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Científicos en la hoguera del medioevo

12 Septiembre 2014

Por Edwin Sánchez

La derecha autoritaria se disparó contra los científicos a la velocidad del asteroide que de acuerdo a los indicios, cayó el fin de semana pasado, y hasta con la misma falta de luz.

Cuando el Gobierno Sandinista, a través del vicecanciller Orlando Gómez, solicita sus buenos oficios a la embajadora de los Estados Unidos, Phyllis M. Powers, para que un estudioso del Servicio Geológico de esa nación venga a Nicaragua a investigar el fenómeno, ratifica el interés público de no apartarse ni un milímetro del rigor científico.

Esto confirma la seriedad con que el gobierno asumió el hecho inusual para ir a fondo, pues lo afirmado por alguien de la NASA, no la prestigiosa entidad en sí, de que se trató de "una explosión de TNT", sin hacer trabajo de campo, no debe asumirse como dogma.

La razón es simple, me explicó William Martínez, con un doctorado en Geología Estructural en Japón y estudios especializados en Estados Unidos y Brasil. Las fuentes de aguas en un área asociado a la Falla Aeropuerto, son someras.

Si se detonara una tonelada de explosivos en el subsuelo blando, rompería el acuífero y por consiguiente hubiera brotado el agua, amén de provocar fisuras visibles al cauce revestido de concreto, que pasa al lado. Nada de eso sucedió.

(Se debe recordar que sobre la Carretera Norte a Tipitapa, no lejos de la terminal aérea, a la orilla norte de la vía, surte el manantial que da vida al balneario El Acetuno).

Oscurantismo

Dar credibilidad a la especulación y aumentarla, en vez de reconocer los informes preliminares de los expertos convocados por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional para escrutar el evento, es una reacción oscurantista propia de una derecha anclada en el medievo.

Salvo los intereses de por medio, no hay nada que justifique el menosprecio al trabajo del equipo multidisciplinario, cuyo estudio sigue su curso en la boscosa cabecera oeste del Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino.

La campaña de la falange derechista es una reproducción calcada de la cacería de brujas desatada por el senador republicano que, en los años 50, aterrorizó a los sectores democráticos, intelectuales, científicos y artistas de Estados Unidos.

El bajamente célebre Joseph Raymond McCarthy se creía dueño de la verdad, veía conspiraciones por todas partes y acusaba de "comunista" a cualquiera que no compartiera su furibunda paranoia.

Sin duda, es bueno el debate científico, por el cual la escritora Rosario Murillo celebró el tema del meteorito: "Unos lo descartan, otros autorizados dicen que puede ser… que vengan los expertos que quieran venir de otros países a realizar su trabajo investigativo".

Pero una cosa es la academia y otro la politiquería que ataca a los hacedores de ciencia. Desde el principio, los profesionales de las Ciencias de la Tierra plantearon que personal adiestrado de otros países conocieran in situ la zona del impacto y extraer con ellos, si no los fragmentos, las conclusiones finales.

La facción conservadora ha deseado darle un giro al obsesivo uso de la mentira, al imaginarse que su práctica mundana también la comparte el Ejecutivo. Solo el año pasado, cuando empezó a tomar fuerza el Canal, Eliseo Núñez dijo: "El gobierno quiere distraer la atención por el precio de los frijoles".

Es larga la soga desinformativa con la que cada día tratan de asfixiar la verdad. El objetivo: intoxicar la opinión pública, inoculando la ponzoña de "todo lo que hace el gobierno es malo o ´algo´ hay detrás".

Infamias en alza

Después de las barbaridades que la derecha medieval ha propagado con el tema del Interoceánico, lo demás son "adornos" de patíbulos.

Cuando se reunieron los tres presidentes que comparten el Golfo de Fonseca –Honduras, El Salvador y Nicaragua– dijeron que "fue para nada".

Si el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon reconoce el liderazgo efectivo del presidente Daniel Ortega es porque "algo anda buscando".

Si Vladimir Putin visita nuestro país, "ya nos metió en el juego de las grandes potencias".

Aquí un ejemplo de cómo se usa un medio para elevar o marginar a quien no se someta al imperio de la mentira.

A los grupos delincuenciales que operan en el Norte, los redactan de "alzados en armas". Cuando el obispo de Jinotega, Carlos Herrera, desmintió la manipulación, no hubo primera plana.

El jerarca aseguró hay "grupos (armados) que de vez en cuando salen a los poblados, pero estos además de declararse inconformes con el Gobierno, son grupos ligados al narcotráfico". (La Prensa 24-3-14, último párrafo).

Bastaba que mintiera para convertirse en una de las estrellas de la pasarela mediática, pero el prelado prefirió ser fiel al altar, antes de caer en la tentación cotidiana de otros por las "irresistibles" portadas.

En el colmo de la miseria humana, un medio radial extremista lanzó la terrible especie de que el cargamento de frijoles adquirido en Etiopía, venía "contaminado" por el mortífero virus del Ébola.

Cómo habrá sido la bajeza de estos operadores políticos que el propio comentarista conservador, Jaime Arellano, condenó semejante infamia.

En esas latitudes del rencor hasta lo más sencillo lo ven complicadísimo. La luminosa frase de Einstein, acotada por el doctor Martínez, "lo incomprensible de la naturaleza es que es comprensible", cegó a los radicales, descalificándola junto con la primera conferencia de prensa de los expertos.

Precisamente por ser comprensible nuestro planeta, donde si el hombre busca, la naturaleza siempre se dejará encontrar, es que las ciencias avanzan. Si no, una raza humana compuesta solo por dinosaurios amargados ya hubiese desaparecido como sus pares del Cretácico, pero estos por el efecto invernadero del meteoro de Yucatán y aquellos por la envenenada atmósfera que dejan los odios acumulados.

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