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¿Son medios o partidos anti progreso?

15 Julio 2013

Por Edwin Sánchez

Uno de los mitos más promovidos por la derecha ultraconservadora en América es que ellos son los máximos líderes de "la prensa libre", aunque reducen los grandes valores del periodismo a inútiles accesorios en sus manos: la "objetividad", la "imparcialidad", "la justicia".

Pero en la subregión de las realidades incompletas, no hay prensa ni lectores: solo negocio y clientela. Es en esta época, más que en alguna otra, donde se imponen los paradigmas del neoliberalismo y hasta la "verdad" se cotiza y se vende con código de barras. Defender la democracia significa conservar el capitalismo en su grado extremo de Codicia Organizada. El resto es "populismo".

Gracias a Dios, todavía hay quienes se resisten a ser víctimas pasivas de ese modelo despiadado: leen, pero no creen todo lo que compran. La lectura de resistencia surge en medio de estos campos de concentración mediáticos, donde la verdad se ofrece en alegre holocausto al dios Mammón.

En algunos países, donde los partidos han perdido la brújula, cierta prensa asalta esos espacios y se pretende convertir en organización política, aprovechando un valor agregado del periodismo mayor: ser la conciencia crítica de la sociedad. Son los partidos impresos que interpretando como pésimos actores el papel de "prensa independiente", hunden y premian, juzgan y condenan.

Tan "libres" se presentan que endosan y endiosan candidatos presidenciales, prefabrican escenarios y reciclan, entre sus pares, una matriz ideológica donde la agenda política es disfrazada de "información", sueltan una falacia y luego se reproduce, vendida ya ni siquiera como una "verdad", sino como dogma en todos sus medios.

Uno de estos "grandes credos", "infalible" además, es que sus ahijados políticos deben ganar pase lo que pase. Si no, ahí está listo el titular para avanzar en línea desplegada macartista contra los herejes que se oponen a la "verdad revelada": "¡Fraude!".

Los partidos en formato de papel y canales de alta resolución se han venido posesionando en el vecindario latinoamericano. Quieren sustituir países enteros, sociedades, partidos e instituciones.

Hay grupos económicos que desde su partido impreso o audiovisual, degradan en una suerte de pensamiento único: todo lo bueno, lo malo o lo feo de un país depende de cómo lo vean quienes se consideran propietarios de las más insignes virtudes humanas. Tratan de sustituir la nación por su propia narración.

Basta repasar algunos titulares para darse cuenta de que la realidad ya no es la principal materia prima de una noticia, sino el resentimiento, la falsedad y el rumor. No se informa, se atiza, sobre todo los odios porque contaminan con la misma velocidad triste de las epidemias tropicales; el amor no, el amor no es tan contagioso, pero donde llega se queda.

En las sociedades nuestramericanas, donde la mayor parte del pueblo llevó siempre las de perder, ahora que empieza a ganar, que está ganando, debido a la matusalénica acumulación de injusticias puede creerle más a la mentira. Es que la costumbre, reproducida por los medios del vetusto status quo, es influencia y los viejos patrones, sean literales o no, también.

El cambio por ser nuevo, solo depende de lo que se va haciendo, de lo que el pueblo va tocando y construyendo, y de la autoridad de sus actores. Por eso, no debe haber tolerancia para la corrupción. El presidente Raúl Castro dijo: "la corrupción es equivalente a la contrarrevolución".

La minoría selecta

Este tipo de prensa no pone todas las cartas sobre la mesa, ocultan los mejores retazos del paisaje real y la gran parte que hace falta la "completan" con el discurso de su minoría selecta ---- algunos líderes religiosos, ciertos empresarios, ONG, dirigentes de siglas pomposas---, donde nadie desentona, todos parecen compartir una mirada uniformada de la vida: lo que piensan no es una opinión más, no, ellos mismos "nos aclaran": es "visión de nación".

Es la hora de Los Cíclopes que destruyendo el periodismo auténtico, todavía se atreven a invocar la libertad de prensa. La libertad de los pueblos no da ni siquiera para una gacetilla.

El escritor argentino, Gregorio Selser, en su obra "El Pequeño Ejército Loco", testimonia que los diarios para el tiempo del General Augusto C. Sandino eran "sanamente nacionalistas, respondían a los sentimientos populares y bregaban por las aspiraciones de cada país, combatiendo con perfecto conocimiento de causa y mejor literatura, los lentos avances del imperialismo norteamericano, al que no se guardaban de mencionar con todas las letras".

El periodismo, no los partidos impresos, es necesario en las sociedades democráticas, entendiendo estas como las de mayor inclusión social en todos los términos, no el vacío ritual electoral de las repúblicas de ficción. Exponer lo bueno y lo malo, lo digno de aplauso y lo criticable, o como dice Jaime Balmes, en Radio Informaciones, de Rodolfo Tapia Molina: "De la prensa resultan, el amor y el odio, la paz y la guerra, la luz y las tinieblas, la verdad y el error, el bien y el mal".

La experiencia latinoamericana nos indica que nuestros pueblos son víctimas de una suerte de periodismo de ocupación, intolerante con aquellos gobiernos que van a fondo con la democracia. Un periodismo donde la tan aclamada verdad solo es un pretexto imposible de leer en el texto.

Latifundios mediáticos

Ahora las "verdades" se cuentan con efectos especiales, pero todavía con el viejo fierro de las antiguas oligarquías representadas por sus latifundios mediáticos. A sus dueños les enerva la sangre que los marginados del sistema dejen de ser indocumentados en sus propios países por culpa de los gobiernos "antidemocráticos" que contradicen la "voluntad" de Dios.

El "periodismo libre" es lanzado sin escrúpulo alguno contra los líderes de esas transformaciones: "clientelismo", "asistencialismo", "dictadura", "enemigos de la libertad de expresión", "manipuladores de los símbolos cristianos", "irrespeto al Estado de Derecho"...

Tal es el gran "pecado" de entrar a los Nuevos Tiempos de los que habla la escritora Rosario Murillo: ver hacia el futuro, dándole su lugar en el presente a los damnificados del capitalismo salvaje. Y que nunca más vuelva al poder el pasado organizado en partidos políticos, aunque siga imprimiéndose o difundiéndose en imágenes irreales de alta definición.

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