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La «paz justa» y la «responsabilidad de proteger»: ¿Realidad liberadora?

25 Septiembre 2014
Por I. M. Garay *

Introducción:

En la actualidad, el tema de la paz y la justicia esta cada vez más presente en los discursos públicos de distintos actores y organizaciones (sociales, políticas, económicas y culturales), en diversas partes del mundo y a todo los nivelesi. Esa presencia (importancia) adquirida de aquellas temáticas tiene diferentes motivos (y fines) y responde a diferentes factores; sin embargo, en su nivel más profundo contiene esa pregunta referida al mundo que se desea para todos y todas (el cual demanda, según piensan, una “responsabilidad” de protegerlo); más aún, tiene que ver con la comprensión que se tiene de la realidadii misma por parte de los diferentes grupos e individuos.
En lo que sigue entonces se hace análisis del discurso sobre la paz y la justicia del Consejo Mundial de Iglesias (CMI: iii una de las Instituciones-organizaciones más influyentes en el mundo religioso y político actual a nivel global; que fue creada al mismo tiempo que las instituciones de Bretton Wood), a fin de comprender qué realidad es la que proponen con su discurso-concepto de “paz justa”; dicho análisis se hace desde una perpectiva político-teológica crítica que aquí se da en llamar “desde el reverso de la historia”.
La cuestión fundamental será pues esta referida a la comprensión de la realidad que se descubre en los discursos del CMI sobre la paz justa. Es decir, se analizan las afirmaciones referidas a la paz y la justicia contenidas en documentos públicos del CMI (declaraciones y acuerdos emitidos por la organización en el período comprendido entre los años 1999-2014),  a fin de descubrir su sentido de realidad. Tal análisis se centra en la dimensión teológica y política de los conceptos en cuestión, aunque, por motivo de espacio y tiempo, no de manera exahustiva. Se mostrará que en el discurso sobre la paz del CMI, fudamentalmente se trata de una realidad donde “teología”iv y “política”v, por referirnos a solo dos de sus “dimensiones”, se abrazan mutuamente; pero que, en la forma particular de vincularse dichas dimensiones, se corre el riesgo de cancelar la realidad en un positivismovi teológico-jurídico (totalitario?) que es necesario evitar, pero que está siendo influyente en el mundo religioso actual.

En primer lugar, entonces, se brinda una información muy breve respecto al Consejo Mundial de las Iglesias: su quehacer e historia. Seguidamente, se expone el discurso sobre la “paz justa” de la organización. Luego se continúa con la busqueda de sentido del concepto de realidad que se descubre bajo el concepto de “paz justa”. Y se finaliza con la “propuesta” de una “realidad  de paz” pensada desde la perspectiva de los y las “no personas” (Gutiérrez), situadas en el margen de nuestras sociedades actuales

  1. 1.El CMI 

Desde una perspectiva cristiana, el Consejo Mundial de las Iglesias se ha ocupado de las temáticas en cuestión desde su fundación,vii aunque con mayor intensidad desde finales del siglo XX y los inicios del XXI.  Esto último se observaría, por ejemplo, en el tema mismo de la 10ª Asamblea General del Consejo, sostenida en Busan (Korea del Sur), en Octubre a Noviembre 2013, el cual fuera: “Dios de Vida, Conducenos a la Justicia y la Paz”.viii
En la perspectiva del Consejo, la paz y la justicia compete también a las iglesias y no solo a organismos o entidades politcas-sociales: son elementos naturales de la misión de las iglesias.ix Más aún, la paz y la justicia son parte de la misión que Dios ha encomendado especialmente a las gentes en la “periferia” del mundo, a fin de que “florezca la vida”.x
También, en la comprensión del CMI no es posible pensar en la paz sin hacer referencia o sin vincularla a la justicia; ni tampoco se debería pensar en la justicia como algo diferente a la paz: estos son conceptos que no deben separarse y que no se excluyen mutuamente.xi De ahí que se liguen, más recientemente, ambos conceptos, bajo uno solo: la “paz justa”;xii el cual invita a una forma de comprensión de la realidad que es importante explorar.

Cabe, entonces, la cuestión:  ¿En qué consiste lo “real” de la realidad a la cual apunta la perspectiva del CMI sobre la “paz justa”? ¿Cuál es la naturaleza de dicha realidad? Y, entonces, ¿Qué comprensión tenemos de la realidad los cristianos aglutinados en el CMI?

Es importante brindar un poco de información sobre el CMI antes de referirnos a su perpectiva sobre la “paz justa” – y, de ahí, respecto de su comprensión de la realidad. La importancia de esto radica no sólo en la posibilidad del completo desconocimiento que pueda tener el lector o lectora actual respecto a dicha “organización” – que hace necesaria, por lo menos, una breve “presentación” de ella – sino, además, por el “conocimiento” prejuiciado absoluto que podrían tener algunos y algunas (sobre todo creyentes cristianos), respecto del organismo.xiii

1.1 Origen y desarrollo histórico

La autocomprensión del Consejo Mundial de Iglesias expresa que él es “antes que nada una comunidad de iglesias (koinonia) comprometidas al objetivo de la unidad visible [de la iglesia] y no una organización”.xiv Por otro lado, sin embargo, se ha afirmado que el Consejo “[t]iene una estructura y organización en orden a  servir como instrumento a las iglesias en tanto ellas trabajan hacia la koinonia en fe, vida y testimonio...”.xv Tal comprensión, no ha estado libre de objecionesxvi aunque sí se ha aceptado ampliamente. De cualquier manera, actualmente se piensa más en una autocomprensión del Consejo, como una red de organizaciones e iglesias,xvii como un espacio eclesial de diálogo donde se brindan las condiciones para el mismo.xviii
Ahora bien, la creación de la organización no ocurrió de la noche a la mañana. El CMI se constituyo despúes de la segunda guerra mundial, en Amsterdam, en 1948.xix Esto se logró despues de un largo proceso, que debe mucho a los diferente encuentros del movimiento misionero y ecuménico,xx en diferentes lugares geográficos, desde finales del siglo 19. Fundamental sí para el origen de la organización sería el congreso de Edimburgo (1910), donde se establecería una comisión permanente de seguimiento para la coordinación de la actividad misionera y ecuménica.xxi
Desde Edimburgo, se irían consolidando y acercándo dos perspectivas respecto del trabajo ecuménico: la perspectiva de la comisión Vida y Trabajo (Life and Work), y la de la comisión Fe y Constitución (Faith and Order). La primera promovería la unidad de la iglesia mediante el trabajo práctico de esta, mientras que la segunda la promovería desde el aspecto dogmático; la una estaría influenciada por la teología liberal y el social gospel de Estados Unidos, mientras que la otra lo estaría por la teología dialéctica europea.xxii Estas comisiones llegarán a conformar, luego de un largo proceso de discusión, dos departamentos de lo que luego sería el CMI; También sus perspectivas se llegarán a reconciliar bajo el convencimiento de que “la unidad entre las iglesias hace más eficaz la diaconía de la iglesia en el mundo”.xxiii
En la actualidad, el Consejo ha crecido en gran manera y representa a una vasta población del cristianismo mundial. Se afirma que está compuesto por 340 iglesias miembros y 560 millones de comunicantes, aproximadamente; que, además, trabaja en relacion estrecha con una amplia red de otras iglesias y compañeros ecuménicos del mundoxxiv – lo cual incluye, dentro de dichos “compañeros ecuménicos”, a organizaciones de la sociedad civil mundial e instituciones políticas como las Naciones Unidas.
Su trabajo actual expreso cubre un amplio expectro de intereses y problemáticas que van desde lo global y regional, hasta lo local e individual; desde lo social y político, hasta lo ecológico; desde lo individual hasta lo colectivo. Se trata de intereses y problemátias motivadas, según lo hace saber el Consejo en sus discursos, por la búsqueda de la paz y la justicia en todos aquellos niveles.xxv Se propone, entonces, frente a esas realidades, el “camino de la Paz Justa”.
  1. 2.El camino de la “Paz Justa” del CMI: una descripción 

La “Paz Justa”, entonces, es la propuesta-camino adoptada por el Consejo Mundial de Iglesias para, según lo afirma la organización, hacer frente a la violencia y hacer la paz en todos los ámbitos de la vida (social, política, económica y ecológica).xxvi Se trata de una forma de comprensión de la paz que urge a la acción respecto a los asuntos más candentes de nuestro tiempo – que “amenazan la sobrevivencia de la humanidad y la paz sobre la tierra”.xxvii
Se trata de un lenguajexxviii y un marco de referencia para “la reflexión ecuménica coherente, la espiritualidad, el compromiso y un trabajo activo por la paz”.xxix Pero, sobre todo, es una perspectiva que necesita ser construida, y entenderse como un llamado (a callxxx) para hacer la paz.xxxi De ahí que se afirme:
Hay muchas maneras de responder a la violencia; muchas formas de practicar la paz. Como miembros de la comunidad que proclama a Cristo como la encarnación de la paz, respondemos al llamado de brindar el regalo divino de la paz dentro de los contextos contemporáneos de violencia y conflicto. Asi que nos unimos al Camino de la Paz Justa, lo cual requiere tanto un movimiento hacia el objetivo como compromiso en la jornada... La Paz Justa nos invita a todos a testificar con nuestras vidas.xxxii
El concepto como tal implica, según se cree, la justicia social, el imperio de la ley, el respeto por los derechos humanos y la seguridad humana compartida.xxxiii Es, en definitiva, una manera entender la integridad de la vida y de asegurar el futuro, que hace uso de la idea cristiana de que la vida es sagrada (por que es creada por Dios)xxxiv y que todos merecen bienestar – sin entrar en detalles de lo que el CMI, a través de sus discursos, entiende por “bienestar”. Solo, entoces, cuando se comprenda esto y se actúe acorde, habrá paz (Shallom); porque hacer la paz es hacer y perseguir la justicia,  y viceversa, en los discursos de la organización.xxxv
De ahí que para realizar la “Paz Justa”,  se necesita el esfuerzo colectivo coordinado y la acción más allá de cualquier barrera – lo cual incluye para el CMI la acción transnacional. También se necesita un acercamiento multifacetico a las problemáticas actuales de nuestro mundo y superar la falta de empatia frente al sufrimiento y dolor de los demásxxxvi – Esto implica, por lo tanto, la necesidad de unidad de la iglesia para la consecución de aquella paz en todas partes, y la acción concreta. Es, en definitiva, un llamado a la “responsabilidad” por el otro y la otra.
Ahora bien, historicamente hablando el concepto (Paz Justa) como tal se desarrolló en el marco del debate sobre la “intervención humaniataria” (que luego sería un debate sobre la “responsabilidad de proteger”xxxvii) de las Organización de Naciones Unidas (ONU), a través de la invitación que hiciera el Sr. Kofi Annan (entonces Secretario General de la ONU), en el año 1999, al entonces Secretario General del CMI (Sr. Konrad Reiser), para contribuir a aquel debate desde la perspectiva ético-teológica.xxxviii
Es asi que aquella preocupación de las Naciones Unidas condujo entonces al CMI a un proceso de debate en su seno, respecto de “la responsabilidad cristiana” frente a la violencia (sobre todo armada). Aquí, diferentes perspectivas se levantaron sobre todo respecto a aquella responsabilidad “humanitaria” (o de “proteger”) para con los vulnerables: unas defendian la teoría de la “Guerra Justa” (la necesidad de utilizar la intervención militar o la fuerza, como recurso para “proteger” la vida de personas y poblaciones en riesgo), mientras que otras defendian la idea de la no violencia y la paz radical.xxxix Actualmente el debate se ha transformado y se dirige más hacia el tema-concepto de la “paz justa” el cual habla más enfáticamente en términos de “seguridad”, “prevención” (del conflicto), “reconciliación” y el “imperio de la ley”.

En resumen: la “Paz Justa” es un concepto que creció y se desarrolló al seno del debate de la ONU sobre la “intervención humanitaria” y se elaboró en referencia a las problemáticas acusiantes de nuestro tiempo (a todo nivel); propone discursivamente la paz con justicia; y también el trabajo coordinado de las iglesias y organizaciones en pro de la paz y los derechos humanos, bajo el argumento de la sacralidad de la vida y la supremacía de la ley para resolver conflictos. Hasta aquí la exposición sobre el concepto.

Ahora intentaré, entonces, abordar la cuestión respecto de la realidad hacia la que nos conduce la “Paz Justa”, según la concibe el CMI. Veamos.

  1. 3.El camino de la Paz Justa: su sentido de realidad (la realidad que propone) 

El “camino” de la “Paz Justa” del CMI se orienta por un sentido de la realidad que hay que reflexionar y en algunos aspectos – aunque no en todos – seguir, sin embargo algunas advertencias y medidas previas deben considerarse para no estropear el legítimo anhelo de  una paz justa. Sobre todo, esas advertencias deben observarse en los aspectos práctico-teóricosxl (político – teológicos) del concepto propuesto.

Cabe recordar, en principio, que la “Paz Justa” pretende ser un concepto-lenguaje y un marco de referencia que busca hacer frente a la “realidad” actual de la vida planetaria, con el objetivo de comprometer a todos y todas (en las iglesias – y más alla de ellas) en la realización de aquella paz buscada, a todos los niveles de dicha realidad. Y tal concepto-lenguaje se sostiene bajo el argumento teológico de que la vida humana y planetaria es creación de Dios y, por lo tanto, sagrada; que, por lo tanto, se deben encontrar normas que imperen sobre todos de manera global, para preservar lo que es sagrado “por naturaleza”.

No cabe duda de que, en la perspectiva de la fe cristiana, la vida en su totalidad se entiende y ha entendido como creación de Dios. Esto lo han afirmado diferentes confesiones y denominaciones cristianas, de diferentes modos, a lo largo de la historia del cristianismo (sin mencionar las afirmaciones, al respecto, de otras religiones). Ello constituye, así, un motivo y entraña una visión de la realidad que parece “trascender” lo finito humano. Tal creencia no la discutiremos aquí por motivos de espacio y tiempo.

Ahora bien, la búsqueda del “imperio de la ley” frente a la “realidad actual”, y en vistas de esa otra que trasciende lo finito humano, suena bastante positiva y coherente: Parece abrirse asi la posibilidad de aspirar al respeto de todo lo creado gracias al deber impuesto de una tal ley; más aún, la conciencia misma de los diferentes individuos, en su aceptación del imperio de esa ley, podría devenir, según se esperaría, en mayor tolerancia de los otros al ser aceptada de manera “voluntaria”.

Pese a lo anterior, algunas advertencias deben ser hechas a fin de no comprometer en sentido negativo el camino de una profunda “paz justa” para todos y todas. Estas se plantean en las dimensiones práctica y teóricas de la realidad. Veamos.

En el nivel práctico, tanto la “sacralización” de la realidad, como la necesidad del “imperio de la ley” son más problemáticos y complejos de lo que parece ser o es deseable. Por un lado, porque en la arena política y en las luchas de poder (nivel “práctico”), y pese a cualquier buena intención, la historia nos muestra que quienes detentan el poder (pienso aquí sobre todo en el nivel de las relaciones globales, en el ámbito de lo económico-político, militar, discursivo y cultural), tienen la capacidad de imponer e instrumentalizar tanto la ley como la “defensa de la vida misma” según su propia convenencia (recuérdense las estrategias y tácticas para imponer la guerra en Irak y la ex-Yugoslavia; o los debates actuales al seno de la ONU sobre las guerras de Siria y Ucrania).

Por otro lado, el asunto es más complejo cuando se piensa sobre la aceptación del “imperio de la ley” y la “sacralización” de la vida, a nivel mundial, pero ahora vistos desde la perspectiva del ámbito de la vida individual y la de las sociedades particulares. En el primer caso, uno se podría preguntar en qué grado de participación y conocimiento el individuo (sin hablar aún de las diversas naciones), sería participe de la elaboración de la “ley imperante” (mundial) y, entonces, en qué medida será libre de ser sujeto de su propio destino  una vez establecida dicha ley (mundial). En el segundo caso, cabe preguntarse si aquella ley y “sacralidad” llegaría a ser lo suficientemente “sagrada”, justa y abarcante como para no permitir que, por ejemplo, los simples trabajadores/as, los desempleados/as y los vulnerables de todas las sociedades (muchos de los cuales viven con el equivalente a uno o dos dolares al dia), tengan que aceptar el poder transnacional negativo, y las formas y sistemas sociales estructurales globales que les perjudican en su humanidad, directa e indirectamente, y que empeñan su libertad (actual y futura). Esto podría implicar, quizás, y sólo por poner un ejemplo, pensar diferentemente en la propiedad privada, el capital (nacional y trasnacional) y la necesidad de tomar conciencia de que las sociedades actuales están dominadas por el “bienestar” capitalista  – el cual ha sido construido mediante una larga historia de guerras, imperialismos, engaños y violencias a todos los niveles – y su globalización.

Las advertencias, además, se plantean en el aspecto teórico de la realidad. En primer lugar, cabe referirnos, de nuevo, al tema de la “sacralización” de la vida. Esta sacralización necesariamente difiere en todos y tal diferencia debería ser respetada o dialogada:xli ¿acaso lo que es sagrado para unos es o debería ser sagrado para todos? ¿En qué sentido? Podría pensarse en un lenguaje común que nos permitiera entenderla y defenderla de la misma manera a todos, pero entonces, y sin diálogo crítico previo, se correría el riesgo de que se tienda hacia la homogenización de la comprensión de  la realidad y, por ello, de aprisionar la "verdad“ de esta: su complejidad. Peor aún, se desconocería la dificultad semántica y “gramátical” propia de los lenguajes en su uso contextual e individual, los cuales no son fácilmente aprehensibles, y son profundamente variables y diversos. (Además quien establece los criterios para el establecimiento de cualquier “lenguaje común” y de qué manera – por cierto que esto último, paradójicamente, debería considerarse con precausión por los paises pequeños y los vulnerables del mundo, quienes deberían, en la actual geo-política del mundo, buscar consensos y unidad).
En segundo lugar, teóricamente hablando, es muy complejo en pensar en el “imperio de la ley”, tal y como se propone desde el camino de la Paz Justa del CMI. Aquí se positiviza tanto la “realidad actual” como la ley misma. Esto significa que, en el discurso del Consejo se presenta una perspectiva de la realidad como algo “dado” y “evidente”, desde lo cual se propone y hace necesaria aquella paz. No se considera con mayor profundidad o discusión el caracter interpretativo (impuesto o no) que se tiene de dicha realidad, ni su posibilidad de ser una perspectiva dominante y favorecedora de intereses egoístas, pese a cualquier consenso.xlii También se positiviza la realidad actual al proponer un “criterio evidente” y “teológico” (la “sacradlidad de la vida”) desde el cual se derivaría naturalmente el “dominio de la ley” (mundial) – lo cual en sí mismo no sería negativo, si tal criterio y tal ley no fueran fácilmente instrumentalizados; por eso, aquí, de nuevo, los “pueblos pequeños” deberán pensar en sus propios discursos y criterios sobre una tal sacralidad de la vida (lo cuale ya se está haciendo de algún modo: piénsese en algunos intentos como el de Bolivia con su concepto del “Buen vivir”.

Pese a todo lo dicho hasta el momento, la aspiración a un mundo donde reine la Paz y la Justicia, bajo el “imperio de la ley”, resulta plausible. Eso sí, siempre y cuando se consideren seriamente las dificultades o advertencias arriba brindadas. Tal última forma de aspirar a la paz estaría mas en sintonía con la realidad deseada y perseguida por los y las “individuos despojados”, los vulnerables del mundo (también de forma colectiva).

  1. 4.La búsqueda de la Paz Justa: intuiciones desde el “reverso de la historia” 

Encontrar la Paz y la Justicia, entonces, no resulta fácil pero es deseable. Dos preguntas se nos imponen en este momento: ¿Cuál Paz buscar? ¿Cómo lograrla en el ámbito “mundial” (global)?

Desde la perspectiva del reverso de la historia,xliii la realidad que se propone se basa en la experiencia (historia) y memoria de los/as sujetos y grupos (pueblos) vulnerabilizados y oprimidos. Desde un tal punto de partida, entonces, se podría pensar en una forma de pensar y “hacer la Paz”, y hablar sobre ella, más completa. Para lograrlo, sería importante no cancelar las posibilidades de la realidad, ni tampoco desaparecer las diferentes interpretaciones de la misma (multilateralidad de perspectivas) – aún las más disonantes e inconformes.

 Se trataría de imaginar la “realidad deseable” y “desechable” a partir y sobre la base de la realidad histórica y cotidiana, individual y colectiva (en dialéctica con lo “global”), de manera conjunta, “sentida” y “reflexionada”; es decir, desde aquella experiencia fundamental: la multi-polaridad de perspectivas sintientes, la multiplicidad de perspectivas basadas en las realidades dolientes, y en vistas de sus esperanzas más posibles e imaginables.

El diálogo en pie de igualdad es, entonces, necesario. No para buscar consensos de tendencia absolutizantes o “funcionales” (¿funcionales para quién o quiénes?), ni siquiera para encontrar un “lenguaje común”, sino para crear las condiciones (Betancourt) en orden a transformar la “realidad actual”. Esto debería ser hecho, entonces, despojándose de todo aquello que da ventajas sobre los demás (siempre estoy pensando en el ámbito de lo mundial) a la hora de dialogar, tanto en lo material como en lo discursivo – un desafío y deseo más que un hecho actual.

Esto quiere decir que cualquier “diálogo en pie de igualdad”, requeriria de parte de las naciones dominantes desahacerse de toda forma de dominio sobre las demás naciones, antes que nada. Esto implicaría, además, la “reparación histórica” de un mal que ha perdurado a través de las generaciones – que pese a no haber sido creado directamente por la generaciones actuales de las “sociedades de poder”, se “arrastra” históricamente hasta la actualidad en la forma de ventajas y beneficios materiales, culturales, etc. (conscientes o no).

Todo lo anterior podría ser realizado previo a cualquier diálogo. Lo siguiente sería el diálogo en sí. Este sería decidido, en su forma y contenido por todos y todas (individuos, grupos y naciones), ahora si, en pie de igualdad. Aquí las opciones quedan abiertas en tanto se necesita primeramente aquella realidad de igualdad como condición de posibilidad de dicho diálogo – importante para las naciones pequeñas sería el desarrollo del “conocimiento” y la “ciencia”, pero uno que conlleve el elemento de lo humano, diferenciado de una ciencia puramente calculadora y tecnocratizante.

Una Paz Justa, entonces, debe buscar relaciones más justas creadas participativamente. Pero aquí, la justicia y la ley que ella implica, tendrían como criterio y punto de partida la realidad según una perspectiva desde el reverso de la historia, que por cierto hay que conocer cada vez mejor y sistemáticamente con un fin liberador.xliv
  1. 5.Conclusión 

Todos/as aspiramos a una realidad donde impere la paz y la justicia. El camino que nos propone el CMI nos conduce hacia una realidad donde impere la ley y se acepte la vida como algo sagrado: el camino de la “Paz Justa”.

Pero la forma de entender el “imperio de la ley” y la “sacralidad” de la vida que se descubre detrás del discurso-concepto de la paz del Consejo tiene sus limitaciones. Es necesario superar la tendencia positivista que se identifica en ella.

La paz, desde una perspectiva del “reverso de la historia”, apunta a una realidad basada en un “diálogo de iguales”. Se trata de un diálogo donde se renuncia en acción (y ojala en pensamiento) al poder dominante y se deja libre al otro a fin de tener un dialogo no cohercitivo. Este no es un camino fácil tampoco, pero eso no quita su legitimidad de aspirar a orientarnos en las discusiones sobre la paz que todos buscamos. Sea a como sea, debemos buscar y aspirar a la paz.

Notas

(*) El autor es un teólogo latinoamericano, haciendo estudios doctorales en teología sistemática en Alemania.

i Sólo para citar algunos ejemplos, sin hacer juicio de ellos, mencionamos los siguientes: La Comunidad de Estados Latinoamercanos y Caribeños (CELAC) – un organismo político regional latinoamericano – se reunió en la Habana, Cuba, a comienzos de año y, en su declaración final (Declaración de la Habana), expresó su compromiso para “consolidar a Latinoamerica y el Caribe como zona de paz” (Arto. 53). Esta declaración puede ser vista en http://celac.cubaminrex.cu/sites/default/files/ficheros/doc__3_1_declaracion_espanol_2.pdf (la versión en inglés puede ser encontrada en http://celac.cubaminrex.cu/sites/default/files/ficheros/havana_declaration_celac.pdf). Por su parte el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas abordó el tema de la paz y la seguridad internacionales en su sesión 7105 del 29 de enero del presente año bajo el tema de “Mantenimiento de la paz y seguridad internacionales”. El acta de la reunión puede ser encontrado en http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=S/PV.7105. También, el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), en su 6ª Asamblea General (22 – 25 de mayo de 2013), se ha referido a un “ecumenismo de gestos concretos” que busca la “paz con justicia” para la región latinoamericana y del caribe. La declaración correspondiente puede hallarse en http://www.claiweb.org/vi%20asamblea/carta%20pastoral%20de%20La%20Habana.html.  También la Iglesia Católica se ha dedicado al tema de la “Justica y Paz”, según lo expresa el sitio oficial del Vaticano. Al respecto ver http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/index_sp.htm

iiNo es fácil decir qué es la realidad. En la teología se ha aceptado, de manera general, la asersión proveniente de la Sociología de la Religión respecto de que la realidad es una construcción social. Asi por ejemplo en María Pilar Aquino. Nuestro clamor por la vida: teología latinoamericana desde la perspectiva de la mujer. San José, Costa Rica, DEI, 1992, 149. Esta comprensión de la realidad ha sido ampliamente expuesta por Peter Berger  y Thomas Luckmann en La construcción social de la realidad. Buenos Aires, Amorrortu Editores, 2001, 36ss. En este trabajo, sin embargo, sostendremos que la realidad se refiere a una totalidad dialéctica que vincula el “mundo subjetivo” y “mundo objetivo” de vida, y que se manifiesta de modo implícito en la intercomunicación  humana: siempre hay “un algo” sobre el que se dice o al cual se refieren las relaciones intersubjetivas, y que no siempre podemos aprehender o decir en toda su significacion. Asi lo entiende el “idealismo objetivo”. Sobre el “idealismo objetivo” cf. Leo Kofler. Historia y dialéctica. Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1973.

iiiDe aquí en adelante, utilizamos las siglas CMI para referirnos al Consejo Mundial de las Iglesias cada vez que estas aparezcan.

ivEn el presente trabajo entiendo la teología, en sentido restringido, como la reflexión crítica sobre las afirmaciones y aserciones de fe referidas a lo que se considera divino u último; a la luz de la existencia amenazada. Se trata de una reflexión que intenta comprender las posibilidades y limitaciones liberadoras de la fe en el contexto de “muerte prematura” (Gutiérrez) de seres humanos concretos. Por “liberador”, entiéndase aquí al acto (reflexionado) que busca la profundización de la autonomía del ser, pensar, sentir y estar  del individuo y/o colectivo, en relación a sus condiciones historicas, sociales, económicas, psicológicas y culturales, sin detrimento de las relaciones armoniosas con lo/los demás. Una definición parecida a la propuesta aquí puede ser encontrada en Gustavo Gutiérrez, para quien la teología es la reflexión crítica de la praxis a la luz de la palabra aceptada en la fe. Cf. Gustavo Gutiérrez. Teología de la liberación. Perspectivas. Salamanca, Sígueme, 1975, 34 y 38. Sobre “lo último” como objeto de estudio de la teología cf. Paul Tillich. Teología Sistemática. La razón y la revelación, El Ser y Dios. (Vol.I). Salamanca, Sígueme, 1982, 27 y 29.

vLa política, entendida ampliamente, se refiere aquí a la comprensión, uso y mantenimiento del poder en las relaciones entre los seres humanos, y entre estos con los demás seres.

viEl positivismo es una corriente filosófica de pensamiento que sostiene, en su forma lógica, que las aserciones sobre la realidad describen los hechos tal y cual suceden en esta. Se trata, entonces, de una forma de pensamiento que está convencido de que las afirmaciones sobre la realidad, y las palabras mismas, se corresponden con hechos (datos) objetivos. De tal modo, pierde de vista el “hecho interpretativo” que lleva a la formulación de ciertos asertos o utilización de palabras. Una breve exposición sobre este pensamiento y las críticas que se le han hecho puede encontrarse en Wolfhart Pannember. Teoría de la Ciencia y Teología. Madrid, Cristiandad, 1981, 37 – 51.

viiAsi se sugiere en diferentes documentos del Consejo, en referencia, sobre todo, a los conceptos de “intervención humanitaria” y “responsabilidad de proteger”, debatido al seno de la organización por mucho tiempo. Sobre esa historia cf. Konrad Reiser, “The Ethics of Protection”, en Semegnish Asfaw, Guillermo Kerber and Peter Weiderud. The Responsibility to Protect. Ethical and Theological Reflections. Geneva, WCC, 2005, 10 – 16. También puede consultarse el sito del Consejo Mundial de las Iglesias en: http://www.oikoumene.org/en/resources/documents/central-committee/2003/the-responsibility-to-protect-ethical-and-theological-reflections.

viiiInteresantemente, la preocupación de la Justicia y la Paz será un llamado a la “acción de Cristianos” a que se opongan a “regimenes” “no democráticos” o “totalitarios”. Sobre esto véase:

ixEsto se ha expresado de la siguiente manera: “El llamado explícito de Jesús respecto a que sus discípulos sean la `sal de la tierra´ y la `luz del mundo´ (ver Mat. 5:13 – 16) ha llevado a los cristianos a comprometerse con autoridades políticas y económicas en orden a promover los valores del reino de Dios, y a oponerse a políticas e iniciativas que los contradicen”. En WCC. The Church. Toward a common vision. Geneva, WCC, 2013, 36 – 37. El documento puede ser descargado del sitio http://www.oikoumene.org/en/resources/documents/wcc-commissions/faith-and-order-commission/i-unity-the-church-and-its-mission/the-church-towards-a-common-vision. El documento está en inglés, mientras que la cita aquí hecha es una traducción propia. Tambien se ha expresado del siguiente modo: “La iglesia es un don de Dios al mundo, para su transformación hacia el reino de Dios. Su misión es brindar nueva vida”. Cf. el documento “Together toward life: Mission and Evangelism in Changing Landscapes” (Artículo 10), en http://www.oikoumene.org/en/resources/documents/wcc-commissions/mission-and-evangelism/together-towards-life-mission-and-evangelism-in-changing-landscapes.La traducción es propia. Por otra parte, la misión, según el CMI, comienza en el corazón del Dios trino. Cf. Idem., arto. 2; y, la iglesia es “comisionada para celebrar la vida,  y resistir y transformar toda fuerza destructora de la vida”, en Idem., arto. 2.

 

xCf. Idem., arto. 6.

xiSobre el concepto de “Paz Justa” y, además, la necesidad de no separar los conceptos de “paz” y “justicia”, cf. Olav Fykse Tveit, “Just Peace – the dream that comes true”, en http://www.oikoumene.org/en/resources/documents/general-secretary/speeches/just-peace-the-dream-that-comes-true; También cf. Fernando Enss, “Just Peace. A new framework for an Ecumenical Social Ethics”, en http://www.seattlemennonite.org/wp-content/uploads/2012/10/Seattle-JUST-PEACE-2012-10.pdf; Mathews George Chunakara (edr.). Building Peace on Earth. Report of the International Ecumenical Peace Convocation. Geneva, WCC, 2013, 177 – 189.

xiiEl concepto ha sido adoptado por el CMI en la 10ma Asamblea del Consejo en Busan (Sur Corea). Al respecto cf. WCC, “Statement on the Way of Just Peace”, 1. El documento puede ser descagado de http://www.oikoumene.org/en/resources/documents/assembly/2013-busan/adopted-documents-statements/the-way-of-just-peace

xiiiUna expresión masiva, reciente y “concreta” de tales prejuicios tomaron la forma de “protesta evangélica” de muchos cristianos surcoreanos durante la 10ª Asamblea del Consejo, en Busan. Información sobre tal protesta puede encontrarse en los siguientes sitios: http://www.ucc.org/news/wcc-2013-protests-10302013.html; http://www.ecumenicalnews.com/article/korean-christians-rail-against-world-church-body-peace-train-arrives-22512; http://www.calvin.edu/chimes/2013/04/05/korean-churches-struggle-toward-ecumenism/

xivMartin Robra, “The Ecumenical Movement in the Context of World Christianity in the 21st Century”, en Mélisande Lorke and Dietrich Werner.  Ecumenical Visions for the 21st Century. A Reader for Theological Education. Geneva, WCC Publication, 2013, 11. La traducción es propia.

xvWCC, “Toward a Common Understanding and Vision of the World Council of Churches: The CUV document. A Policy document adopted by the Central Committee of the World Council of Churches and commended to member churches and ecumenical partners for study and action in September 1997”, en Mélisande Lorke and Dietrich Werner, Ecumenical Visions, 33. La traducción es propia.

xviEn Martín Robra, “The Ecumenical Movement“, 7 – 15. Cf. Además, Theodore Gill, “The World Council of Churches and the Ecumenical Movement in the Context of World Christianity”, en Ibíd., 3 – 6.

xviiCf. Ibíd., 5.

xviiiRosino Gibellini. Teología del Siglo XX. Cantabria, Sal Terrae, 1998, 521.

xixSobre el origen del CMI y su posterior desarrollo cf. Ibíd., 519 – 522.

xxSegún nos informa Gibellini, el movimiento ecuménico tienen sus orígenes en William Carey, pastor y teólogo bautista, quien intentó formar una gran asociación de todas las denomiaciones cristianas, a comienzos del siglo 19. Éste, asi como el movimiento ecuménico posterior, perseguría la unidad de la iglesia cristiana. Cf. Ibíd., 519. Sobre los congresos ecuménicos de Edimburgo, Panamá, Montevideo y la Habana, véase Arturo Piedra. Evangelización Protestante en América Latina. Análisis de las razones que justificaron y promovieron la expansión protestante 1830 – 1960. (Vol. I). San José, Costa Rica, DEI, 2005, 1ss; también Dafne Sabans Plou. Caminos de Unidad. Itinerario del diálogo ecuménico en América Latina, 1916 – 1991. Quito, CLAI, 1994.

xxiCf. Rosino Gibellini, Teología, 520.

xxiiCf. Idem.

xxiiiCf. Idem.

xxivCf. Theodore Gill, “The WCC and the Ecumenical Movement”, 3.

xxvSobre la búsqueda de paz y justicia del CMI en todas aquellas dimensiones cf. WCC, “Statement on the Way of Just Peace”, 2 y 3; también cf. Mathews George Chunakara, Building Peace on Earth, 184 – 189; Fernando Enns, “Just Peace”, 2 – 5.

xxviCf. WCC, “Statement on the Way of Just Peace”,2 – 5.

xxviiOlav Tveit, “Just Peace – the dream that comes true”, 3. Esos “asuntos” serían: la violencia, el cambio climático, la pobreza masiva, la capacidad de producir armas y destruir la vida con arsenal nuclear. Cf. Idem.

xxviiiAsi lo ha afirmado Tveit, el actual Secretario Ejecutivo del CMI, en el 2011 en su “Just Peace – the dream that comes true”, 1.

xxixCf. WCC, “Statement on the Way of Just Peace”, 2. La traducción es propia.

xxxOlav Tveit, “Just Peace – the dream that comes true”, 2 -3 y 6.

xxxiMathews George Chunakara, Building Peace on Earth, 180.

xxxiiMathews George Chunakara, Building Peace on Earth, 179. El énfasis y la traducción es propia.

xxxiiiIbíd., 180.

xxxivOlav Tveit, “Just Peace – the dream that comes true”, 2 y 3. Por eso se ha declarado: “Paz Justa es una jornada dentro del proposito de Dios para la humanidad y toda la creación. Tiene su raíz en el auto entendimiento de las iglesias, la esperanza de transformación espiritual y el llamado a buscar justicia y paz para todos. Es una jornada que nos invita a todos a testificar con nuestras vidas”. En WCC, “Statement on the Way of Just Peace”, 1.

xxxvFernando Enns, “Just Peace”, 5 – 9.

xxxviCf. Olav Tveit, “Just Peace – the dream that comes true”, 3 – 5 y 7.

xxxviiEste es un concepto que aún es objeto de debate y desacuerdo tanto al seno del Consejo como de la Organización de las Naciones Unidas. Dicho concepto surge al interior del debate de la Organización de las Naciones, sobre la respuesta apropiada de la comunidad internacional cuando “se enfrenta con situaciones de violaciones catastróficas de derechos humanos dentro de los estados, donde el estado en cuestión aboga inmunidad frente a la intervención, basado en principios de larga data sobre la soberanía nacional”. Cf. Gareth Evans, “The responsability to protect: Moving Towards a Shared Consensus”; en Semegnish Asfaw, Guillermo Kerber y Peter Weiderud, The responsibility to protect, 3 y 4.  El concepto sería elaborado por la Comisión sobre Intervención y Soberanía del Estado, la cual fuera creada por iniciativa del gobierno Canadiense en el 2001. Cf. Ibíd., 10. Respecto a los debates que se han generado en las iglesias y el Consejo, cf. Guillermo Kerber, “The responsibility to Protect”, 114 – 120.

xxxviiiCf. WCC, “Vulnerable Population at risk. Statement on the Responsibility to Protect”, 1. El documento se encuentra en http://www.oikoumene.org/en/resources/documents/assembly/2006-porto-alegre/1-statements-documents-adopted/international-affairs/report-from-the-public-issues-committee/responsibility-to-protect. Cabe mencionar, además, que en el 2005, se le solicito al CMI hacer cabildeo (“lobbying”) a favor del concepto de “responsabilidad de proteger” por parte de Gareth Evans, uno de los defensores del concepto al seno de las Naciones Unidas. Cf. Gareth Evans, “The Responsibility to Protect”, 7.

xxxixSobre este debate al seno del CMI cf. Mennonite Central Committee, “Vulnerable Population at risk. WCC statement on the Responsibility to Protect”, MCC Peace Office Publication 4 (2006), 2 – 6. Véase también WCC, “The Responsibility to Protect”, 1. En http://www.oikoumene.org/en/resources/documents/central-committee/2003/the-responsibility-to-protect-ethical-and-theological-reflections

xlPienso que, aunque la teoría y la práctica no son idénticas, son dos momentos de la realidad que estan unidas dialécticamente. Aquí por lo tanto asumo el concepto de teoría de Max Horkheimer en Teoría Crítica. Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1968, 223 – 261.

xliSobre nuestra comprensión del “diálogo” véase más adelante la sección 4 del presente trabajo.

xliiEl consenso, según Pannemberg, es problemático en términos epistemológicos, porque aun en él se levanta la cuestion de si el no refleja una perspectiva lograda por coherción. Cf. Wolfhart Pannemberg, Teoría de la Ciencia y Teología, 101.

xliiiAquí entiendo el “reverso de la historia” como aquella perspectiva crítica que elabora su discurso de la realidad (teológico-política) desde la experiencia de sujetos y grupos “subordinados”, “menospreciados” y “vilipendiados” histórica, social y culturalmente.

xlivEs interesante que actualmente no solo en las Naciones Unidas (en el Consejo de Seguridad de esta, y por influencia de Estados Unidos y la Unión Europea), sino además en el mismo CMI, se está hablando de la necesidad de contar con personas y especialistas para “reconstruir” las historias de pueblos que recientemente han atravesado conflictos bélicos (ONU) – para que haya reconciliación y no se continúen con los ciclos de violencia de un grupo (vencido en un momento) contra otro (dominante en su momento); y de la importancia de salvaguardar y tener acceso a documentos (históricos) (CMI), a fin de poder (re)construir historias de manera “responsables” y poder hacer defensa de los derechos humanos. Veáse el debate sobre ello al seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en http://www.securitycouncilreport.org/atf/cf/%7B65BFCF9B-6D27-4E9C-8CD3-CF6E4FF96FF9%7D/s_pv_7105.pdf;   Respecto al CMI véase: http://www.oikoumene.org/en/press-centre/news/wcc-holds-event-on-access-to-archives-and-human-rights 

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