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El presidente de Guatemala, al borde del colapso por dimisiones y corruptelas

Ciudad Guatemala. Por Patricia Pernas, EFE. | 23 de Mayo de 2015 a las 13:06

Afectado por los escándalos de corrupción que han deteriorado la confianza de los ciudadanos y ahogado por el desgaste de las últimas dimisiones en su Ejecutivo, el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, afronta el momento más difícil de sus casi cuatro años de mandato situándose al borde del colapso.

La última barahúnda la desató este viernes el diputado de la bancada opositora Winaq, Almícar Pop, quien interpuso un nueva demanda contra el mandatario por los delitos de encubrimiento, enriquecimiento ilícito y asociación ilícita, entre otros.

Este varapalo evidencia una coyuntura patente en la realidad del día a día guatemalteco, donde reina una crisis política casi sin precedentes que Pérez Molina intenta "surfear" con pequeños golpes de simulada valentía y grandes tumbos de incertidumbre.

Además, los últimos sucesos corruptivos en el país, que implican a altos funcionarios de la vicepresidencia, autoridades tributarias y a personas de confianza del mandatario, abren un período de indecisión y desasosiego en el que se pueden establecer varios escenarios.

El primero: un equilibrio precario, es decir, continuar con el ritmo actual en el que el sistema político, las instituciones y la gobernabilidad del país se están deteriorando a pasos agigantados mientras una brecha enorme fragmenta el bloque gubernamental.

El segundo parece ser la apuesta de Pérez Molina: administrar la crisis de una manera moderada, manteniendo un liderazgo aparente a través de la aplicación de medidas correctivas que intentan no dejar "títere con cabeza", pero que son meros parches para ocultar una realidad que estrangula poco a poco un sistema oxidado y anticuado.

Por último, podría aparecer una ruptura institucional sin parangón, donde algún hecho desencadene un precedente histórico en el país, como la dimisión del presidente o un golpe de Estado, que está en boca de todos los ciudadanos pero para el que no existe una organización formal, por lo que sería un trastazo fallido y aislado.

Cada una de estas posibilidades se puede ver influenciada por varios condicionantes, como el manejo de la crisis, la reacción de la sociedad civil o las medidas o presiones que Estados Unidos o la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala puedan ejercer sobre la región centroamericana.

El analista del Instituto Centroamericano de Institutos Políticos Rubén Hidalgo mostró a Efe su sorpresa por la reforma que el pasado jueves inició Pérez Molina en su gabinete de Gobierno.

El mandatario guatemalteco destituyó a los ministros de Gobernación, Mauricio López Bonilla; de Ambiente, Michelle Martínez, y de Energía, Edwin Rodas, quien había asumido el cargo el viernes de la semana pasada tras la renuncia de su antecesor, Erick Archila, y que se convirtió en el ministro más breve de la historia del país.

"Me dejó con la boca abierta", enfatizó Hidalgo, y agregó que estas decisiones están orientadas a intentar recuperar el control del país y dar un mensaje positivo a la población, aunque, a su juicio, el Gobierno no tiene una estrategia para alcanzar la tan ansiada y anhelada estabilidad.

En especial, el analista destaca la salida de Bonilla, una de las personas de confianza de Pérez Molina, que dejará al presidente, y también al ministerio, en una situación "muy débil", ya que, aunque se vea al mandatario "muy entero, espiritualmente está hincado".

Para Hidalgo, los hechos se están desarrollando con una rapidez asombrosa y el presidente reacciona ante los oleajes intentando esquivar "los icebergs" que amenazan a unas instituciones naufragadas que no encuentran una base sólida para echar anclas.

Primero fue la renuncia de su ya exvicepresidenta Roxana Baldetti, quien desertó del cargo el 8 de mayo tras ser relacionada con un caso de fraude fiscal y aduanero, denominado "La Línea".

Y parece que la cosa no acaba aquí, porque Hidalgo apunta a otros dos ministros, el de Salud, Luis Enrique Monterroso, y la de Educación, Cynthia del Águila, como las dos renuncias posibles "en un corto plazo de tiempo" por las acusaciones en su contra.

De seguir así, este experto no descarta la dimisión del propio presidente, asfixiado y oprimido por las múltiples presiones de sectores privados, públicos y organismos internacionales.

Opiniones aparte, lo cierto es que la caja de Pandora de la corrupción ha sido abierta en Guatemala un momento único en que es imposible hacer predicciones, solo el tiempo dirá si las decisiones del presidente sirven para solucionar la situación de un solo revés o, en cambio, agravan el periodo de crisis institucional actual.

Ante una oposición dispuesta a contraatacar, con toda la sociedad en contra y con un Ejecutivo fraccionado que intenta recomponerse, Pérez Molina debe echar mano de audacia e ingenio si quiere acabar su mandato, que finaliza el 14 de enero de 2016.


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