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Mujer maya Thelma Cabrera y el sueño del Buen Vivir

Ciudad Guatemala. Prensa Latina | 5 de Julio de 2019 a las 10:02

Una mujer maya mam, Thelma Cabrera, y su partido, Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), representan actualmente en Guatemala el caudal político aprendido en las luchas sociales comunitarias, de ahí el terror de las élites ante la perspectiva de su llegada al poder.

La idílica idea -hasta ahora-, tuvo expresión concreta en los comicios generales del 16 de junio, cuando Cabrera y el MLP consiguieron un histórico cuarto puesto en las urnas, por encima de partidos tradicionales y a pesar del uso de herramientas sicológicas para restarles votos.

Como en los tiempos de la revolución de Jacobo Árbenz, un feroz anticomunismo corrió a pulso por redes sociales y medios oligárquicos contra la aspirante presidencial que quería (y sueña) refundar el Estado por medio de una Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional enfocada en el Buen Vivir.

A los ojos de una sociedad en extremo racista y machista, Cabrera carga con tres grandes pecados: haber nacido mujer, indígena y pobre. Su trayectoria como defensora de los derechos de los pueblos la hizo acreedora de una cuarta culpa, prácticamente imperdonable.

La participación de esta ama de casa en la pasada contienda electoral fue ocasión propicia para azuzar miedos históricos de las clases alta blanca y media mestiza a partir de propuestas donde los pueblos mayas, xinca, garífunas y mestizos se sientan representados.

Influyó, sobre todo, el respaldo de la Coordinadora de Desarrollo Campesino (Codeca), la plataforma del MLP que la postuló y ella misma ayudó a forjar.

En el fondo, primó el temor a un movimiento social con gran capacidad de movilización y resistencia, protagonista de multitudinarias manifestaciones contra el gobierno de Jimmy Morales en defensa de mejores condiciones de vida y accesos a servicios básicos hoy vedados.

¿Quién es Thelma Cabrera?

A sus 49 años, esta mujer curtida por el trabajo en los campos de El Asintal, Retalhuleu, donde vive, se define a sí misma como defensora de los pueblos, de la madre tierra y de la verdad: 'He andado en las calles en momentos difíciles de mi pueblo y he dado la cara', afirma.

Creció en época de guerra y solo pudo estudiar hasta sexto grado de primaria porque tenía que ayudar a su familia. De ahí que su Universidad -título que le cuestionaron muchísimo durante su campaña - es la de su propia vida y la de las luchas sociales a favor de los territorios olvidados y empobrecidos.

Quienes la conocen, la describen como una mujer de carácter, inteligente y comprometida. Ella misma dice que perdió el miedo cuando se afilió a Codeca y se dio cuenta de que no estaba sola.

Eso fue en 1992 y comenzó defendiendo la naturaleza y el territorio hasta convertirse en uno de sus rostros más visibles en defensa de los derechos de las mujeres y en contra de la privatización de la energía eléctrica por parte de la empresa distribuidora Energuate.

En el contexto actual, Cabrera reprocha al Estado que los pueblos mayas, garífunas, xincas y mestizos estén en el fondo de un abismo.

'En nuestros territorios no hay acceso a la salud, en los hospitales no existe una atención adecuada, no hay medicinas, y vemos que es un problema de raíz. Además, llevamos el primer lugar de desnutrición, los niños se mueren de hambre y hay tantas enfermedades', aseguró en una de las pocas entrevistas que concedió a la prensa.

A su juicio, 'nosotros los pueblos, desde los territorios olvidados, empobrecidos, abandonados no tenemos Estado. Hay un Estado fallido y por eso urge formar nuestro Estado plurinacional', una idea que reiteró durante toda su campaña, enfocada en el buen vivir, la cual contemplaba educación, vivienda digna y derechos de la madre tierra, entre otros temas vitales.

La participación de Cabrera en la carrera electoral en competencia con otras 18 fórmulas presidenciales, marcó un hito este 2019 no solo por ser mujer, sino también por representar las luchas de las activistas sociales indígenas.

De la calle a las urnas

En 2016, y desde las entrañas de más de 597 comunidades que viven en carne propia la criminalización, nace el Movimiento para la Liberación de los Pueblos como brazo político de Codeca.

Si bien al principio no concibieron optar por cargos de elección popular, pronto se dieron cuenta de que la única manera pacífica para cambiar el modelo es jugar bajo las reglas hechas por el sistema para perpetuarse.

Hay quienes aseguran que el MPL tiene unos 400 mil simpatizantes, aunque sus organizadores dicen que son capaces de movilizar 100 mil personas y clasifican como muy activos a 50 mil.

Su fuerza se concentra en la Costa Sur y el Altiplano, donde su organización madre, Codeca, condensa buena parte de la historia de la lucha campesina.

No es un partido politiquero, de los tantos que surgen cada cuatro años en Guatemala ante un evento electoral, sino que tiene una plataforma dirigida a impulsar proyectos grandes para propulsar la verdadera inclusión de los más de 20 pueblos del país y no solo de una minoría.

Definen su ideología como antineoliberal y antineocolonial con el fin de servir al pueblo y no a los intereses de la clase acomodada y empresarial que hoy detenta el poder, de ahí el escozor que produce a algunos mentar su nombre, asociado casi siempre como 'bloqueadores de carreteras', 'terroristas', 'delincuentes' o 'guerrilleros'.

La empresa Energuate y los medios de comunicación los presentan insistentemente como 'ladrones de energía eléctrica', pero ninguna de sus acusaciones ha procedido contra Codeca en los tribunales.

Según fuentes de la agrupación, la figura de Cabrera como presidenciable respondió a su reconocimiento por las organizaciones de base y a la posibilidad de que regresara al movimiento social de no resultar electa.

Para ellos es importante ganar plazas en el Congreso, de ahí las expectativas que genera al menos contar con un asiento, según cifras preliminares del Tribunal Supremo Electoral, aunque pudieran aumentar curules al término de una revisión de votos que inició la semana pasada ante denuncias de irregularidades y eventual fraude.

Una de las formas en que algunos círculos de oposición, paternalistas y con un racismo solapado desestimaron la candidatura de Cabrera era diciendo que Guatemala aún no estaba preparada para que una indígena llegara al poder.

Sin embargo, Cabrera y el MLP abrieron una brecha, irrumpieron con fuerza en la escena política de Guatemala y no pararán hasta demostrar lo contrario.

*Corresponsal de Prensa Latina en Guatemala.


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