Escúchenos en línea

El Cristo Negro de Portobelo, devoción e historia en Panamá

Por Nicolás Espinosa, agencia ACAN–EFE. Desde ciudad Panamá. | 21 de Octubre de 2007 a las 00:00
Miles de peregrinos cumplen cada 21 de octubre promesa y se aglomeran en la estrecha entrada del histórico pueblo de Portobelo, en el Caribe panameño, para venerar al más negro de los santos lugareños, un Cristo de ojos tristes que los mira a todos como iguales. Los cerca de 3.000 habitantes de Portobelo, la mayoría descendientes de negros esclavos, han hecho de su Cristo una seña de identidad y es hoy un estrecho vínculo con la historia que los ha casi olvidado. La todavía hermosa bahía de Portobelo, bautizada así por el propio Cristóbal Colón en 1502, ya nada guarda de su lejana gloria colonial, sede de ajetreadas ferias comerciales y ricas aduanas. Solo su Cristo Negro devuelve protagonismo cada octubre al pequeño pueblo, durante tres siglos el más importante puerto de la Corona española para el trasiego de oro y plata. Durante la procesión del domingo, que empieza cuando se oculta el sol y acaba a la medianoche, cuando el Cristo retorna a su capilla de la colonial Iglesia de San Felipe, Portobelo vuelve a bullir y todo el pueblo parece una fiesta. Para hacer durar la procesión por las cuatro cortas calles del antiguo puerto, el paso del anda es lento y arrastrado y da tiempo así a que se intercambien los muchos porteadores que pagan sus promesas o "mandas", algunas de dudosa respetabilidad. Y es que al Cristo Negro de Portobelo se le conoce también como el "Cristo de los maleantes y de los privados de libertad", fervorosos fieles que se dan cita en el pueblo en esta época para mostrar su devoción. Este año han sido convocados también 2.412 efectivos de la Policía Nacional para "garantizar la seguridad" de los asistentes a esta multitudinaria fiesta religiosa. El sacerdote navarro Carlos María Ariz, ex obispo de la diócesis de Colón y Kuna Yala, a la que pertenece Portobelo, reconoció a Acan-Efe que entre los devotos del Nazareno "hay de todo. Hay gente que realmente viene con fe por un caso penitente que está atravesando o porque le ha cambiado su vida. Y dentro de ese grupo también están los delincuentes". Ariz, que presidió por 20 años las misas que se ofrecen en la iglesia San Felipe los 21 de octubre, conoce de primera mano muchos de los hechos ocurridos a los pies del Cristo. "Un día celebraba la misa y se acercó un muchacho arrastrándose, que miró la imagen del Cristo y solo dijo: 'gracias Padre porque no me ha cogido la policía'. A su manera, esto es un acto de fe", aseguró monseñor Ariz. "Conozco otro, agregó, que también a rastras, llegó con la espalda lacerada por la cera de las velas y me dijo: 'estoy agradecido con el Cristo y no sé cómo pagarle, y con mi sufrimiento estoy dando testimonio de mi agradecimiento'". Según Ariz, lo importante es respetar la espiritualidad de cada uno de los que llega a este pueblo. "Que hay medio maleantes es cierto, pero también gente fervorosa y es por ello que creo que lo mejor es respetar el fervor de cada uno de ellos, porque he visto palpitantes muestras en todos los devotos que llegan al santuario". "No niego que sí se han dado casos que son abusos o comedias de la fe, pero también hay muchos que son verdaderos devotos y por eso es necesario dejar libertad para que cada uno se exprese de cualquier manera", enfatizó. La leyenda cuenta que la imagen del Nazareno llegó a finales del siglo XVIII en un barco cuyo destino era Perú, pero que por el mal tiempo tuvo que desembarcar en Portobelo. La narrativa popular mantiene dos vertientes, una señala que unos pescadores encontraron al santo flotando en las aguas del Caribe y otra, que un Galeón con escudo español llegó a tierra firme debido al mal tiempo, con dos imágenes a bordo, una de un Cristo blanco y otra de un Cristo negro. Cada vez que el barco intentaba zarpar con su carga, se desataba una tormenta que lo impedía. Al cabo de varios intentos, los españoles decidieron dejar al Cristo negro en Portobelo y pudieron finalmente partir. Portobelo, a unos 115 kilómetros al noreste de la ciudad de Panamá, en la costa atlántica, fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1980. El conjunto monumental histórico de Portobelo incluye las iglesias Hospital San Juan de Dios y la de San Felipe, los fuertes Santiago de la Gloria, Santiago, San Felipe, San Fernando, la Aduana de Portobelo, el Castillo de San Jerónimo, la Batería Santiago, la Casa Fuerte Santiago y el Baluarte Tres Cruces.

Descarga la aplicación

en google play en google play