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Obispos de Honduras: "Basta ya"

Tegucigalpa. Agencias. | 8 de Junio de 2019 a las 09:45
Obispos de Honduras: "Basta ya"

Los obispos de la Conferencia Episcopal de Honduras se pronunciaron sobre la "decadencia moral" en las que ha caído el país y sobre los principales problemas que más preocupan a la ciudadanía como el alto costo de la vida, el crimen y la violencia, el desempleo, las deficiencias graves en los sistemas de salud y educación, y la corrupción.

Asimismo, denunciaron el desproporcionado uso de la fuerza por parte de la policía, que en las últimas semanas ha reprimido a la población. "La responsabilidad de la policía es garantizar el orden y la seguridad de toda la población.  Sin embargo, algunas actuaciones policiales, pueden calificarse como de fuerza desproporcionada y con esto añaden otro elemento de gravedad a los conflictos.

"Los Obispos miembros de la Conferencia Episcopal de Honduras (C.E.H.), al celebrar la Asamblea Plenaria, durante los días 3 al 7 de Junio del presente año, hemos orado, reflexionado y discernido sobre la situación en que se encuentra nuestra patria, con la intención de asumir compromisos que queremos compartir con nuestros hermanos y hermanas en la fe y con las personas de buena voluntad", reza el comunicado.

Los líderes de la Iglesia Católica hondureña señalaron que hay otros problemas que son igualmente susceptibles de provocar conflictos, tanto o más graves que los que viven actualmente "problemas en la forma de legislar del Congreso Nacional de Honduras, problemas en las decisiones del Ejecutivo, en las crisis de empresas estatales, en los servicios de energía, agua, transporte, etc".

A juicio de los obispos, si cada problema deriva en conflictos como el que ahora se vive y si cada conflicto es manejado con la misma ineficiencia, las consecuencias pueden hundir a Honduras en una crisis muy difícil de superar.

"Por eso, se hace aún más dolorosa y comprensible la indignación de la mayoría de la población, el sufrimiento de los más pobres, la decepción de los jóvenes, el miedo de los migrantes, la angustia de los enfermos, la impotencia frente a la corrupción y la impunidad, el cansancio de quienes luchan por una Honduras mejor sin ver resultados.", señalan.

En su comunicado consideran que la gravedad que adquieren muchos conflictos se debe, en primer lugar, a la forma incorrecta con que los manejan los poderes del Estado; en algunos casos siendo los causantes del problema y, en otros, por no saber resolverlos con los recursos propios de una democracia participativa, y dejando que el paso del tiempo haga que se resuelvan por sí mismos, cuando en realidad sólo se agudiza su conflictividad.

Otro ingrediente que agrava los conflictos es la politización que los complica aún más, introduciendo dobles agendas y empañando la claridad de los objetivos por los que se lucha.

"No dudamos de que las manifestaciones de protesta tienen la intención de ser pacíficas, pero permitir la infiltración de elementos violentos desmerita la finalidad que persiguen y conculcan otros derechos de la población que también deben ser garantizados".

Indicaron que les preocupa en gran manera el futuro de a Honduras, al pensar que si problemas coyunturales no se saben resolver adecuadamente, cómo podrán resolverse aquellos que por ser estructurales exigen un serio ordenamiento de todos los elementos de que consta un Estado de Derecho.

"Una Constitución violada cuantas veces convenga, unos poderes que no son para nada independientes, un Congreso que se ha convertido en un teatro de pésimos actores, dándole la espalda al pueblo. La necesidad de un poder electoral que garantice la transparencia de los sufragios y destierre de una vez por todos los delitos electorales. Unas instituciones del Estado quebradas por la corrupción, una paralización de la economía, sobre todo en el agro, una vergonzosa venta de los bienes naturales de nuestra tierra. Una falsa reforma del Código Penal, que simplemente lo convierte en un instrumento de protección a los corruptos y narcopolíticos, con apariencia de ser mejor por el hecho de endurecer las penas a los supuestamente más “peligrosos”, que acostumbran a ser los jóvenes marginados y los pobres desesperados por subsistir. Esto, y mucho más, hace brotar de nuestros corazones un ¡Basta ya!".


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