A 45 años, el bien común es la tarea primordial Managua. Por Omar Aguilar Maradiaga, Radio La Primerísima.

A 45 años, el bien común es la tarea primordial Managua. Por Omar Aguilar Maradiaga, Radio La Primerísima.

En teoría, la tarea primordial de cualquier gobierno, de una sociedad, es la búsqueda del bien común de su población, el cual se refleja en bienestar socioeconómico, en la satisfacción de sus necesidades básicas; pero también que haya un clima de paz, armonía, estabilidad, tranquilidad social y estén creadas las condiciones para el desarrollo pleno de la juventud y la niñez.

Son pocas las sociedades que han alcanzado un nivel de desarrollo pleno para sus habitantes y que han logrado que los beneficios se extiendan a toda la sociedad en términos económicos y sociales, en el acceso a educación, salubridad, recreación, derechos políticos y a vivir en un ambiente limpio, en el que convivan en armonía el hombre y la naturaleza. Pero también es cierto que muchas de esas sociedades han logrado su crecimiento a base de explotar, saquear y esclavizar a otros pueblos, construyendo su riqueza a base del empobrecimiento de otros.

Los países africanos, asiáticos y del continente americano, se han empobrecido a costa del expolio de colonizadores europeos que justificaban sus sangrientas conquistas, alegando que tenían la obligación legal y religiosa de controlar la tierra y la cultura de los pueblos originarios que eran vistos como “bárbaros” o “salvajes”, mientas los lideres religiosos los apañaban asegurando que era para salvar almas y hacer crecer la religión y su dominio perverso.

La gran mayoría de los pueblos del mundo, enfrentan hoy enormes dificultades para lograr el bienestar de sus poblaciones; algunos por las severas condiciones climáticas o la escasez de recursos naturales; otros por la extrema pobreza en que viven sus habitantes por la explotación y el pillaje a que han sido históricamente sometidos; otros tantos por la situación de guerra permanente en que viven, y que no permite a sus habitantes acudir a sus puestos de trabajo, a producir bienes y servicios que permitan desarrollar sus economías, y más bien día a día son reducidos a escombros por las bombas y ojivas nucleares.

La perversión imperialista

Pero hay pueblos que, aun teniendo recursos, los deseos de salir adelante y una voluntad férrea de lucha, se ven imposibilitados a desarrollarse por el brutal bloqueo económico social y político a que son sometidos por el imperialismo. El temor que infunde al mundo el imperialismo norteamericano y sus aliados de la OTAN es tal, que es capaz de cerrar un círculo alrededor de quien es considerado su enemigo, de apretar el cuello de los indefensos a la vista y paciencia de los mismísimos defensores de los Derechos Humanos.

Han sembrado la idea de que si lo hace el imperialismo yanqui es válido, es permitido, es necesario, es políticamente correcto; lo que hagan los pueblos para defenderse es ilegítimo, es ilógico, irracional, es totalitario, va en contra de la “democracia”. Hay que hacer lo que los yanquis dictan, hay que someterse, no hay de otra; esa parece ser la “lección obligatoria” que leen a los líderes políticos en África, Asía, Europa, América Latina o en cualquier confín de la tierra y que se aprenden de memoria.

Las garras del imperialismo son tan grandes y afiladas que no puede rascar su propia espalda y la crisis que viven los 38 millones de estadounidenses que viven en pobreza se vuelve invisible y acaso hasta necesaria. Aunque la forma de medirla dista de ser la más adecuada, ya que usa métodos de medición que datan de los años 60, las cifras indican que casi el 12% de la población de EEUU vive en condiciones de pobreza e indigencia. El número de personas sin hogar aumentó a más de 653.000 en 2023, un aumento del 12% con respecto a 2022… Tristemente el grupo de población más afectado es el de los nativos americanos, cuyo índice duplica al del siguiente grupo desfavorecido, los afroamericanos, que a su vez duplica al del tercero más afectado, los hispanos.

EEUU ha invadido militarmente a numerosas naciones en todo el mundo, so pretexto de defender sus intereses; no importa si es en América o en África, en Asia o en la vecindad o en los confines del mundo. Los motivos son múltiples, ya sea de lucha por preservar la democracia (lo cual le corresponde a cada país), contra el comunismo, contra el peligro a su seguridad nacional, y más recientemente contra el terrorismo o la presencia de armas nucleares. Pero siempre es para defender sus mezquinos intereses imperialistas.

En la totalidad de los casos, estas guerras han resultado injustificadas, pero aquello de que “mejor prevenir que lamentar”, “dispare y después pregunte” o “el fin justifica los medios”, se convierten en su salida de baño.

Y te lo venden, lo ves, te lo hacen creer en los tantos filmes de guerra en los que los soldados norteamericanos se esgrimen como superhéroes y salvadores de la humanidad.

Y lo lees en las noticias de los medios transnacionales y a nivel local en los artículos de medios y periodistas de probeta, que más que comunicadores sociales, son “bodrios parlantes” que repiten lo que el imperialismo les dicta y les hace creer, que son supuestas estrellas de la comunicación y candidatos asalariados al premio Nobel de literatura… que por cierto en estos tiempos se entrega “delivery” y con ck de “gracias por sus servicios”.

Desestabilizar a los países que quieren tomar su propio camino, que quieren construir su propia realidad, que buscan estrategias para lograr el bienestar y el crecimiento de sus pueblos es la tarea a la que se aboca el imperialismo.

Los traidores a la Patria

Por desgracia, a lo interno de cada país o fuera de las fronteras, existen malos hijos de la Patria que intentan confundir a otros y desde posiciones de odio despotrican, lanzan su veneno contra los gobiernos legítimamente electos, solo porque son progresistas o abiertamente de izquierda. Están plenamente conscientes de su papel y por esos les pagan, de eso viven. Son como rémoras en el trasero de un voraz marrajo, como garrapatas en un perro rabioso, como parásitos en un comején que carcome y deja una estela de odio y ruinas por dónde pasa.

Se auto llaman “nacionalistas”, cuando en realidad son títeres del imperialismo, pidiendo sanciones, apoyando medidas que afectan a sus pueblos. Mas recientemente piden hasta guerra… hasta invasiones armadas; sin importar el precio, los muertos y la devastación que caracteriza a las invasiones imperialistas.

Para ellos no importa la muerte, el dolor, las dificultades, los problemas, las crisis de sus connacionales; es necesario y válido desde su punto de vista rastrero, egoísta, pro imperialista y acaso inhumano.

Se dicen “cristianos”, cuando en realidad actúan en contra de los principios del cristianismo, ya que pregonan odio en vez de amor, agresión en vez de comprensión, el terror en vez de la tranquilidad, la guerra en vez de la paz.

Se autollaman “demócratas”, cuando en realidad pregonan el vandalismo, la anarquía, la inconstitucionalidad, el desorden, la insensatez, la violación de los principios democráticos y de convivencia.

Se dicen “intelectuales” (poetas, cantores, escritores de avanzada) cuando en realidad son mensajeros del imperialismo y su odio, el que les dicta las palabras, los discursos, la letra y la música para despotricar contra gobernantes, dirigentes, líderes populares o predicadores del bien.

Se autodenominan “comunicadores sociales”, cuando en realidad son voceros del imperialismo, pseudoperiodistas, trasmisores de mentiras, manipuladores de la información para crear confusión, desánimo, animadversión, odio y corrientes de opinión a favor de los intereses de la burguesía, el imperialismo y los grandes capitales.

Se venden como “portadores de la verdad”, cuando en realidad son mitómanos, charlatanes, desvergonzados que acusan a otros de los horrores que causan, de la destrucción, de la violación de los principios elementales; sin la menor vergüenza y dignidad.

Se autodenominan “presos o perseguidos políticos”, cuando en realidad son asesinos, torturadores, violadores, delincuentes, terroristas; capaces de vender su alma al mismísimo demonio, si con ello obtienen poder, riqueza y libertad para hacer y deshacer.

Ante las arremetidas del imperialismo, sus aliados y lamebotas, los que adversamos al imperialismo tenemos que reforzar nuestra lucha, fortalecer nuestros principios, mantenernos cohesionados, fortalecer los lazos entre nuestros pueblos; ser más solidarios en estos momentos en que el imperialismo actúa como una fiera herida, desesperado por el empuje de Rusia, el protagonismo de China, por la Venezuela que no se rinde, la Cuba indoblegable, la Nicaragua indómita, el México que se defiende, los pueblos indígenas que luchan, la Palestina que resiste a punta de moral, de valentía y fe a toda prueba.

Hoy más que nunca están a prueba nuestra lealtad, nuestros principios, nuestra solidaridad con los pueblos y hermanos que sufren, el amor por la patria, la familia y la lucha permanente por ser mejores cada día.

Las obras del bien común

Tenemos la importantísima tarea y la obligación moral de hacer mejor lo que ya hacemos bien, corregir lo que necesita ser corregido, denunciar lo que está mal, luchar contra los errores y no dejar que unos cuantos empañen el trabajo que hacemos por lograr el Bien Común de nuestro pueblo. El bien común son:

las nuevas carreteras
los nuevos hospitales
los proyectos de vivienda solidaria
la cobertura total de energía
la educación y la salud gratuitas
el subsidio a los combustibles y al transporte público
la merienda que llega a todos los niños y niñas del país y que les permite estudiar con sus estomaguitos llenos
el bono que llega al productor para su siembra
las capacitaciones gratuitas que recibimos
los préstamos solidarios para nuestro emprendedurismo
las unidades móviles de salud que visitan nuestro barrio y nos atienden sin costo alguno
las brigadas médicas que llegan a los sitios más alejados
la universidad que llega hasta el campo y permite profesionalizarse a los hijos de obreros, campesinos, madres solteras
el parque de diversión al que pueden ir nuestros niños y niñas y para lo cual no requieren privilegio ni afiliación
el derecho al deporte y la recreación
las solidaridad con el hermano cuando entregamos el paquete solidario
la seguridad ciudadana que nos permite movernos sin miedo, que nos anima a sacar nuestras mecedora a tomar el fresco de la tarde sin temor a las balas y pandillas.

Es la paz que hoy gozamos y defendemos con fervor patrio y fervor revolucionario. Y tenemos que decirlo, tenemos que aclararlo, tenemos que mostrarlo, tenemos que gritarlo con orgullo; independientemente de los que digan los “mediuchos” derechosos nacionales y los medios imperialistas.

Estamos a las puertas del 45 aniversario de la revolución y ese es el camino y debemos caminarlo juntos.

Esa es la tarea y debemos asumirla con pasión, humildad y espíritu revolucionario.

Ese es el sueño de los que entregaron sus vidas por la libertad y debemos honrarles con nuestro ejemplo y disponibilidad; esa es la tarea primordial y nada ni nadie debe apartarnos de ella, ni las más duras medidas y patrañas del imperialismo.

El camino es largo y en el trayecto encontraremos piedras, víboras, alimañas vendepatrias, fieras depredadoras; pero nada debe apartarnos de él…y como dijo el Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara: “al imperialismo, ni tantito así”.