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Dos panameños se encadenan en San José pidiendo justicia

Agencia AFP. Desde San José. | 18 de Octubre de 2007 a las 00:00
Cinco ciudadanos panameños, dos de ellos encadenados a una de las columnas de la entrada de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CDH) en San José, cumplieron este jueves su tercer día de protesta para exigir justicia. Javier Muñoz, de 62 años, y Rodolfo Vence, de 50 y afectado por una diabetes, lograron pasar el portón de entrada de la CDH y se encadenaron a pocos metros de su puerta principal. En la acera de entrada se apostaron sus compañeros Luis Miranda, de 54 años, Ruben Guevara (50) y Erick González (47), para exigir que se obligue al Estado panameño a cumplir con una sentencia en su contra dada por la misma Corte en febrero del 2001. Los cinco forman parte de un grupo de 270 trabajadores del privatizado Instituto de Recursos Hidráulicos y Eléctricos (IRHE) de Panamá que en diciembre de 1990, un año después de la invasión militar norteamericana, participaron en una manifestación, y el gobierno de Guillermo Endara los acusó de ser cómplices de una supuesta asonada militar. La CDH acogió su caso y en el 2001 falló a favor de los trabajadores, condenando al Estado de Panamá a indemnizarlos, brindarles trabajo y todos los derechos sociales, pero las personas que realizan la protesta afirman que ello no se cumplió, al menos con todos. "Han pasado 17 años desde que fuimos injustamente cesados de nuestros trabajos y seis años desde que la Corte falló a nuestro favor, pero el Estado panameño rehúsa cumplir la sentencia, y los jueces de esta institución en vez de defender a las víctimas se muestran complacientes con los victimarios", dijo a la AFP González. González cuenta que el despido tuvo consecuencias nefastas para muchos, que perdieron sus familias por las carencias económicas. "Muchas familias quedaron desintegradas por los problemas provocados por el desempleo. Otros enfermos no recibieron atención adecuada. Ha sido un drama terrible y largo", asegura. Todos llegaron a San José, sede de la Corte, el sábado, tras un viaje de 15 horas en autobús desde Ciudad de Panamá, que fue financiado por organizaciones sindicales panameñas. "Aquí nos quedaremos hasta que se haga justicia. Esta vez no nos moveremos sin una solución real, y si no que el mundo se entere que esta Corte es una farsa", grita desde la entrada a los periodistas Rodolfo Vence, uno de los encadenados. Todos duermen por turnos en una colchoneta que les llevó un vecino y se alimentan de enlatados que les donaron organizaciones costarricenses, mientras que el café lo preparan en un improvisado fogón hecho sobre dos bloques de construcción, en medio de los torrenciales aguaceros de la época.

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