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Autoridades sanitarias guatemaltecas quieren acabar con la desnutrición crónica

Ciudad Guatemala. Agencias. | 8 de Febrero de 2016 a las 12:41

Casi el 50% de los niños en Guatemala sufren de desnutrición crónica, la tasa más alta en América Latina.

Para el investigador Jaime Carrera se trata de un fenómeno que ocurre desde hace tiempo. Aunque la tasa se viene reduciendo desde hace años, lo hace a un ritmo muy lento en comparación con otros países de la región.

La investigación partió de esa constatación, dice Carrera. A pesar de que Guatemala todavía tiene una alta tasa de desnutrición crónica, es un país que invierte mucho en desarrollo rural. Entonces había que tratar de entender  por qué aquellas intervenciones que se dan en los territorios no producían los resultados esperados, señala.

¿Por qué?

“Básicamente nosotros teníamos dos supuestos. Uno, Guatemala es un país muy diverso en términos ecológicos, agrícola, y también cultural. A pesar de ser un país muy pequeño tenemos 23 etnias mayas con 23 lenguas distintas. Tenemos alturas del nivel del mar hasta más de 4 500 metros, y esto hace que uno encuentre una variedad de ecosistemas y de culturas alrededor de todo el país. Y creíamos que tal vez estas diferencias territoriales podrían permitirnos entender por qué las intervenciones homogéneas en el país no tenían éxito”.

La segunda hipótesis, explica Jaime Carrera era que hacía falta una coordinación de las diferentes acciones que se están realizando en términos de seguridad alimentaria y nutricional.

“Queríamos tener la posibilidad de entender en qué medida había articulación y coordinación intersectorial entre las distintas agencias públicas y no públicas que trabajan en el tema”.

Discriminación, un problema central

“La desnutrición crónica infantil está concentrada en la población indígena en una proporción que afecta al 75% de esta población. Es además rural, más o menos con el mismo porcentaje. La desnutrición crónica está en las áreas rurales y se da con mayor intensidad entre los campesinos sin tierra. Hay entonces grupos muy vulnerables en los cuales concentramos los esfuerzos del estudio y de evaluación. Sin duda estamos hablando de un fenómeno discriminatorio”.

Además, muy pocas iniciativas atienden las causas estructurales, que tienen que ver con la pobreza, la educación, la exclusión, la falta de acceso a servicios básicos, la ausencia de oportunidades de empleo, señala el investigador.

Contribuir a cambiar esa situación se planteó el proyecto Inseguridad Alimentaria y Desnutrición (INSAN), implementado por la Representación del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en el país, en conjunto con el Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente Natural y Sociedad (IARNA) de la Universidad Rafael Landívar (URL), y la universidad canadiense McGill.

Desde su puesta en marcha, en 2012, la investigación generó resultados que contribuyeron en el diseño del Plan Estratégico de Seguridad Alimentaria y Nutricional 2016-2020, a cargo de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN), para disminuir la desnutrición crónica infantil (DCI).

“Generamos una alianza con la Secretaría. El plan ya fue aprobado, se acaba de oficializar y se nutrió con los resultados de la investigación”, explica el investigador del IARNA y coordinador del proyecto, Jaime Luis Carrera.

La importancia del proyecto

“Permite decir, sin una carga ideológica o política, con bastante robustez científica que si no le entramos a los problemas estructurales como la pobreza y el desarrollo rural y territorial de estas poblaciones, aunque estemos haciendo mucho en las causas más superficiales, más inmediatas, que determinan la desnutrición crónica, si no hacemos nada realmente respecto a lo que explica este fenómeno, todo esto no va a ser sostenible en el tiempo vamos a estar trabajar por muchos años en estas intervenciones sin que veamos resultados consistentes en el tiempo”.

La contribución de Canadá 

La investigación sobre la desnutrición crónica infantil contó también con el aporte de la Universidad McGill y el CRDI, Centro de Investigación para el desarrollo internacional.

“Esta colaboración fue muy enriquecedora para nosotros y también para la Universidad McGill y el CRDI. Nosotros ya habíamos propuesto desde Guatemala un acercamiento metodológico que fue muy enriquecido por la experiencia que tenía McGill trabajando en lo llamado dinámica de sistemas. Es importante señalar que la metodología que hicimos nosotros para saber cómo funciona, como se desarrolla el fenómeno de desnutrición crónica infantil en el país, pues esa metodología vino sobre todo de la colaboración con McGill. Esto fue clave en el éxito del proyecto”.

En cuanto al CRDI, les dio un acompañamiento que iba más allá del financiero, dice el investigador guatemalteco. También lo hizo con criterios y direcciones sobre lo que estuvieron haciendo en Guatemala y eso generó un equipo muy interesante de investigación con resultados interesantes para el país.

Inauguración de evento de presentación de resultados: Aparecen (de izquierda a derecha): Hector Tuy (director de IARNA), Marvin de Paz (Subsecretario administrativo de la SESAN); Keith Andrews (Representante de país del IICA) y Christina Laur (Jefe de Equipo, Sección de Cooperación de la Embajada de Canadá en Guatemala) © Jaime Carrera

Esto y mucho más en la entrevista con Jaime Carrera, del Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente Natural y Sociedad de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala.


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