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Cantidad de casos de Covid-19 no cuadran en Guatemala

Ciudad Guatemala. Prensa Latina | 29 de Junio de 2020 a las 13:22

Las cifras de casos diarios y fallecidos como consecuencia de la Covid-19 en Guatemala aparecen con asteriscos desde el 24 de junio en señal de un desfase, o lo que es igual, la lista no cuadra con el billete, como se dice popularmente.

Qué tan grande es la omisión en el sistema contable del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (Mspas) a más de 100 días de la entrada al país de la pandemia, solo se conocerá cuando termine una auditoría ordenada por la nueva ministra Amelia Flores, quien llegó con un equipo renovado a apagar un fuego que tiene muchas brasas ardientes.

La propia Flores -médico patóloga con especialidad en microbiología- contó a una radio local que cuando el presidente Alejandro Giammattei le propuso encabezar la cartera, inicialmente lo declinó porque estaba trabajando en otro proyecto, cómoda y satisfecha con sus resultados.

Sin embargo, después reflexionó sobre la responsabilidad social en medio de esta emergencia sanitaria y asumió el enorme desafío el 19 de junio, quizá con la ventaja de conocer el Mspas por dentro, pues fue viceministra técnica, cuenta con herramientas tan necesarias como una maestría en Epidemiología y Salud Pública, así como experiencia en proyectos internacionales de tuberculosis, malaria y VIH.

Una vez instalada, Flores admitió en su primera conferencia de prensa que la incongruencia de datos trasladada a la población le saltó a la vista desde el primer día, de ahí que los reportes sean ahora preliminares hasta tanto concluya el diagnóstico final.

'Algunos hospitales de la red pública y una mayoría de laboratorios y hospitales de la red privada no tenían al día el reporte obligatorio de casos que deben notificar por ley al ente rector (Mspas)', fue la aclaratoria del 24 de junio para reconocer oficialmente lo que ya era comidilla diaria en redes sociales, desde simples usuarios pasando por periodistas en las conferencias de prensa, hasta voces autorizadas.

Por primera vez se ponía el dedo en una llaga que sangraba desde mucho antes, sin que el Gobierno diera su brazo a torcer, pues, incluso, la salida de la cúpula encabezada por el exministro Hugo Monroy se dio a conocer como simple relevo, en busca de un nuevo aire.

Giammattei, tan dado a las cadenas nacionales, nunca aclaró los motivos ni se refirió a los pedidos de destitución de Monroy por ineptitud en el manejo de la crisis sanitaria desde diferentes bancadas del Congreso y sus Comisiones de Salud y Derechos Humanos.

LAS CIFRAS DEL 5 DE JUNIO, EL DETONANTE

Desde finales de mayo, cuando la Covid-19 entró en su fase crítica, comenzaron los reclamos de la prensa local a las autoridades de salud sobre cifras concretas de defunciones en hospitales públicos y privados, así como de su incidencia por departamentos, sin divulgación hasta entonces.

El detonante ocurrió el 5 de junio, cuando en el parte oficial del Ministerio -que se divulgaba a las 18:00 hora local- aparecieron 20 fallecidos y minutos después Monroy aclaraba en conferencia con los medios de comunicación que el dato 'real y exacto' era 38, con lo cual el acumulado subía a 216.

Ese primer ajuste, resultado de un barrido de datos, según confirmó la vocera del Mspas, no hubiera causado tanto revuelo si un listado de decesos por hospital ofrecido por las propias autoridades tampoco cuadraba con el salto.

Fueron en realidad 38 o 58, cuándo murieron estas personas y qué criterios se utilizó para incluirlos en un solo día quedaron en el aire, pues la cartera se comprometió en entregar la información completa y nunca sucedió.

En ese mismo tiempo, la diputada Lucrecia Hernández, de la Bancada Semilla y exministra de Salud, alertó otras inconsistencias en una base de datos hasta el 5 de junio enviada por la cartera al Congreso. En ella aparecían 228 víctimas mortales, una diferencia de 50 y no de 38 como el Gobierno reportó.

Pero la incertidumbre ya venía caminando y tenía fecha anterior: el 27 de mayo y por citación de Semilla, acudió al Legislativo para rendir cuentas sobre la pandemia el jefe de Epidemiología del Mspas, Miguel Sagastume.

Hasta entonces no se ofrecía públicamente el detalle de casos por departamentos, que aportó Sagastume con cierre 26 de mayo; sin embargo, los números tampoco coincidieron con los ofrecidos en el parte nocturno, muy por debajo en al menos cinco departamentos como si se tratara de bases estadísticas diferentes o existiera la intención expresa de ocultarlos, a juicio de epidemiólogos consultados.

El medio digital alternativo Nómada comparó en dos mapas la información reportada por el Gobierno y la brindada por el Departamento de Epidemiología, como prueba irrebatible del caos reinante.

Según esta última instancia, hasta el 9 de junio cuatro menores de 20 años habían fallecido por la Covid-19, pero ese mismo día Monroy confirmaba que un joven de 18 años se convertía en la persona más joven en morir.

Igual polémica se cierne sobre el número de pruebas -muy por debajo de las requeridas para tener el control de la epidemia-, y con similares incongruencias, pues las cantidades anunciadas en cadena nacional muchas veces son mayores a las que aparecen en los reportes de Epidemiología, alertó otra vez Nómada.

Como remate, la renuncia de Sagastume, hecha pública el 12 de junio, volvió a encender las alarmas. En una carta aparecida en los medios dejaba entrever las reticencias del Gobierno a mostrar las cifras reales de decesos, a pesar de sus recomendaciones a Monroy de revelarlas de una vez por todas.

Ese mismo día, otra misiva, pero firmada por 20 profesionales del Departamento de Epidemiología, pedía 'información verídica a la población y manejo ético de datos'.

Con la intención de aplacar la polémica, Monroy invitó el 16 de junio al ingeniero Gerardo Santelis a explicar en cadena nacional lo sucedido a partir de un proceso de auditoría y peritaje al sistema donde se almacena todo lo referente a la Covid-19.

Según el experto, se había identificado duplicación de datos de 20 personas fallecidas e incluso triples registros en algunos casos, y dio fe de la veracidad del total de muertes hasta ese momento, 418.

RUMBO A LA TRANSPARENCIA Y ALGO MÁS

Rumbo a la transparencia, las nuevas autoridades de salud optaron por un punto de corte más real, a partir de las 0:00 hora local de cada día en función de corregir el anterior a las 15:00 horas, que además de arbitrario, provocaba un desfase entre el número de casos positivos y diagnósticos.

Sobre todo, ante el desborde de la capacidad del Laboratorio Nacional de Salud -el único autorizado por el Gobierno para procesar pruebas, a pesar de que otras instituciones tenían el aval para hacerlo.

Como resultado, incluso pacientes en cuarentena en hospitales de campaña llegaron a quejarse por la pérdida de hisopados o retrasos de hasta 15 días en la entrega de diagnósticos, denuncias comprobadas por la Procuraduría de Derechos Humanos.

La credibilidad transita también por poner en orden temas pendientes vinculados a atrasos en el pago de salarios de trabajadores de la salud en esos centros temporales, dotarles de los equipos de protección para evitar su contagio y de medicamentos e insumos en función de evitar el temido colapso (menos de un médico y de una cama por cada mil habitantes).

Con más de 17 mil contagios y muy cerca de las 800 muertes, la mayoría en junio, el Gobierno adelantó que los próximos días serán decisivos para las aspiraciones de encaminar la economía a la ruta de la reactivación y coquetea con ese deseo, que para el sector informal se traduce en morir por coronavirus o de hambre.

Sin embargo, antes deberá dilucidarse la cuenta pendiente del subregistro y saber si sus causas apuntan a incapacidad en el aparato ministerial o se trató de un descuido negligente.

A juicio de analistas, los datos ya cotejados quizá podrán ser preocupantes, dramáticos o infaustos, pero es mejor una dura verdad que una falsa impresión de alivio en la que ya nadie cree.

Al menos eso es lo que se espera de Flores y su equipo, si no quieren llegar a la historia como otros más a los que la Covid-19 pasó factura.


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