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Entre los medios y la dignidad humana

12 Noviembre 2013

Juan Carlos Santa Cruz Clavijo*.

En Nicaragua todos los días nos bombardean con el término "alta credibilidad en los medios", y "somos los líderes del primer lugar en audiencia". Mi opinión es que el concepto "credibilidad en los medios debería ser sustituida, por otra palabra más amable como "credibilidad en los medios que confío".

Todos sabemos que los grandes medios están en poder de unas pocas familias nicaragüenses y de un par de empresarios extranjeros. El resto son medios independientes que apenas subsisten.

Estas familias y empresarios tienen posiciones políticas bien definidas y no dudan en arrogarse el derecho de fragmentar la información sobre algunos temas de su interés y que no desean que lleguen a la luz pública.

Los periodistas y presentadores/as que ahí laboran tienen que adaptarse a sus lineamientos, y de lo contrario les resultará muy difícil trabajar en los mismos.

Es cierto que existen noticieros televisivos que buscan el buen perfil de la noticia esmerándose en presentar los sucesos cotidianos con una perspectiva constructiva. De manera que en cada noticia, nosotros los televidentes rescatamos pequeñas dosis de optimismo que retroalimentan nuestra visión global de la vida. Es decir, que esas noticias nos ayudan a reactivar ciertos espacios de la alegría de vivir en medio de las dificultades.

Por supuesto que el medio no puede cambiar la realidad, así que a veces son ineludibles imágenes algo fuertes, pero que planteadas con ese perfil nos ayudan reflexionar. Los sesgos político ideológicos también aquí tienen presencia, así que no todo es color de rosa.

En el otro extremo están los "líderes del primer lugar". Son los de la nota roja que funcionan eficientemente como una especie de divulgadores de las acciones operativas de la policía.

Ahí abundan las noticias como la de la masa encefálica de un niñito esparcida en el pavimento y el mismo niñito en medio de un charco de sangre con la cabeza aplastada por las pesadas ruedas de un bus. En el resto de esos noticieros la sangre humana es lo que más abunda apareciendo derramada en techos, pisos y paredes.

Obviamente que el niñito del cerebro aplastado no era hijo, ni familiar del dueño del medio televisivo.

Están presentes con buena cobertura en todos los operativos de la policía. Hay que reconocer que hacen una buena obra de sensibilización social ante el flagelo de la droga y otros comportamientos delincuenciales.

Los canales televisivos de la nota roja buscan la información en los sectores populares. Es así que filman las condiciones casi infrahumanas que viven muchos de ellos. Luego identifican a las personas involucradas, filman las entrevistas y de paso le preguntan nombre y apellido.

Los televidentes día a día alimentamos nuestro inconsciente con esta información y poco a poco asociamos la pobreza con la delincuencia y la drogadicción. En una palabra vamos arraigando la idea de que los pobres son los que delinquen.

Casi lo mismo ocurre con ciertos accidentes de tránsito en donde los "hijitos de papá y mamá", totalmente ebrios o drogados cometen tropelías de todo tipo, incluyendo asesinatos. ¿Sale su imagen y nombres en sus pantallas?.¿Han visto ustedes a estos "intocables", esposados en el lugar de los hechos y lanzados de cabeza en la tina de una camioneta de la policía?.

No se puede afirmar que sean medios desconsiderados e insensibles dado que son incapaces de identificar por sus nombres y filmar a los apaleadores de mujeres en los sectores pudientes, y mucho menos que cometan la "imprudencia" de filmar sus lujosas residencias, o las placas de sus camionetonas.

Luego cuando los "analistas" comentan los resultados de sus "altísimos niveles de preferencia", hacen ciertas reflexiones de estilo sicológico, que se parecen bastante a un insulto a la inteligencia humana, afirmando muy sonrientes que "está comprobado que esto es lo que al pueblo le gusta". Prefiero no comentar esta afirmación porque también debemos ser tolerantes a sabiendas que les rebotará todo lo que les contradiga.

El carácter ofensivo de emitir noticias en una emisora radial de alcance nacional, está muy relacionado con lo anterior. Ahí diariamente, los locutores se mofan, hacen chistes y se refieren despectivamente a ciertas desgracias como la violación en un adolescente o un joven, así como de la forma de morir de ciertas personas.

Si el joven violado fuera un hijo de uno de estos presentadores, seguramente no tendría el mismo enfermizo humor. En tal caso, es doblemente repudiable el cobijarse en un puesto de lector de noticias para denigrar a jóvenes violados, o burlarse de la memoria de los muertos y por extensión de sus familiares y amigos.

La prensa escrita no está exenta, no tanto por sus artículos, sino por el nivel de complicidad o aval con lo que escriben los que comentan noticias al pie de cada artículo (internet), a través de seudónimos. De manera, que el medio ni siquiera les identifica plenamente, pero en cambio se siente complacido con sus diatribas.

Uno de esos periódicos, ligado a los rancios intereses históricos de la oligarquía, tiene en sus vitrinas elegantes manuales de ética, aunque no parece muy clara su función. Sólo a manera de ejemplo veamos un comentario escrito hoy 11 de noviembre por alguien identificado como Carlos: "El día más triste para la policía, sería el día que se acabe la droga y el narcotráfico.. ellos rezan todos los días para que el narcotráfico prospere y crezca.. sino.. donde obtendrían tanto flujo de dólares ?"

Es vergonzoso el nivel de irrespeto, por ejemplo, hacia el Presidente Daniel Ortega y su familia. Ahí se escribe de todo, desde los que ruegan que se muera de infarto, pero que antes sufra mucho, pasando por los que le auguran una muerte violenta en un accidente de tránsito, hasta aquellos que prefieren que su muerte sea igual a la de Somoza en Paraguay.

No se necesita ser un jurista para asociar la complicidad potencialmente criminal del editor o de la persona que da el visto bueno a estas atrocidades. Si ocurriera algunas de estas desgracias, porque se trata del Presidente de Nicaragua, no hay dudas que quien autoriza esto caerá en el ámbito de cooperador necesario y entonces ya se les verá corriendo a denunciarlo ante la SIP y solicitando en auxilio del CENIDH.

En las trasmisiones televisivas de boxeo en directo el nivel de irreverencia hacia los televidentes es inadmisible. El comentarista asignado, que se supone relata y orienta al televidente, hace todos los esfuerzos posibles para no hacer ninguna de las dos cosas.

Se le puede oir comentando los chats que le llegan, y que por cierto no siempre tienen que ver con el boxeo. Mientras los boxeadores cruzan guantes en el ring, el comentarista asignado continúa hablando en detalle de sus actividades del fin de semana, sobre las tortillas con queso que comió en la casa de doña fulana de tal. Por si fuera poco, a veces continúa relatando anécdotas de algunas peleas de Alexis Arguello, etc, etc.

Cuando finaliza cada round parece que recuerda la razón del por qué está ahí y hace los comentarios pertinentes, que dicho sea de paso, no es que no conozca el tema, sino que no trasmite la pelea.

Ante este bochorno, nosotros los televidentes nos auxiliamos del sentido común viendo las imágenes en mute y encendiendo la radio para oir el relato de la pelea.

Hasta aquí esta reflexión, con un enfoque diferente del habitual, acerca de lo que usualmente se entiende por liderazgo televisivo y su casi nula relación con la calidad del producto.

Aquí estamos poniendo en tela de juicio ciertos parámetros cuantitativos dado que se establecen criterios de liderazgo televisivo- noticieros- aún conscientes del carácter excluyente de la cobertura y con una asociación objetiva entre pobreza y delincuencia. Además que los resultados sudyacentes del enfoque induce a crear un clima y una percepción en los televidentes, casi de manera inconsciente, de inseguridad e incertidumbre en donde la sangre derramada por techos y paredes es el denominador común.

*Sociólogo y Catedrático

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