Escúchenos en línea

El fetichismo del «fraude»

14 Noviembre 2013

Por Edwin Sánchez

Para los días en que el silencioso acecho electrónico made in USA, denunciado por Brasil, escaló la cúspide del escándalo, la presidenta Dilma Rousseff desestimó un encuentro con su homólogo Barack Obama. El acontecimiento dejó ver con claridad a qué apuesta la extrema derecha de Nicaragua.

Citado sin su nombre por el escritor Carlos Alberto Montaner, un ex embajador de Washington, entre la sarta de justificaciones del espionaje de que fue víctima la mandataria brasilera, sobresale que su gobierno está fuera de la sintonía del Departamento de Estado. Parecía, al enfatizar este imperdonable "defecto" del desarrollo, que le recordaba su viejo deber de colonia norteamericana.

Por supuesto, para Montaner eso es lo natural, como si formara parte de la letra menuda de cómo funciona la Ley de Gravedad en el hemisferio. De ahí que no cuestione desde una saludable posición ética, fisgonear el ámbito privado de las personas, máxime cuando sobre sus hombros está la enorme responsabilidad de dirigir los destinos de un país. Aquí los sacrosantos valores de la Democracia son respetados tanto como las sonatas de Beethoven en un congreso de raperos.

"El gobierno (de Brasil), sencillamente, ignora los fraudes electorales llevados a cabo en Venezuela o en Nicaragua, y es totalmente indiferente ante los atropellos a la libertad de prensa", dijo el espumoso personaje, lavando las calumnias de la rancia derecha para escurrirlas como retorcida verdad en el tendedero mediático.

Son los "pecados" de Rousseff por los cuales los abanderados de la propiedad, la vida y los asuntos privados, la "condenan" a "socializar" sus correos electrónicos y otras sensibles comunicaciones.

Ya se ve cuál es el "mercado" hacia dónde se exporta y para qué sirve esta suerte de ídolo multiuso del "fraude", esculpido por la minoría extremista de la oposición, que al no reponerse de su lastimoso fracaso electoral de hace dos años, no le importa acabar con todo el país.

Pero la política exterior de un Estado, en este caso de Brasil, no puede basarse en los traumas personales de quienes perdieron aparatosamente los comicios, mucho menos en sus catárticas patrañas.

Tanto el ex diplomático como el analista Montaner parecen estar de acuerdo con vulnerar la soberanía de los Estados, solo porque Brasil, como los gobiernos de todo el mundo, reconoció al Presidente Constitucional de Nicaragua, comandante Daniel Ortega.

Así funciona

Antes, los nefilim de la Casa Blanca, Taft, Roosevelt, Wilson, Harding, Coolidge…, daban contundentes lecciones de Democracia desde sus cañoneras. Como no había correos electrónicos que intervenir, su política de tierra firme consistía en alcanzar un pedazo de territorio --- casi siempre sembrados de bananos y generales ambiciosos--- para instalar a sus empleados en vez de presidentes mal portados.

Hoy ya no es una política del Despacho Oval, pero quedan en los pasillos del viejo orden los viejos gigantes de la Guerra Fría que aprovechan las falsedades de exportación como cabezas de playa, aunque no sean como las de antes.

La derecha conservadora después de haber generado tamaña falacia, recicla su idolatrado producto como si fuera algo independiente de ella, llegando al fetichismo político de venerar sus falsedades colocadas con devoción en los altares mediáticos del exterior.

Siempre aparecerán los ex a lo Otto Reich, esos hoscos y pocos amables halcones de los años 80, que se encargan de "lavar" los embustes de sus operadores internos. Luego, otro ex, preferiblemente candidato, como si no formara parte del montaje, se presenta como observador "casual". Haciéndose el "neutral", alega, ahora que los ojos del mundo están puestos sobre Nicaragua al ejecutar el fallo de La Haya:

"Sería grave que Ortega agregue al desprestigio internacional, por su política interna, razones para que Nicaragua sea percibida como belicosa y pleitista". La "política interna" la define el mismo "observador": "Para el CSE, 2 más 2 en vez de 4 es 6, 8…".

Así cuenta la derecha

Es al revés, pero se trata de presentar el "desprestigio…" como algo ajeno a sus promotores locales, cuando todo es parte de la misma matriz: para la derecha VIP-PLI, Fabio Gadea + Edmundo Jarquín = Juan Luis Guerra y Luis Miguel en un solo combo.

Insolventes plazas + calles desérticas = incontenibles multitudes de fans. 0.3% de… (M&R) + 3% PLI (Cid Gallup) = "La plenitud del pueblo de Nicaragua".

La idea de fondo era y es, en la misma vena, paralizar el Estado, magnificar temas de derechos humanos que son cotidianos en las metrópolis, causar ruido, y lo que no se pudo hacer por falta de pueblo nivel nacional el 6 de noviembre de 2011, procurarlo en una puesta en escena de consumo foráneo:

Afectar las buenas relaciones con organismos internacionales, incidir nocivamente en la cooperación externa, atacar el proyecto del Gran Canal, reeditar el enfrentamiento Este-Oeste, ahora con Rusia y China; avituallar la guerra mediática con los personajes más retrógrados de la derecha colombiana y el incondicional servicio de los descendientes de aquellos antediluvianos para ponerle la tapa al pomo.

Esto nos recuerda el 9 de septiembre de 1823, cuando el gobierno de Costa Rica envió un representante a León, sede del gobierno de Nicaragua, para pedirle campantemente que le entregaran Nicoya y Guanacaste.

Como León estaba enfrentado al Departamento Oriental y a esa administración pertenecían las regiones codiciadas, con tal de causar daño a los líderes de Granada que contaban con pueblos y valiosas haciendas en esa considerable extensión, prefirieron desmembrar, de manera ilegal, buena parte del mapa de Nicaragua en favor de Costa Rica.

Triste, como triste es el futuro de esta derecha: su actualidad es el pasado.

Comentar     Arriba

Descarga la aplicación

en google play en google play