiliación sindical, al igual que el bananero, que también se perdió.

"Hoy solo contamos con un sindicato fuerte, el de la construcción, pero desafortunadamente está vinculado al modelo Panamá, Singapur de las Américas, por ello posee grandes contradicciones en su seno", comenta Cajar.

ÉPOCA DE CRISIS INSTITUCIONAL

Ante esta realidad, no son pocos los analistas, entre ellos nuestro entrevistado, que consideran que Panamá vive hoy una época de crisis institucional.

Tras la recuperación del Canal, era necesario recomponer un conjunto de instituciones para llevar al país a un proceso democrático, que permitiese el beneficio de la mayoría a través de este recurso; pero eso no sucedió.

La famosa democracia participativa de la que se habló en los años 80 del pasado siglo fue una farsa, pues surgió la vieja democracia electorera de antes del golpe militar de 1968, manipulada por grupos económicos, aclara el académico.

Si bien antes el fraude consistía en robar urnas, ahora se realiza a través de la postulación de los candidatos, lo cual elimina todo rasgo de liderazgo popular en las comunidades, porque los ganadores tienen el poder del dinero de los empresarios, del narcotráfico y de los partidos políticos, asevera Cajar.

Y en ese entramado de males campea por su respeto la corrupción, un fenómeno difícil de erradicar porque al decir de muchos aquí, ya forma parte de la rutina de los partidos políticos tradicionales, y por ende de la sociedad.

Hoy hace falta una propuesta alternativa para hacerle frente a este esquema. Sin embargo, muchas corrientes de izquierda, incluso de derecha, no son capaces de crear un proyecto político de país, sino que responde a intereses de grupo, explica.

Por ello la discusión ahora no descansa en la búsqueda de un modelo alternativo, sino que dentro del esquema existente, debemos saber cómo movernos para lograr el éxito electoral, detalla el profesor, mientras augura una crisis de grandes proporciones.

Según este estudioso, en Panamá han existido seis, todas relacionadas con el Canal y cada 25 años, las cuales generaron nuevas reglas y cambios en el liderazgo político y en la relación existente entre la sociedad y los poderes.

Si bien a partir de 1983, cuando el entonces presidente estadounidense Ronald Reagan introdujo el neoliberalismo a nivel mundial, en Panamá se desactivaron las organizaciones sociales, incluso fueron perseguidas, en la actualidad hay temas muy maduros que inevitablemente apuntan a una salida política estructural, asegura.

Y en la búsqueda de nuevos actores con liderazgo político para romper las lógicas tradicionales que actualmente dominan el país, todo apunta hacia los indígenas, un movimiento que en los últimos años ha tomado mucha fuerza, señala Cajar.

Todo lo contrario de las organizaciones femeninas, prácticamente extinguidas en la nación istmeña; el movimiento juvenil, muy debilitado; y el sindicalismo, fragmentado y con serios problemas de renovación del liderazgo.

Por lo pronto, los panameños miran expectantes el curso de la justicia, a prueba con los escándalos de corrupción y nepotismo que invaden los titulares diarios de la prensa.

Porque como dijera Cajar, la sentencia a cinco años de cárcel al exmagistrado Alejandro Moncada Luna deja dos mensajes muy claros a la sociedad: el sistema está corrupto, pero los corruptos tienen alcance.

*Corresponsal de Prensa Latina en Panamá.


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