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La gentileza al conducir es sinónimo de vida

26 Julio 2013

Por Juan Carlos Santa Cruz Clavijo *

En las noticias de todos los días nos enteramos que se produjo determinado accidente de tránsito causado por falta de gentileza de los conductores. Esas escenas salidas de tono se reproducen en la vida cotidiana, en el bus, en los hospitales, en las oficinas de las unidades de policía, y en general en casi todos los lugares en donde se prestan servicios a la población.

La gentileza es un acto que enaltece al ser humano que la ejerce y dignifica a quien lo recibe. Ceder al asiento en un bus, sonreír al prestar un servicio, oir a los demás con atención y respetar su punto de vista hace que quien recibe el mensaje sienta momentáneamente una indescriptible sensación de paz expresada en palabras o gestos.

Modular el tono de voz cuando nos dirigimos a ciertas personas en circunstancias especiales son mínimos ejemplos de un don de gentes que enaltece, y muy por el contrario a lo que creen ciertos despistados que es un "acto de flojera", que se "pierde autoridad" y que te "dejarán de respetar".

Los que hemos consagrado nuestras vidas a la docencia universitaria en donde la competencia de los alumnos se manifiesta con claridad, sabemos de la importancia de los gestos, miradas, sonrisas, respuestas salidas de tono, y como repercute esto en los alumnos, para bien o para mal.

La gentileza en la vida cotidiana tiene sus primeras expresiones en el seno del hogar, en las relaciones familiares de padres con sus hijos, entre los hermanos, y por supuesto en la protección afectiva hacia los ancianos.

En ningún momento es sinónimo de debilidad, al contrario, quien la recibe siente una especie de protección que se la proporciona alguien que está demostrando fortaleza de espíritu y consideración hacia los demás.

El vivir a la defensiva, y hasta los límites de la agresividad nos va generando una dinámica negativa que adquiere notoriedad en los pequeños actos de nuestra vida, pasando por las relaciones familiares y de pareja, en el campo laboral, y con gran notoriedad en la vía pública en donde podemos herir, matar, y también perder nuestra vida. Todo por no ceder el paso a alguien que quizás adoptó el mismo comportamiento reñido con el don de gentes.

La gentileza forma parte integral de nuestro sistema de valores. De manera, que en la vida cotidiana existen dos senderos que nos llevan a distintos destinos. Si transitamos por el sendero de la gentileza, la comprensión, el respeto, vamos camino a la paz, a la convivencia y la solidaridad. Si tomamos el sendero de la agresividad, la imposición, el rencor, desembocamos en la tensión, el odio, la prepotencia, es decir, que simbólicamente rechazamos la paz y preferimos la guerra.

Es por eso que cuando conducimos un vehículo, sea este carro, bus, camión, motocicleta , en nuestras agitadas avenidas, siempre deberíamos tener presente que ceder el paso y ser gentil pueden salvar vidas. Es decir, si optamos por el sendero de la paz, viremos, y si lo hacemos por el de la guerra, seguramente iremos directo a un hospital, la cárcel o el cementerio. La gentileza en un conductor implica vida, lo contrario puede ser la muerte.

*El autor es Sociólogo

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