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La masacre sionista de niños en Gaza y el señorío de Jesucristo

04 Agosto 2014

Por Carlos Escorcia Polanco.

Las imágenes son dantescas, inocentes criaturas de entre uno y nueve años son masacrados por la aviación israelí y aparecen con los sesos de fuera. Según CNN en inglés, en la cruel guerra de agresión del estado sionista de Israel contra el pueblo palestino en Gaza, la élite gobernante judía está perdiendo la batalla de la opinión pública.

Pero mas espeluznante que asesinar niños inocentes en Gaza, lo es proveer la justificación ideológica falsamente bíblica que pretende blanquear semejante genocidio y crímenes de Lesa Humanidad, perpetrados por el estado sionista de Israel contra el pueblo palestino.

Muchas Iglesias evangélicas fundamentalistas al justificar el asesinato masivo de criaturas inocentes en Gaza, predican “otro evangelio”, un evangelio que no está en el Nuevo Testamento, ni tampoco es el Evangelio que Cristo predicó. Dicen que el actual estado sionista de Israel es “la simiente de Abrahm”, obviando gravemente que la promesa de Dios a Abraham se cumple con la muerte redentora de Jesucristo para ser bendición a todas las naciones de la tierra.

El Evangelio de Juan es sumamente claro cuando dice: “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” [Juan 1:17] . Este falso evangelio “judaizante”, fiel a la ley de Moises y no a Cristo, prácticamente tira al cesto de la basura el mensaje de Jesucristo, el cual por fidelidad a las Sagradas Escrituras debe ser cristocéntrico y cristológico.

Todo el mensaje del Evangelio debe girar alrrededor de la persona de Jesucristo, el Rey de Reyes y Señor de Señores. El centro de nuestra predicación no puede basarse en la supremacía del moderno estado sionista de Israel sino en el señorio de Jesucristo. El sionismo no salva, solo Cristo salva. No fue el estado sionista de Israel el que murió clavado en una cruz por nuestros pecados, sino Jesús de Nazareth.

Desde sus inicios, los judíos rechazaron a Cristo y lo declararon impostor. El evangelio de Juan es uno de los que con mayor claridad se ocupa de este transcendental asunto:

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” [Juan 1:11-14].

La vida eterna no proviene de los genes o del ADN de nuestros padres biológicos, mucho menos del código genético de los judíos, ya que la inmensa mayoría de la humanidad no somos judíos. La vida eterna consiste en conocer al Dios verdadero y no en idolatrar a una nación estado conocido como el estado sionista de Israel:

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” [Juan 17:3]

Abraham no es superior a Cristo, como alegaron los escribas y fariséos que se regían por la ley de Moisés y no por la Gracia que vino a proclamar Jesucristo. El verbo existencial de Juan 1:1 “En el principio era el verbo y el verbo estaba con Dios y el verbo era Dios” es reafirmado en el versículo 14 del mismo capítulo de Juan cuando dice “Y aquel verbo fue hecho carne y vimos sus gloria, gloria como del unigénito del padre, lleno de gracia y de verdad.”

El capítulo 8 del evangelio de Juan, narra una fuerte confrontación entre Jesucristo y los sionistas de su tiempo, los escribas y fariséos, en un áspero intercambio de palabras entre el redentor de la humanidad y los antepasados de los sionistas modernos, según estos pasajes que de manera estractada cito:

JESUCRISTO: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” [Juan 8:32]

FARISEOS: “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. Como dices tú: Sereis libres?” [versículo 33].

JESUCRISTO: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” [versículo 34].

FARISEOS: “Nuestro padre es Abraham” [versículo 39].

JESUCRISTO: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” [versículo 44].

FARISEOS: “¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? !!Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo?” [versículo 53].

JESUCRISTO: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” [versículo 56].

FARISEOS: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? [versículo 57]

JESUCRISTO: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

Jesús de Nazareth es ese mismo verbo ser que denota existencia, acción o pasión que se revela a Moises en la zarza ardiente cuando Moisés le pregunta a Dios, cual es tu nombre, Dios contesta: “yo soy el que soy”, siendo el mismo que le dice a los fariseos, “antes que Abraham fuese yo soy”.

La revelación de Jesucristo en carne por medio de la virgen Maria, según las Sagradas Escrituras “aquel verbo fue hecho carne” nos habla del carácter transcendental de la divinidad de Jesucristo que derrotó a la muerte, ya que aun estando en el reino de la muerte, seguía siendo el autor de la vida por que “en el estaba la vida y la vida era la luz de los hombres”[Juan 1:4].

Pretender que la supervivencia del estado sionista de Israel hoy, es la piedra angular del Cristianismo es una aberración teológica insostenible. Se trata de ese viejo debate que tuvo el mismo Jesús con los religiosos de su tiempo, los fariseos, escribas, saduceos y maestros de la ley. El estado sionista de Israel no salva, solo Cristo salva.

La promesa de Dios a Abraham y a su descendencia “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra” [Genesis 22:18], tiene su pleno cumplimiento en Jesucristo y no en la creación del estado sionista de Israel.

El sionismo moderno tal como lo conocemos hoy, constituye una contradicción fundamental con el Israel del Antiguo y Nuevo Testamentos. El moderno estado de Israel es un estado paria, aislado en el concierto de las naciones, como lo comprueban las constantes condenas que ha sufrido en la Asamblea General de las Naciones Unidas, ONU, en Nueva York.

Durante la lucha del pueblo de Nicaragua por derrocar a la dictadura somocista, una de las pocas naciones en el mundo que apoyaron a la tiranía somocista fue Israel. Jimmy Carter tuyo que ordenarle a la CIA que interceptara en alta mar un barco israelí que traía armas para Somoza.

Los evangélicos sionistas de nuestro tiempo tienen que decidir si van a vivir bajo la dispensación de la ley de Moisés [estadio histórico teológico basado en las tesis del escritor evangélico fundamentalista Cyrus I. Scoffield], o sea el otro evangelio judaizante o vivir bajo la dispensación de la gracia, inaugurada con el advenimiento de Jesús de Nazareth.

El énfasis contemporáneo sobre la supremacía del estado de Israel, supuesto único canal de las bendiciones de Dios a la humanidad por medio de “la simiente de Abraham”, se convierte en un concepto racial y no en una cuestion de fé. Tampoco le hace justicia a la teoría del premilenialismo de Scofield, considerado el gran académico evangélico del Dispensacionalismo

El dispensacionalismo es la creencia que entre el momento de la creación en Génesis y el juicio final en el libro de Apocalipsis, se dan 7 etapas históricas o dispensaciones las cuales definen distintas momentos y formas que Dios tiene para tratar con la humanidad. Tal conjunto de dispensaciones sirve como marco de referencia para sintetizar e interpreter el mensaje de la Biblia a lo largo del devenir histórico de la raza humana.

La biblia anotada de Scofield es la fuente principal de toda una serie de referencias que marcan una virtual calendarización de juicios sobre la humanidad, popularizadas por autores como Hal Lindsey y Tim LaHaye, autores de extrema derecha, caracterizados por una idolatría al estado sionista de Israel en detrimento de la suprema autoridad de Jesucristo como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” [Juan 1:29].

El éxito de las anotaciones de Scofield alrededor de las Sagradas Escrituras, fue un factor que permitió un énfasis en la especulación escatológica de los momentos de Dios en la historia. Se trataba de calendarizar el actuar de Dios en la historia, especialmente los tiempos del fin. Aun Jesucristo claramente advirtió no caer en tales ligerezas al advertir, “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.” [Mateo 24:36]

Si queremos ser fieles a las Sagradas Escrituras y no caer en apostasía y anatema, al defender posturas teológicas terrenales como la de los escribas y fariséos; si queremos proclamar el señorío de Jesucristo por sobre todas las cosas, los evangélicos debemos a colocar al Cristo de Nazareth, no solo en el centro de la historia, sino en el centro de nuestras vidas y de la proclamación del Evangelio, tal como nos lo dice el apostol San Pablo refiriendose al mesías prometido, al redentor, al Rey de reyes y Señor de Señores, Jesucristo hombre:

“Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dió un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre [Filipenses 2:9-11].

A la luz de los crímenes de Lesa Humanidad cometidos por el ejército israelí en Gaza y la condena del mundo entero de tales masacres, el dejar de proclamar el señorío de Jesucristo, para satisfacer los mismos prejuicios ideológicos y religiosos que enfrentó Jesucristo, sería la mas grande “abominación desoladora” que contra si misma podría cometer la iglesia evangelica de los tiempos modernos.

[Carlos Escorcia Polanco es analista politico nicaraguense afincado en Los Angeles, California]

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