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Interrogantes y lentitud marcan primer año de Gobierno en Panamá

Ciudad de Panamá. PL. | 9 de Mayo de 2015 a las 11:00

A un año de las elecciones presidenciales en Panamá, en la que Juan Carlos Varela se alzó con la victoria contra todos los pronósticos, muchas son las interrogantes y las promesas de campaña que esperan hoy por respuestas. Las más apremiantes están asociadas al combate contra la corrupción y el nepotismo, el estancamiento de la economía y el encarecimiento de la canasta básica, pese a los precios protegidos de algunos productos.

No obstante, para el Presidente, quien dice estudiar hasta el más mínimo detalle antes de tomar una decisión, la lentitud es solo una percepción popular, sobre todo entre los que viven agobiados por la falta de solución acumulada en temas como educación, salud y abasto de agua.

En el fondo subyacen otros problemas de peso, que guardan más relación con el sistema político que con el gobierno de turno: la extrema diferencia social creada por el neoliberalismo y la inequidad en el reparto de las riquezas, algo que es reconocido oficialmente en el discurso político.

Y es que la dinámica propia del desarrollo del país apunta a más puertos y actividades relacionadas con la transnacionalización de la economía, la cual estimula un modelo excluyente con profundización de la desigualdad y tensiones sociales crecientes.

En tal sentido, no son pocos los que aseguran que Varela es la continuidad al gobierno empresarial del expresidente Ricardo Martinelli, con cambios en la forma, pero donde el capital privado juega un papel preponderante.

El actual mandatario tiene en su haber varios programas de aceptación social, como Techo de Esperanza, destinado a la solución de la vivienda, y Barrio Seguro, que busca la reinserción a la sociedad de los jóvenes en riesgo y reducir las tasas de homicidios y otros delitos graves.

Sobre este particular se destaca el combate a la violencia y a las drogas, estrategia que ha permitido reducir las muertes a causa de estos fenómenos en barrios peligrosos como en la norteña ciudad de Colón, aunque la percepción de riesgo todavía está presente.

Según algunos analistas, la falta de oposición política le permitió a Varela, en este primer año, trazar sus estrategias sin grandes presiones, y entre las más novedosas destaca la realización de gabinetes presidenciales en las comunidades más pobres.

Pero, a pesar del paso lento en decisiones que ameritan más rapidez, la ciudadanía reconoce que con el actual Gobierno hay más transparencia, al punto que hoy los panameños comienzan a recuperar la confianza en la justicia, según refieren algunos sondeos de opinión.

Por otra parte, los ciudadanos reclaman la acción de los diputados de la Asamblea Nacional, permeada por acusaciones de corrupción.

También piden la dinamización del gasto público y de la economía, la cual en los últimos 14 años creció de 13 mil millones de dólares a 45 mil millones.

Tras los comicios del 4 de mayo de 2014, los cinco partidos políticos sobrevivientes aún no logran sanar las heridas que dejó en sus membresías el último proceso electoral, en algunos casos casi insuperables.

No solo por la profundidad de las divisiones internas y la lucha por el poder, sino por el peso de la justicia que llevan en su hombro, en particular Cambio Democrático, cuyo líder, Martinelli, es uno de los acusados.

Mientras el Partido Revolucionario Democrático (PRD) intenta cumplir con la palabra empeñada, al establecer un pacto de gobernabilidad con el oficialista Panameñista, que no pocos ven en peligro debido a decisiones inconsultas y posibles alianzas opositoras.

Pese a las críticas, Varela aseguró que por el momento no habrá cambios en su gabinete, a pesar de que algunos ministros no logran estar en sintonía con el discurso del Presidente, lo que generó protestas y malestar en sectores obreros y sociales.


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