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Pensamiento Crítico

«Bien vivir» para redistribuir el poder

Por Aníbal Quijano (*) | Oxfam / El Viejo Topo | 01 Junio 2020

El pasado 31 de mayo cumplió dos años de fallecido el gran sociólogo peruano Aníbal Quijano. Su tesis sobre la colonialidad del poder es un nuevo punto de partida para analizar la globalización y sus efectos en el orden mundial iniciado con la llamada colonización de América.

Los pueblos indígenas y su propuesta alternativa en tiempos de dominación global

A un ritmo cada vez más acelerado, el poder se concentra en pocas manos con la privatización de espacios públicos, de procesos productivos y del propio Estado. La naturaleza se depreda y a la par crece la resistencia social no solo como reclamo para salir de la pobreza sino por una cuestión de sobrevivencia en todos sus ámbitos. El "Bien Vivir" que defienden los pueblos indígenas de América Latina surge como una alternativa para contrapesar este patrón de poder.

Lo que aquí propongo es abrir una cuestión crucial de nuestro crucial período histórico: El denominado Bien Vivir (aunque también se usa los términos "Vivir Bien" y "Buen Vivir", "Bien vivir" es el más antiguo y el más usual en la zona norte sudamericana con poblaciones indígenas. Fue usado por primera vez por Guaman Poma de Ayala. "Buen vivir" es más común en el Altiplano peruano-boliviano), para ser una realización histórica efectiva, tiene que ser visto como un complejo de prácticas sociales orientadas a la producción y a la reproducción democráticas de una sociedad democrática, un modo distinto de existencia social, con su propio y específico horizonte histórico de sentido, radicalmente alternativo, a la Colonialidad Global del Poder (entendida como las relaciones de poder en el mundo) y a la Colonialidad / Modernidad / Eurocentrada. El patrón de poder establecido con "América" produjo una nueva identidad histórica que ahora se llama "Europa Occidental". Esto es, la Colonialidad del Poder se "eurocentró". En ese nuevo contexto, fue producida la llamada "racionalidad moderna" o "modernidad". Por eso, esta perspectiva no podría ser adecuadamente entendida por separado de la Colonialidad y del Eurocentramiento del Poder. Aunque estos últimos términos dan cuenta hoy de relaciones que aún son mundialmente hegemónicas, a la vez enfrentan la más profunda y raigal crisis desde su constitución hace poco más de quinientos años. Dicho de otra forma: hoy el Bien Vivir solo puede tener sentido como una existencia social alternativa, como una Des/Colonialidad o redistribución del poder.

La paradoja eurocéntrica

"Desarrollo" fue, sobre todo en el debate latinoamericano, el término clave de un discurso político asociado a un elusivo proyecto de desconcentración y redistribución del control del capital industrial, en la nueva geografía que se configuraba en el capitalismo colonial moderno, al término de la Segunda Guerra Mundial.

En un primer momento, tal discurso fue virtualmente oficial. Sin embargo, pronto dio lugar a complejas y contradictorias cuestiones que produjeron una intensa discusión, con eco mundial, que se fue desplegando en estrecha relación con los conflictivos y violentos movimientos de la sociedad. Esto llevó a procesos inconducentes o a cambios relativamente importantes, pero inacabados, en la distribución de poder. De modo breve, se podría decir que en América Latina el cambio principal de ese período fue la remoción del "estado oligárquico" y de algunas de sus instancias en la existencia social de la población de estos países.

Pero ni la dependencia histórico-estructural en la Colonialidad Global de Poder, ni los modos de explotación y de dominación inherentes a este patrón de poder, fueron erradicados o alterados suficientemente como para dar lugar a la producción y gestión democrática del Estado, ni de los recursos de producción, ni de la distribución y apropiación del producto. En otros términos, esos cambios no llevaron al "desarrollo".

El fantasma del Estado-Nación

En América Latina, el debate sobre la hegemonía del Eurocentrismo (entendido como un modo de producir y de controlar el imaginario social, la memoria y el conocimiento) llevaba a plantearse el "desarrollo" en relación al Estado/Nación. Pero bajo la Colonialidad Global del Poder, esa perspectiva era históricamente inconducente, precisamente cuando este patrón de poder ingresaba, en su conjunto y a escala global, en un prolongado período de auge y de cambios decisivos que aquí es útil resumir. Lo primero es que el capital industrial comenzó a vincularse estructuralmente con lo que entonces fue denominado como "revolución científico-tecnológica".

Esa relación implicaba, de una parte, la reducción de las necesidades de fuerza de trabajo viva e individual y, en consecuencia, del empleo asalariado. De otro parte, la ampliación del margen de acumulación especulativa como tendencia estructural y no solamente cíclica. Así se fue configurando un nuevo capital industrial/ financiero, que pronto tuvo, relativamente, una rápida expansión mundial. Segundo, surgió un proceso de tecnocratización/ instrumentalización de la subjetividad, del imaginario, de todo el horizonte de sentido histórico específico de la Colonial/ Modernidad/ Eurocentrada, un cambio profundo, radical, de las perspectivas y de las promesas iniciales de la llamada "racionalidad moderna" (o "modernidad"). Por eso mismo, ésta era, en ese nuevo carácter, tanto más atractiva y persuasiva cuanto más paradójica y ambivalente, históricamente imposible en definitiva.

El tercer punto es el desarrollo y la expansión del nuevo capital industrial-financiero, junto con la derrota de los grupos nazi/fascistas de la burguesía mundial, en la disputa por la hegemonía del capitalismo durante la Segunda Guerra Mundial, que facilitaron la desintegración del colonialismo europeo en Asia y África. Al mismo tiempo dieron lugar a la prosperidad de las burguesías, de las capas medias, inclusive de sectores importantes de los trabajadores explotados, de los países euro/americanos.

Como cuarto aspecto aparece la consolidación del despotismo burocrático (rebautizado de "socialismo realmente existente") y su rápida expansión dentro y fuera de Europa, que ocurrió dentro de ese mismo cauce histórico. Dicho modo de dominación fue afectado, de manera cada vez más profunda, por esa corriente tecnocrática e instrumental de la "racionalidad" colonial/moderna.

Lo último que hay que considerar es que en ese contexto, la hegemonía de esa versión de la "modernidad" operaba como el más poderoso mecanismo de dominación de la subjetividad, tanto por parte de la burguesía mundial como de la despótica burocracia del llamado "campo socialista". Sería más difícil explicar de otro modo la exitosa alianza de ambos modos de dominación para derrotar (sea en París, Nueva York, Berlín, Roma, Jakarta, Tlatelolco, o en Shanghai y Praga) a los movimientos, juveniles sobre todo, que entre fines de los 60s y comienzos de los 70s del siglo XX luchaban, minoritariamente pero en todo el mundo. Entonces ya no lo hacían solamente contra la explotación del trabajo y contra el colonialismo y el imperialismo, contra las guerras colonial-imperiales (en ese período, Vietnam era el caso emblemático), sino también contra la ética social del productivismo y del consumismo; contra el pragmático autoritarismo burgués y burocrático; contra la dominación de "raza" y de "género"; contra la represión de las formas no convencionales de sexualidad; contra el reduccionismo tecnocrático de la racionalidad instrumental y por una nueva tesitura estética/ética/política. Pugnando, en consecuencia, por un horizonte de sentido histórico radicalmente distinto que el implicado en la Colonialidad/Modernidad/Eurocentrada. No obstante esa derrota, la simiente de un horizonte histórico nuevo pudo sobrevivir entre la nueva heterogeneidad histórico/ estructural del imaginario mundial, y germina ahora como uno de los signos mayores de la propuesta del Bien Vivir.

Un nuevo período histórico

El desarrollo de aquellas nuevas tendencias históricas del capital industrial-financiero llevó a ese prolongado período de auge y de cambios a culminar con la explosión de una crisis raigal en la Colonialidad Global del Poder, en su conjunto y elementos fundantes, desde la segunda mitad de 1973.

Con esa crisis, el mundo ha ingresado en un nuevo período histórico, cuyos procesos específicos tienen profundidad, magnitud e implicaciones equivalentes, aunque con un casi inverso signo, a los del período que denominamos como "Revolución Industrial -Burguesa". Los términos "neoliberalismo", "globalización" y "postmodernidad" (que aquí no podrían ser discutidos detenidamente) (4) presentan con razonable eficacia (no obstante todas sus ambivalencias y complejidades) el carácter y las tendencias mayores del nuevo período.

Lo primero consiste, básicamente, en la imposición definitiva del nuevo capital financiero en el control del capitalismo colonial/ moderno. En un sentido preciso, se trata de la imposición mundial de la "desocupación estructural", plenamente tramada con la "financiarización estructural".

Lo segundo es la imposición de esa definida trama sobre todos los países y la población humana, que ocurrió en sus inicios, precisamente en América Latina, con la sangrienta dictadura del general Augusto Pinochet en Chile, y después por la política de los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en Inglaterra y en Estados Unidos, respectivamente, con el respaldo o la sumisión de todos los demás países. Esa imposición produjo la dispersión social de los trabajadores explotados y la desintegración de sus principales instituciones sociales y políticas (sindicatos, sobre todo); la derrota y desintegración del llamado "campo socialista", y de virtualmente todos los regímenes, movimientos y organizaciones políticas con los que estaba vinculado.

China, y después Vietnam, optaron por ser miembros del nuevo "capitalismo realmente existente", industrial-financiero y globalizado, bajo un despotismo burocrático reconfigurado como socio de las mayores corporaciones financieras globales y del Bloque Imperial Global (5).

En fin, "postmodernidad" se denomina a la imposición definitiva de la tecnocratización / instrumentalización de la "racionalidad moderna". Esto es, de la Colonialidad / Modernidad / Eurocentrada.

Estamos, pues, inmersos en un proceso de completa reconfiguración del patrón de poder que ahora es reconocible como la Colonialidad Global del Poder. Se trata, en primer término, de la aceleración y la profundización de una tendencia de reconcentración del control del poder. Eso implica la reprivatización de los espacios públicos, del Estado en primer término; la reprivatización del control del trabajo, de los recursos de producción y de la producción/distribución; la polarización social extrema y creciente de la población mundial; la exacerbación de la "explotación de la naturaleza"; la hiperfetichización del mercado junto con la mercantización de la subjetividad y de la experiencia de vida de los individuos. También la consecuente intensificación del control de la subjetividad, por medio del "fundamentalismo" de todas las religiones e ideologías dominantes y de la manipulación y control de los recursos tecnológicos de comunicación y de transporte, para empujarla hacia la dispersión individualista de quienes no resisten, o no son capaces de resistir, a la tecnocratización / instrumentalización de la colonialidad / modernidad.

La explotación de la naturaleza

Aunque de manera apenas alusiva, no sería pertinente dejar de señalar que uno de los elementos fundantes de la  Colonialidad / Modernidad / Eurocentrada es el nuevo y radical dualismo cartesiano, que separa la "razón" y la "naturaleza" (6). De allí, una de las ideas más características del eurocentrismo, en cualquiera de sus vertientes: la "explotación de la naturaleza" como algo que no requiere justificación alguna y que se expresa cabalmente en la ética productivista engendrada junto con la "revolución industrial". No es en absoluto difícil percibir la inherente presencia de la idea de "raza" como parte de la "naturaleza", como explicación y justificación de la explotación de las "razas inferiores".

Es al amparo de esa mistificación metafísica de las relaciones humanas con el resto del universo, que los grupos dominantes del Homo Sapiens en la Colonialidad Global del Poder, en especial desde la "revolución industrial", han llevado a la especie a imponer su hegemonía para explotar las demás especies animales y una conducta predatoria sobre otros elementos existentes en este planeta. Y, sobre esa base, el capitalismo colonial global practica una conducta cada vez más feroz y depredadora, que termina poniendo en riesgo no solamente la sobrevivencia de la especie entera en el planeta, sino la continuidad y la reproducción de las condiciones de vida, de toda vida, en la Tierra. Bajo su imposición, hoy estamos matándonos entre nosotros y destruyendo nuestro común hogar.

Desde esta perspectiva, el llamado "calentamiento global" o "crisis climática", lejos de ser un fenómeno "natural", que ocurre en algo que llamamos "naturaleza" y separado de nosotros como miembros de la especie animal Homo Sapiens, es el resultado de aquella desorientación global de la especie sobre la Tierra, impuesta por las tendencias predatorias del nuevo capitalismo industrial-financiero. Esto es una de las expresiones centrales de la crisis raigal de la Colonialidad Global del Poder.

La nueva resistencia global

Desde fines del siglo XX, una proporción creciente de las víctimas de dicho patrón de poder ha comenzado a resistir a esas tendencias en el mundo. Los dominadores, los "funcionarios del capital", sea como dueños de las grandes corporaciones financieras o como gobernantes de regímenes despótico-burocráticos, responden con violentas represiones, ahora no solo dentro de las fronteras convencionales de sus propios países, sino también fuera de ellas. Así, desarrollan una tendencia a la recolonización global, usando los más sofisticados recursos tecnológicos que acaban con la vida de personas, de manera rápida y con menos costo como lo hace Estados Unidos en Irak o Afganistán. Dadas esas condiciones, en la crisis de la Colonialidad Global del Poder y, en especial, de la Colonialidad / Modernidad / Eurocentrada, la exacerbación de la conflictividad y de la violencia se ha establecido como una tendencia estructural globalizada.

Tal exacerbación de la conflictividad, de los fundamentalismos, de la violencia, aparejada a la creciente y extrema polarización social de la población del mundo, va llevando a la resistencia misma a configurar una nueva expresión de conflicto.

La resistencia tiende a desarrollarse como un nuevo sentido de la existencia social, de la vida misma, precisamente porque la vasta población implicada percibe, con intensidad creciente, que lo que está en juego ahora no es solo su pobreza, como su sempiterna experiencia, sino, precisamente, su propia sobrevivencia. Tal descubrimiento entraña, necesariamente, que no se puede defender la vida humana en la Tierra sin defender, al mismo tiempo, en el mismo movimiento, las condiciones de la vida misma.

De ese modo, la defensa de la vida humana y las condiciones de vida en el planeta se van constituyendo en el sentido nuevo de las luchas de resistencia de la inmensa mayoría de la población mundial. Y sin subvertir y desintegrar la Colonialidad Global del Poder y su Capitalismo Colonial/Global, hoy en su más predatorio período, esas luchas no podrían avanzar hacia la producción de un sentido histórico alternativo al de la Colonialidad / Modernidad / Eurocentrada.

Ese nuevo horizonte, la defensa de las condiciones de su propia vida y de las demás en este planeta, ya está planteado en las luchas y prácticas sociales alternativas.

En consecuencia, en contra de toda forma de dominación-explotación en la existencia social. Es decir, una Des/Colonialidad del Poder como punto de partida, y la producción y reproducción democráticas de la existencia social como eje continuo de orientación de las prácticas sociales.

Es en este contexto histórico donde hay que ubicar, necesariamente, todo debate y elaboración acerca de la propuesta del Bien Vivir. Por consiguiente, se trata, ante todo, de admitirla como una cuestión abierta, no solamente en la discusión, sino en la práctica social cotidiana de las poblaciones que decidan urdir y habitar históricamente en esa nueva existencia social posible.

Para desarrollarse y consolidarse, la Des/Colonialidad del poder implicaría prácticas sociales configuradas por:

a) la igualdad social de individuos heterogéneos y diversos, contra la "desigualizante" clasificación e identificación racial, sexual y social de la población mundial;

b) por consiguiente, las diferencias, ni las identidades, no serían más la fuente o el argumento de la desigualdad social de los individuos;

c) las agrupaciones y/o identidades serían el producto de las decisiones libres y autónomas de individuos libres y autónomos;

d) la reciprocidad entre grupos y/o individuos socialmente iguales, en la organización del trabajo y en la distribución de los productos;

e) la redistribución igualitaria de los recursos y productos, tangibles e intangibles, del mundo, entre la población mundial;

f) la tendencia de asociación comunal de la población mundial, en escala local, regional, o globalmente, como el modo de producción y gestión directas de la autoridad colectiva y, en ese preciso sentido, como el más eficaz mecanismo de distribución y redistribución de derechos, obligaciones, responsabilidades, recursos, productos, entre los grupos y sus individuos, en cada ámbito de la existencia social, sexo, trabajo, subjetividad, autoridad colectiva y corresponsabilidad en las relaciones con los demás seres vivos y otras entidades del planeta o del universo entero.

Los indígenas del "Sur global" y el "Bien Vivir"

No es por accidente histórico que el debate sobre la Colonialidad del Poder y sobre la Colonialidad/Modernidad/Eurocentrada, haya sido producido, en primer término, desde América Latina. Así como no lo es que la propuesta del Bien Vivir provenga, en primer término, del nuevo movimiento de los "indígenas" latinoamericanos.

América Latina es el mundo constituido en las "Indias Accidentales" (irónica referencia a la divulgada idea de "Indias Occidentales"). Por eso, es el espacio original y el tiempo inaugural de un nuevo mundo histórico y de un nuevo patrón de poder. Y, así mismo, es el lugar de la primera "indigenización" de los sobrevivientes del genocidio colonizador, la primera población del mundo sometida a la "racialización" de su nueva identidad y de su lugar dominado en el nuevo esquema de poder.

América Latina y la población "indígena" ocupan, pues, un lugar basal, fundante, en la constitución y en la historia de la Colonialidad del Poder. De allí su actual lugar y papel en la subversión epistémica/teórica/histórica/estética/ética y política de este patrón de poder en crisis, implicada en las propuestas de la Colonialidad Global del Poder y del Bien Vivir como una existencia social alternativa. Bien Vivir es, probablemente, la formulación más antigua en la resistencia "indígena" contra la Colonialidad del Poder. Fue, notablemente, acuñada en el Virreinato del Perú, por nada menos que Guaman Poma de Ayala, aproximadamente en 1615, en su Nueva Crónica y buen gobierno. Carolina Ortiz Fernández es la primera en haber llamado la atención sobre ese histórico hecho.

Empero, si bien América, y en particular América Latina, fue la primera nueva identidad histórica de la Colonialidad del Poder y sus poblaciones colonizadas los primeros "indígenas" del mundo, desde el siglo XVIII el resto del territorio del planeta fue conquistado por Europa Occidental y sus respectivas poblaciones, la inmensa mayoría de la población mundial, fueron colonizadas, racializadas y, en consecuencia, "indigenizadas". Su actual emergencia no consiste, pues, en otro "movimiento social" más. Se trata de todo un movimiento de la sociedad cuyo desarrollo podría llevar a otra existencia social, liberada de dominación, explotación y violencia: a la Descolonidad Global del Poder.

El debate de estos temas ha mostrado a plena luz que la relación social de dominación y explotación fundada en torno a la idea de "raza" es un producto de la historia del poder y de ninguna cartesiana "naturaleza". Pero también hace patente la extrema heterogeneidad histórica de esa población "indigenizada", en su previa historia, por las experiencias durante casi medio millar de años y que ahora produce el nuevo movimiento de la sociedad por la Des/Colonialidad del Poder.

No tendría sentido esperar que esa heterogénea población, que compone la inmensa mayoría de la población del mundo, haya producido o cobijado un imaginario histórico homogéneo, universal, como alternativa a la Colonialidad Global del Poder. Eso no podría ser concebible inclusive tomando en cuenta exclusivamente a América Latina, o a América en su conjunto.

De hecho, todas esas poblaciones, sin excepción, provienen de experiencias históricas de poder, distintas entre sí y distintas respecto de la Colonialidad del Poder, aunque no necesariamente respecto a la colonización. El poder parece haber sido, en toda la historia conocida, no solamente un fenómeno de las existencias sociales de larga duración, sino, más aun, la principal motivación de la conducta colectiva de la especie.

Sin embargo, las poblaciones "indigenizadas" bajo la dominación colonial, primero en "América" bajo Iberia, y más tarde en todo el mundo bajo "Europa Occidental", no solo han compartido en común, universalmente, las perversas formas de dominación y explotación. Aunque suene paradójico, también en la resistencia estos pueblos han compartido comunes aspiraciones históricas contra la dominación, la explotación y la discriminación y que se resumen en la igualdad social de individuos heterogéneos, la libertad de pensamiento y de expresión, la redistribución igualitaria de recursos, así como su control en los diversos ámbitos centrales de la existencia social.

Por todo eso, en la "indigenidad" histórica de las poblaciones víctimas de la Colonialidad Global del Poder no se alienta solamente la herencia del pasado, sino todo el aprendizaje de la resistencia histórica de tan largo plazo. Estamos, por eso, caminando en la emergencia de una identidad histórica nueva, histórico/estructuralmente heterogénea como todas las demás, cuyo desarrollo podría producir la nueva existencia social liberada de dominación, explotación y violencia que es el corazón mismo de la demanda del Foro Social Mundial: Otro Mundo es Posible. En otros términos, el nuevo horizonte de sentido histórico emerge con toda su heterogeneidad histórico/estructural. En esa perspectiva, la propuesta del Bien Vivir es, necesariamente, una cuestión abierta que requiere ser continuamente indagada, debatida y practicada.

(*) Publicado originalmente en "Informe 2009-2010 Oxfam. Pobreza, desigualdad y desarrollo en el Perú, Julio 2010.

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