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Países de la región desaprovechan las energías renovables

La Habana. Por Cira Rodríguez César */PL | 21 de Agosto de 2015 a las 09:52

América Central está atada a la generación de energía térmica e hidroeléctrica y desaprovecha las posibilidades de la eólica, solar y geotérmica, a pesar de su ubicación en una zona privilegiada por las corrientes aéreas y la radiación solar.

Varios analistas consideran que los decisores de políticas en América Central todavía desprecian el enorme potencial eólico y solar que podría reducir las emisiones de carbono y, paralelamente, empoderar a comunidades vulnerables en zonas alejadas, facilitando su acceso a la electricidad.

"De manera general, la región centroamericana no está aprovechando el total de su potencial, porque no se han elegido las rutas de inversión", considera el oficial de energías renovables del nicaragüense Centro Humboldt, Javier Mejía.

En su opinión, las solares y eólicas podrían desarrollarse más en zonas aisladas y pueden atender a pequeños grupos poblaciones donde es complicado o imposible el acceso al sistema energético nacional.

También el Consejo Nacional de Rectores de Costa Rica determinó que la región utiliza tan solo cerca de un uno por ciento de su potencial eólico, al tiempo que sus países poseen entre dos y tres veces más radiación solar anual que Alemania, el líder mundial en el aprovechamiento de esta fuente.

Agrega que todavía está inexplorado el 85 por ciento del potencial geotérmico, de acuerdo con datos recogidos en Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, que en conjunto cuentan con 45 millones de habitantes.

Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en 2014, las instalaciones hidroeléctricas aportaron el 45 por ciento de la electricidad final de la región y los combustibles fósiles el 36 por ciento.

Durante décadas, las naciones centroamericanas apostaron por la energía hidroeléctrica y la generación a partir de derivados del petróleo o carbón, apoyados fundamentalmente por la inversión de corporaciones privadas.

Una debilidad es que casi siempre esa inversión resulta extranjera con megaproyectos que por sí mismos no resuelven la problemática energética, sino que acarrean daños sociales y ambientales, tal como lo considera el especialista del Centro Humboldt.

En esa misma cuerda el no gubernamental Observatorio de Multinacionales en América Latina reveló el pasado año que 11 empresas privadas (solo tres de ellas centroamericanas) controlan 40 por ciento de la producción eléctrica de Centroamérica, siendo la participación estatal de apenas un 35,7 por ciento.

Otros datos interesantes apuntan a la diferencia entre países en cuanto a la presencia de energías limpias: Costa Rica espera cerrar 2015 con 97 por ciento de su electricidad con fuentes renovables, mientras Nicaragua y Honduras todavía abastecen más de la mitad de su demanda con carbón y petróleo.

Panamá aumentó su dependencia de los combustibles fósiles entre 2000 y 2013, en tanto El Salvador apostó con mayor fuerza por el potencial geotérmico, y Guatemala destaca por un mayor uso del carbón, la fuente energética más sucia.

"Estimamos que esa tendencia continuará durante los próximos 10 años. Hoy en día hay más de 800 megawatts de energía eólica instalada en la región y estimamos que para 2020 habrán más de tres mil", según Sean Porter, gerente senior de Desarrollo de Negocios en Globeleq Mesoamerica Energy.

Para el gerente de Finanzas Estructuradas del Banco Internacional de Costa Rica, Hernán Díaz Del Castillo Fernández, "es realmente importante que los países centroamericanos han identificado la necesidad de incluir las energías renovables no convencionales, como la eólica y la solar en sus fuentes de electricidad.

De hecho, esa nación centroamericana tiene la meta de que su energía eléctrica dependa un ciento por ciento de las renovables en 2022, lo cual ayudará a incentivos adicionales, nuevas ofertas y reglamentos que apoyarían al crecimiento deseado de las energías renovables".

A pesar de eso, las iniciativas para proyectos de energías renovables y eficiencia energética no se han implementado todavía en la dimensión deseada.

La razón principal de ello es el clima de inversión y negocio deficiente para ese tipo de proyectos. Falta, por ejemplo, un marco regulatorio adecuado, incentivos fiscales y acceso a financiamiento acompañado de asesoría de personal calificado, para planificar e implementar los diferentes proyectos.

El programa 4E intenta suplir esas carencias, por lo que trabaja en todos los países de la región centroamericana para fortalecer las instituciones y el uso de plataformas de divulgación, en especial a la Secretaría de Integración Centroamericana (SICA), a fin de divulgar experiencias y buenas prácticas.

Asimismo fomenta el intercambio regional, para mejorar las condiciones marco, lo cual contribuye a una mayor implementación de proyectos, desarrolla cursos y plataformas de diálogo para tomadores de decisión, ejecutivos de los ministerios y de las administraciones públicas, en temas como la mitigación del cambio climático.

También impulsa cursos específicos para desarrolladores de proyectos y ejecutivos de institutos financieros.

Otro ejemplo es el Proyecto Acelerando las Inversiones en Energía Renovable en Centroamérica y Panamá (ARECA), una iniciativa financiada por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, supervisada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y ejecutada por el Banco Centroamericano de Integración Económica.

Su objetivo es incrementar las inversiones en energía renovable (menores a 10 MW), al fortalecer las habilidades del mercado energético y financiero de Centroamérica y Panamá.

Dicho programa se desarrolla en el istmo con el fin de contribuir a lograr una mayor participación de la energía renovable, logrando con esto mejoras en los sectores económicos, medio ambiente y desarrollo sostenible de cada país.

Sin embargo, si bien la región no es una gran emisora de gases de efecto invernadero, le apremia cambiar su matriz energética por una más limpia y económica.

*Jefa de la Redacción de Economía de Prensa Latina.


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