Escúchenos en línea

El pacto de las reformas en 1995

26 Noviembre 2013

Por Edwin Sánchez.

Las "reformas" que una minoría parlamentaria sin respaldo real de la sociedad impuso en 1995, desde un precario cinco o menos por ciento, tal como quedó demostrado en las elecciones de 1996, no fueron para "reencausar el sistema nicaragüense" y "fortalecer" el Estado de Derecho.

El protagonismo de la ciudadanía que votó masivamente por doña Violeta Chamorro y por el expresidente comandante Daniel Ortega, que en conjunto sumaban un solvente 95.5 %, fue mandado al carajo. Ninguna de sus representaciones mandatadas por el voto soberano fue tomada en cuenta.

Rara manera de concebir la democracia, a partir de un Golpe de Estado contra la Administración 1990-1997, desde la Asamblea Nacional controlada por siglas minoritarias y políticos que alcanzaron sus curules gracias al aventón de la desaparecida Unión Nacional Opositora y del mismo FSLN.

Estas fracciones rompieron con la titular del Ejecutivo y con el Frente Sandinista. 32 de los 39 diputados electos por la población sandinista formaron tienda aparte, encontrándose en el camino, para sus fines, con la contraparte de una exigua división demócrata cristiana y otros fragmentos con quienes negociaron un Pacto.

El "piadoso" pretexto es que se limitaban las atribuciones al Presidente. Sin embargo, toda esa potestad fue arrebatada en función de engendrar un híbrido que se colocaba por encima de los demás poderes para convertirse en una Guillotina Parlamentaria que se afilaría en el esmeril de las pasiones inferiores. Antonio Lacayo lo llamó "Dictadura parlamentaria".

La sociedad, casi el 100% de los votantes, bueno es insistir, nunca fue consultada para esos quiebres, requiebres, recomposición y descomposición en la Asamblea Nacional. Fue un Pacto arreglado bajo la mesa, con pasadas de cuenta y ajustes de traidos entre flamantes cúpulas, cuñados incómodos y otras miserias que se alistaban a coronar sus inconclusas ambiciones en la contienda electoral de 1996.

Que ahora se trate de revestir de legitimidad y, como si fueran los redentores de la nación, proclamar que se trataba de una "necesidad imperiosa" para "democratizar" las instituciones, no es más que sacralizar estas pequeñas mitologías a falta de grandes historias verdaderas.

Los "reyes del consenso"

Más que pensar en el pendón bicolor, los improvisados "reformadores" colocaron en el patíbulo a sus potenciales oponentes en una carrera sin escrúpulos por el poder. El principal objetivo de las "reformas" era sacar del juego al ministro Lacayo y terminar de enterrar, en sus mentes, al expresidente Ortega en la misma fosa del FSLN.

Como dominaban el Parlamento, creyeron que mantendría tal control tras los sufragios del 96, que también era su Plan B, en caso de no obtener la victoria presidencial. Desde ahí, cocinaron la merienda institucional del Estado. El primer ensayo era gobernar desde la Asamblea Nacional contra su primera víctima, doña Violeta Chamorro, salvada a última hora por la Ley Marco.

La mesa, creían, estaba servida...

El 7 de febrero el Parlamento sancionó las "reformas", pero, señala la revista Envío de 1995, "unas horas antes la Presidenta Chamorro anunció en mensaje al país que no promulgaría las reformas, descalificándolas por romper el equilibrio de poderes".

Se produjo una crisis institucional. "Al iniciarse el 25 de enero la segunda ronda de discusiones sobre las reformas... la presidenta Chamorro pidió a los legisladores 10 días de plazo para lograr un consenso previo a través de comisiones Ejecutivo -Legislativo formadas para el caso".

La dama anunció que el 27 de enero enviaría por escrito sus comentarios al proyecto. Pero a los que hoy se presentan como los "reyes del consenso" no había quién los parara con su aplanadora "hechiza": "Por 64 votos a favor y 18 en contra, los diputados decidieron continuar las discusiones sin esperar los 10 días ni las comisiones. La Presidenta decidió no enviar sus comentarios", refiere Envío.

Fue el equipo de doña Violeta, es decir la misma derecha, la que se opuso rotundamente a aquel juego sucio de los extremistas que ahora se trata de lavar como "trascendental aporte a la constitucionalidad". "Mientras el debate sobre las reformas avanzaba en el Parlamento, el Ejecutivo desplegó varias acciones para detener el proceso. Una intensa campaña en los medios para convencer a la opinión pública de que las reformas no tienen consenso. (La campaña recrudeció tras la aprobación de las reformas). Una convocatoria de urgencia al Cuerpo Diplomático denunciando que el Legislativo pretende dar ´un golpe de Estado´ al Ejecutivo. Un dramático Mensaje a la Nación de la Presidenta (27 enero) dejando ´constancia histórica´ que lo intentó todo para impedir lo ocurrido". (Envío)

Como siempre, desde el seno del Legislativo controlado por partículas de la antigua UNO y el MRS, trataron de enlodar al Ejército Nacional por pura especulación, al ver que los cuarteles seguían subordinados a su Jefa Suprema. Entonces hablaron de un "fujimorazo", que el Ejecutivo mandaría a las tropas a poner "orden" en el Parlamento, y toda la vieja película que siguen pasando hoy contra los militares. Por supuesto, tanto el Estado Mayor como la Presidencia, y sobre todo la realidad, negaron tal infundio.

Humberto Ortega, en su libro "La Odisea por Nicaragua" señala que "En febrero de 1995 se reforma parcialmente la Constitución sin consentimiento del FSLN ni del PLC que representan el 90% del apoyo popular". Realmente, no era el PLC, sino doña Violeta-UNO.

Fueron tan nefastas las "reformas" que el transparente Mariano Fiallos Oyanguren, a la sazón presidente del CSE, debió renunciar ante el autoritarismo de la filosa minoría legislativa. En 1995, "la Asamblea Nacional alteró los procedimientos para designar a las autoridades electorales locales y regionales. En 1990, éstas habían sido seleccionadas por el CSE después de un amplio proceso de capacitación; a raíz de la reforma, serían escogidas de listados propuestos por los partidos políticos. El Dr. Fiallos predijo que este cambio politizaría el aparato electoral y renunció a su cargo en protesta". (Historia de Nicaragua. IHNCA, 2012, p. 349).

Lo que no contaron es que el pueblo llevó al poder a un personaje, que junto al del segundo lugar, no estaban invitados ni por cerca al banquete: Arnoldo Alemán obtuvo el 51.3 % de votos; el FSLN el 37.75%, un porcentaje que resintió el golpe del CSE del 96, controlado en buena parte por el MRS, al anular el 14% de las boletas válidas en Managua y el 11% de los resultados en Matagalpa. Y otras graves irregularidades.

El MRS quedó orillado con un 2%. Y ya no pudo estrenar con sus pares los superpoderes que le otorgaron a la Asamblea.

En otras palabras, los "partidos" que tramaron los cambios para pasar facturas y alzarse con el poder, disfrazados de "demócratas" y respetuosos del Estado de Derecho, no contaron siquiera con el 5% del respaldo del soberano. ¿Por qué ahora reclaman el consenso que jamás toleraron?

Las elecciones de 1996 fueron un Plebiscito contra la dupla MRS/UDC. "Los otros 21 partidos que participaron en las elecciones a la Presidencia acumularon entre todos el 11.22% de los votos válidos. De todos esos partidos, 19 no lograron alcanzar siquiera el 0.60% del total de los votos válidos del electorado nacional". (Enciclopedia de Nicaragua, p. 179)

Fueron las cuentas de la lechera: una Democracia a la Carta que no fue hecha precisamente para salvar de la desgracia al pueblo, mil veces castigado por los planes de ajuste estructural en los años más crudos de la molienda humana del neoliberalismo.

Comentar     Arriba

Descarga la aplicación

en google play en google play