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Pescadores de la Mosquitia hondureña: pobreza detrás de un naufragio

Tegucigalpa. Prensa Latina. | 6 de Julio de 2019 a las 11:04
Pescadores de la Mosquitia hondureña: pobreza detrás de un naufragio
El reciente naufragio de un barco de pesca de langostas en Honduras que dejó 26 muertos y cinco desparecidos, pone sobre el tapete, una vez más, el olvido en que viven los pobladores de la Mosquitia, en el caribeño departamento de Gracias a Dios.
 
El pasado miércoles 4 de julio, la embarcación Capitán Waly zozobró a 50 millas náuticas de la costa, debido a la sobrecarga de personas y a las condiciones climáticas adversas. Iban tras su principal, sino la única, fuente de ingresos para sus familias.

La Mosquitia, además de incomunicada, es considerada la región más desfavorecida del país donde viven alrededor de 91 mil habitantes, la gran mayoría misquitos, de ellos el 66 por ciento está sumido en la pobreza, y el 23 en la extrema pobreza.

Cerca del 30 por ciento de las familias misquitas vive directamente de la extracción por buceo de la langosta que exportan fundamentalmente a Estados Unidos.

En unos pocos barcos y con insuficiente indumentaria especializada para este tipo de pesca, los hombres salen al mar y no son raros diversos tipos de accidentes.

Según un estudio realizado en 2016 por la experta Ana Paz, se estima que hay más de dos mil lisiados y pueden ser incluso más, ya que cada semana incorpora al menos dos expedientes nuevos a su archivo.

Sin tanques de oxígeno, sin patas de rana, sin caretas, o con equipos en malas condiciones, se sumergen en intervalos de 25 a 35 minutos a profundidades que oscilan entre siete y 27 metros, para atrapar su trofeo. Muchos son víctimas del síndrome de descomprensión.

Los misquitos exponen su vida al no hacer las pausas necesarias en la superficie para eliminar el nitrógeno residual de inmersiones anteriores.

Suben a mucha velocidad en busca de más crustáceo por lo que aumentan las posibilidades de que se forme una burbuja de nitrógeno y deje paralítico al pescador.

De acuerdo con el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional a los buzos misquitos que sufren alguna lesión relacionada con su trabajo en alta mar les es imposible contar con un tratamiento médico efectivo y oportuno.

Subraya que el aislamiento de la Mosquitia implica que los centros de salud sean pocos y lejanos, especialmente aquellos con las cámaras hiperbáricas necesarias para tratar el síndrome de descompresión.

Asimismo, las personas que sufren discapacidad no tienen acceso a servicios adecuados de rehabilitación ni a la justicia.

Por otro lado, generalmente los viajes de las embarcaciones que llevan los buzos a la zona de extracción trabajan un promedio de 12 días, y aunque deben llevar aproximadamente 24 buzos cada una, la escasez de naves hace que se sobrecarguen.

Capitán Waly salió con 91 personas el pasado 3 de julio para aprovechar el inicio de la temporada de pesca, pero la tragedia los atrapó.

Aunque el gobierno de Juan Orlando Hernández, ordenó la búsqueda y rescate de los náufragos y giró instrucciones para que se investigara las razones del hundimiento, muchos familiares de las víctimas asegura que la búsqueda fue lenta y se tardó 36 horas en entregar los primeros cuerpos ya putrefactos.

'Para la Mosquitia viene desarrollo económico, salud, educación', anunció en noviembre de 2017 el presidente Hernández, sin embargo el tiempo pasa y este drama humano, que saltó a la vista con el naufragio del Waly, está ahí hace muchos años sin horizontes favorables y cada pesquería es para los buzos misquitos una lucha frontal con la invalidez o la muerte.

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