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La última carta a Martha Adriana Peralta

23 Julio 2013
La última carta a Martha Adriana Peralta

Este martes, ha fallecido Martha Adriana Peralta, quien fue alcaldesa de Ocotal y dedicó toda su vida al bienestar de la población segoviana.

Una amiga suya le dedica esta carta de despedida.

Querida Martha:

Qué difícil empezar esta carta. La más difícil de las cartas. La última carta. Querida amiga. Querida. Querida. Querida.

La noticia de tu muerte es la peor de las noticias. Querida Martha. Cuántas veces empecé así a escribirte. Ahora se me asemejan demasiado pocas.1 Cuántas veces llegaron tus cartas! Cartas llenas de amor y buenos deseos. Algunas fotos. Algunas esperanzas de volver a vernos. Muchas esperanzas de cambiar el estado de las cosas. Muchas palabras de fortaleza. De adelante. De revolución. Muchas palabras que aunque por culpa de los malos ojos a veces no fueran escritas por ti, si lo estaban por tu corazón. Un corazón valiente. Un corazón bueno. Un corazón como los hay pocos.

Porque si estoy convencida en el valor de todas las personas también estoy convencida de la excepcionalidad de algunas de ellas. De la excepcionalidad de algunos corazones. De ahí los dolores. Quién tiene un corazón en lucha tiene un corazón doliente. Y él tuyo era un corazón en lucha. Un corazón como los hay pocos. Querida Martha. Querida. Querida. Querida.

Recuerdo la última visita. Tu figura voluptosa, tu nariz chata. Tu cabello peinado. Tu voz dulce. Tu voz que canta y que embelesa. Tu voz que cuenta historias. Y es nadie cuenta historias como tú. Nadie nos hace reír como tú. Nos pasamos las horas tomando el té de canela y escuchándote. Y tú sonrisa a pesar de todo. Del cuerpo que duele, de los ojos cansados, del corazón en lucha. A pesar de todo la sonrisa. Y más que la sonrisa la carcajada. Reímos y reímos y celebramos.

El día de la alegría. Una fiesta que amas –qué alegre– dices.  Y bailas al son de las canciones en el patio. El patio de una casa abierta a todo el mundo. Abierta y testigo de tu generosidad sin límites. La casa con la gata Martina y las loras. La casa de José. La casa en la que él te dice– mi negra– con todo el amor de un amor de veras. Querida. Querida. Querida. ¡Qué vacía se queda la casa sin ti! ¡Qué imposible tu pérdida! ¡Qué imposible!

Y aunque te pregunten y cuentes que ya moriste una vez. Bajo los tiros de la contra. Y aunque nos digas que a partir de entonces la vida fue un prestado. "La vida que vivo ahora es regalada"– dices. Y a pesar de ello, ¡qué imposible!

¡Adiós, querida! No ha sido en vano. Detrás de ti quedan los proyectos, las personas. Detrás de ti quedamos todos. Aprendiendo. Humildes. Despidéndonos de ti. De tu generosidad. De tu alegría. Pero nunca de tu revolución.

Hasta la victoria siempre. Querida. Querida Martha.

Marta Pijuan Blanco

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