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España y la violencia social

09 Diciembre 2014
Por Rodolfo O. Gianfelici.
SANTA FE-ARGENTINA: España es considerado un país primermundista. El encolumnamiento de sus políticos con la geopolítica marcada por Washington y su situación socioeconómica, se encargan de ratificarlo. Pero además, el país soporta las mismas consecuencias de una sociedad enferma. En pocas horas, los españoles ofrecieron al mundo el crimen de un simpatizante futbolístico y la agresión a Lionel Messi. Hechos comunes en los países primermundistas, como en otros países que no forman parte de ese ‘selecto’ grupo de naciones avanzadas y desarrolladas... Los recientes hechos de violencia social-deportiva en suelo español ha sido tomado por las cadenas informativas internacionales de manera ligth. Se han limitado a citar el tema como una noticia sin apelar a los consabidos análisis que suelen usar cuando les interesa castigar a otro país. Qué dirían estos medios y sus repetidores multimedios en cada país, si ese crimen y esa agresión hubiera ocurrido en Ecuador, Nicaragua, Venezuela, Argentina o Cuba...? Lógicamente que hubieran apelado a todo un sinnúmero de ‘explicaciones’ tratando de endilgar esa responsabilidad a sus gobiernos. Sin embargo en este caso, pareciera que nadie es responsable; que nos agresores no han existido; y que las clases dirigentes están exentas de culpabilidad. Inclusive el crimen del simpatizante ha sido presentado por los propios medios españoles de una forma que debería causar alarma y repudio. Pero por otra, la decisión de la Comisión Permanente de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte, causa estupor (¡!). Ese organismo de extensísima denominación, con gran rapidez se reunió y decidió varias propuestas de sanción. Es así que los llamados “aficionados ultras” implicados en los enfrentamientos (antes del partido Atlético de Madrid- Deportivo), se propone una sanción de "60.001 euros y prohibición de acceso a los recintos deportivos por un periodo de cinco años”. Un organismo que de manera textual afirma que “Como consecuencia de los golpes recibidos en dicho enfrentamiento, un aficionado visitante falleció y hubo varios heridos de diversa consideración". Una reunión donde –además- declararon los partidos Rayo Vallecano-Sevilla, Real Madrid-Celta y Barcelona-Espanyol como “partidos de Alto Riesgo”. Los integrantes del Cuerpo refieren a la muerte de manera suave, casi como intentando eludir la palabra justa y merecedora. El aficionado fue asesinado. Así: con todas las letras. Una grevedad mayúscula, que tiene orígenes y responsables. Tanto que el propio organismo terminó por calificar a 3 encuentros venideros como de “alto riesgo”. Los españoles han apelado a la cuasi-indiferencia y a la hipocresía, porque ellos defienden el poder institucionalizado y sus propios intereses. En cierta forma es entendible. Lo realmente grave es que en países americanos, como Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Colombia o Panamá, los medios han asumido como propia esa política de enmascaramiento de la violencia social española.
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