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Adicción a conectividad puede dañar, dicen en Panamá

Ciudad Panamá. PL. | 10 de Mayo de 2015 a las 13:50

Vivimos un momento de hiperconectividad que si bien libera un tanto de las oficinas físicas, termina creando una adicción a las pantallas de los dispositivos digitales, analiza un articulista.

La era de los teléfonos inteligentes que asumen funciones disímiles, además de marcar aún más la brecha digital entre conectados y desconectados, establecen en ocasiones una dependencia enfermiza con las redes sociales, que llegan casi a sustituir el contacto personal.

Sobre ello, un trabajo publicado en el diario panameño La Prensa señala que en varios países se ofrece terapia para los "adictos a la internet", aunque el autor lo califica como "adictos a la conectividad".

"Conozco personas que no pueden comerse un helado sin tener que ponerlo en Instagram o pensar alguna frase sin tener que enviarla por Twitter, pero el asunto se complica cuando nos acercamos a la delgada línea entre querer estar conectado a tener que estar conectado".

Y pone el caso extremo cuando refiere que la principal señal de alarma sobre adicción es cuando alguien prefiere vivir en la virtualidad que experimentar el mundo real.

En este sentido basta salir a la calle, y ver cómo en omnibus, mercados, oficinas, autos, y hasta conductores, miran a las pantallas de sus celulares, mientras teclean algo con sus pulgares, ausentes de lo que ocurre a su alrededor.

Varios accidentes del tránsito en Panamá han encontrado la causa en que lo chofer de algunos de los vehículos involucrados atendía a su teléfono y no a la conducción del automotor.

Si bien recurrir a los medios electrónicos puede ahorrar tiempo y ser más cómodo, es innegable que los seres humanos necesitamos contacto, dice el escrito y sentencia que la comunicación integra muchos componentes que no son fonéticos y que ocurren cuando estamos frente de los demás.

El hecho de tener la capacitad de poder compartir fotos, música y mensajes con la familia, facilita el mantenerse conectados en medio de un mundo sumamente acelerado, que tiende a mantener separados a los integrantes del hogar.

Y concluye el artículo: "La comunicación digital no es mala ni buena. Todo depende de cómo se use. Trabajemos para humanizar a la virtualidad".


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