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Una Constitución para los Nuevos Tiempos

20 Noviembre 2013

Por Carlos Midence.

La Revolución Sandinista, como todos los grandes acontecimientos históricos/sociopolíticos, tanto en su primera etapa, como en los momentos actuales de su segunda etapa de transformaciones, ha generado una serie de opiniones, debates, ideas, tanto a nivel nacional como internacional en lo que concierne a sus programas, sujetos/actores, políticas públicas y propuestas transformadoras. Es así que, luego de haber transitado estos siete años de cambios (2007-2013) la Revolución Sandinista, bajo la conducción del Comandante – Presidente Daniel y la Poeta Rosario Murillo, junto al pueblo nicaragüense, impulsa uno de sus mecanismos transformadores más profundos, más substanciales. Nos referimos a las reformas constitucionales, en las que se contemplan la juridicidad de una serie de cambios, cuyos objetivos son agilizar, dinamizar la erradicación de la pobreza y el hambre y colocar a nuestro país, a nuestra Constitución en un rango de simultaneidad con las demandas sociales del pueblo mismo. La Revolución Sandinista en su segunda etapa ha cambiado Nicaragua y, estos cambios requieren nuevas leyes, nuevas instituciones, es decir, una nueva legislación que esté a tono con los objetivos planteados y, dejar de lado el Estado burocrático/burgués/ mínimo/inoperante que el neoliberalismo había tratado de implantar en nuestro país.

En este sentido, es fundamental establecer que los cambios que ha venido promoviendo la Revolución y, las reformas constitucionales no son la excepción, tienen su asidero en el saber, sentir y actuar del pueblo nicaragüense. Los dirigentes de la Revolución, Comandante-Presidente Daniel Ortega y Poeta Rosario Murillo, han promovido los mecanismos suficientes para que el pueblo mismo, no sólo opine, sino que demande, proponga y construya los cambios ejecutados en estos años de Revolución y, las reformas son parte de estas fundamentales transformaciones. Es así que han salido los detractores de oficio a opinar sin fundamento alguno sobre estos hechos y, al calor de las contradicciones sin sentido, han empezado a inventar y proferir denuestos inverosímiles a los que el pueblo y sus diversos segmentos: productores, empresarios, iglesia, mujeres, jóvenes, obreros, actores/ sujetos principalísimos de la Revolución, ha hecho caso omiso. Cabe preguntarnos qué dijeron tales individuos cuando el neoliberalismo destrozó la Constitución de la primera etapa de la Revolución, consultada a la ciudadanía en las plazas, buses, parques y comunidades y que otorgaba todos los Derechos al pueblo y, con eso desmontar el Estado Revolucionario erigido desde julio de 1979.

En estos Nuevos Tiempos la Revolución viene a poner en concordancia la realidad que el pueblo nicaragüense vive y desarrolla: participación, protagonismo, restitución de Derechos, fomento del bien común, principios y prácticas de solidaridad, con la Constitución Política. Es decir, pone en paralelo el país de todos los días con el país constitucional, máxime que dichas reformas han sido discutidas y re-planteadas por la ciudadanía en las diversas instancias de discusión y aprobación. Una constitución política para la Nueva Nicaragua que estamos construyendo, como bien lo estableció Sandino. La Revolución y su dirigencia, entonces, con las reformas constitucionales promueve un Estado que reconoce que existen otras formas de Democracia: la participativa y la comunal y con ello el pueblo de Nicaragua está consciente que tiene la oportunidad histórica de construir ese Nuevo Estado y, el bien común tan buscado y necesario para todas las familias del país.

Veamos: las instituciones y leyes creadas por el neoliberalismo no pueden pertenecer a un país como la Nicaragua de hoy que se encuentra en el camino de los países productivos, con justicia social, profundización democrática y participación popular. El actual marco institucional y las características de las organizaciones que se han desarrollado en éste son resultado de la restauración libero-conservadora de los 16 años de retroceso, más de una década de políticas neoliberales, que recurrieron al terrorismo de Estado y a la violación sistemática de los derechos humanos, tratando de sustituir el Estado social de Derecho y bienestar que la Revolución Sandinista en su primera etapa había instaurado, por la ley de la selva del mercado y del sálvese quien pueda.

Esto nos lleva a tratar dos temas centrales: por un lado, cuáles son los cambios institucionales necesarios para romper la trayectoria heredada por el neoliberalismo y cuál debe ser la estrategia para lograr dichos cambios. Ambos temas requieren, para lograr un abordaje adecuado de los mismos, disponer de algunas hipótesis acerca de la dinámica del cambio institucional y de los lineamientos que sustentan la elaboración y prolongación de proyectos alternativos de desarrollo, entendidos éstos como un conjunto organizado de cambios institucionales y de políticas socioeconómicas orientadas por un horizonte cultural y de valores que supere las graves carencias de la población nicaragüense en su conjunto, todo herencia del neoliberalismo. Es importante, entonces, dejar claro que la Revolución en esta segunda etapa, ha dado pasos firmes en puntos estratégicos como la erradicación de la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la desnutrición infantil, recreación sana que incluye promoción del deporte, la cultura y, la recuperación de la infraestructura: caminos, carreteras, energía, ambientes escolares, hospitales, espacios públicos, agua potable, lo mismo que financiamiento a la producción, todos, factores vitales para la economía nacional y, por lo tanto ha dado pasos sólidos en el mejoramiento de la vida de miles de familias nicaragüenses.

Ahora bien, al momento de abordar las reformas propuestas por el pueblo, mediante los dirigentes de la Revolución, es necesario aclarar que muchos de los elementos planteados, son mecanismos que el pueblo nicaragüense ya está poniendo en práctica. Es decir, estas reformas, las ha venido implementando la ciudadanía y lo que la Revolución está proponiendo es la elevación a ley de estas dinámicas vivas y activas tales como: el cuido total a la Madre Tierra, la incorporación en un sentido equitativo de las mujeres a todos los espacios laborales, institucionales, cargos de elección popular, la incorporación de los nuevos límites territoriales nacionales, respaldo total al rol activo de las familias y la comunidades en la participación directa en decisiones y políticas públicas del Estado nicaragüense, la institucionalización de los consejos tripartitos: trabajadores, gobierno y empleadores como actores activos en la preparación y puesta en práctica de los programas de desarrollo, la participación de miembros del ejército y la policía en responsabilidades públicas, supeditados a la autoridad civil, aprovechando de esta manera la alta eficiencia y experiencia organizativa y administrativa de éstos. Las reformas constitucionales nos ponen a la altura de los nuevos tiempos, como le denomina a esta época la Poeta Rosario Murillo, a la altura de la dinámica de un Estado que promueve, preserva, acompaña, delega el poder en su pueblo, delega el mando, el manejo de la cosa pública, por lo tanto las reformas son la institucionalización de las conquistas del pueblo nicaragüense en esta segunda etapa de la Revolución en todos los espacios: social, político, económico, ecológico, espiritual, entre otros. Ante esto, preguntémonos: ¿Quién podría estar en contra de estos mecanismos que el pueblo ya pone en práctica? Sólo los que pretenden hacer creer que las sociedades son estáticas, que no cambian, es decir, los que no quieren que el pueblo sea libre, autónomo, independiente y tome la riendas de su destino, no obstante, el pueblo está claro, las múltiples aprobaciones que se han dado a conocer mediante diversos organismos, actores, entidades y, la ciudadanía de forma general, hablan por sí mismas.

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