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La Reelección

24 Noviembre 2013

La no reelección nació en México. Una demanda popular contra el continuismo dictatorial de Porfirio Díaz. No fue pues un movimiento antirelecionista sino contra el continuismo dictatorial. Dos categorías electorales perfectamente diferenciadas hoy día pero consideradas iguales en aquella coyuntura. El desarrollo de la ciencia política no daba para más. La no reelección fue entonces una consigna revolucionaria lanzada por Francisco I. Madero, primer presidente de la revolución mexicana que estallo en 1910, quién sería asesinado por las fuerzas del continuismo.

La misma demandan que harían posteriormente los pueblos centroamericanos: contra Ubico en Guatemala, contra Martínez en El Salvador, contra Carías en Honduras, y contra Somoza en Nicaragua. En igual lo harían los pueblos del Suramérica contra: Vicente Gómez y Pérez Jiménez en Venezuela, y con Rojas Pinilla en Colombia. Y más tarde contra las dictaduras militares ingenuamente encubiertas con recambio de gobernante. Todas creadas por Washington.

Después surgió un movimiento por la limitación de la reelección. Fue en Los Estados Unidos. Un movimiento contra el liderazgo único, tan necesarios en la historia para revertir situaciones regresivas y por lo mismo potencialmente catastróficas. Nació en Los Estados Unidos después de la muerte de Franklin Delano Roosevelt, quien había revertido la quiebra económica del país y llevado a feliz término las negociaciones de paz postsegunda guerra mundial —incluso en contra de Inglaterra, aliándose con la URSS. Roosevelt fue electo en 1932, y reelegido en 1936, 40 y 44 tres reelecciones consecutivas —la muerte le impidió cumplir su último mandato. Su vicepresidente Harry S. Truman, que le sucedió, desbarató todo lo actuado por Roosevelt en materia de paz y equilibrio geopolítico internacional. ¿Quién no sabe que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki?, regresando a la política guerrerista del imperio.

Luego Washington unió el movimiento antirelecionista (anticontinuista como se aclara más arriba) con el de limitación de la reelección. Única forma de parar los liderazgos únicos de las distintas revoluciones triunfantes latinoamericanas. Un movimiento sin ninguna base teórica —ciento por ciento mediático. Manipulando la sensibilidad popular, igualando reelección con continuismo dictatorial —paradójicamente creado por Washington y sus agencias de seguridad e inteligencias, en todos los casos. Obviamente con el obsecuente apoyo de los partidos políticos entregados al imperio y de sus líderes peleles.

Pero hoy día, a principios del siglo veintiuna, estalló la nueva revolución latinoamericana por la segunda independencia de América Latina y El Caribe, conducida por liderazgos únicos, como lo fue y continúa siendo la revolución cubana. O por líderes progresistas asumidos por sus respectivos pueblos con potencialidad de convertirse en revolucionarios, demandando le reelección continúa e indefinida para garantizar la pervivencia de la revolución o el tránsito del progresismo a la revolución.

Washington nuevamente enarbola la no reelección en América Latina y El Caribe para reinstalar el continuismo dictatorial. El nuevo paradigma norteamericano es nada menos que Augusto Pinochet. ¡Viva Pinochet! es la consigna de Washington y de los partidos políticos de derecha y de sus líderes peleles.

Sin embargo, ahora el desarrollo de la ciencia política y de los pueblos ahora es mucho mayor. Los pueblos ya no confunden reelección con continuismo dictatorial y demandan los liderazgos únicos que conducen las luchas nacionalistas y antimperialistas. La consigna popular de la región es ¡Viva la revolución¡ ¡Viva el liderazgo único¡

Managua, domingo24 de noviembre de 2013

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