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El Dominio Eminente del estado soberano de Nicaragua

12 Diciembre 2014

Por Carlos Escorcia Polanco.

Si en todos los 196 países del mundo (si incluimos Taiwán), existiera una oposición provinciana, fanática, parroquial y trasnochada como la de Nicaragua, ningún país de la tierra tendría derecho, según ellos, a construir carreteras, represas hidroeléctricas, puentes, aeropuertos ni estadios ni parques infantiles, simplemente porque tendría que expropiar tierras a propietarios privados.

Todas las constituciones de todas las naciones del planeta contemplan la figura jurídica universal conocida como “Dominio Eminente” la cual faculta a todos  los gobiernos del mundo, sin excepción, el derecho a expropiar y compensar justamente toda propiedad privada que se necesite para proyectos de beneficio común.

Les guste o no les guste, el estado soberano de Nicaragua tiene todo el derecho de ejercer el “Dominio eminente” que le otorga esa figura jurídica universal, sin la cual ningún miembro de la familia Chamorro podría jamás aterrizar en ningún aeropuerto del mundo, porque dicho aeropuerto fue construido en tierras expropiadas a ciudadanos privados.  Y eso, según la “corte  suprema” de la oposición es “crimen de lesa humanidad”.

Hablan del diente al labio del “estado de derecho”, el cual, según ellos significa que es la interpretación de la ley que ellos hacen la única correcta, no la de la Corte Suprema de Justicia.  No es el poder judicial el autorizado constitucionalmente a interpretar la ley sino la familia Chamorro y la oposición antiSandinista.

Exigen el respeto a la constitución, pero sobre el tema del canal y sobre muchos otros, no reconocen lo que dice nuestra constitución.  Por si y ante si, sin que nadie les haya investido con la magistratura de una Corte Suprema de Justicia, le niegan al gobierno Sandinista su derecho al Dominio Eminente como estado soberano de Nicaragua.

La Real Academia Española define el Dominio Eminente como “El que se considera propio del Estado, por razón del bien común, con respecto a la propiedad privada.” (Diccionario de la  RAE, 23a edición, 2014).

Algunos tratadistas definen el Dominio Eminente como “el derecho de expropiación que tiene el gobierno de tomar propiedad privada para el uso común.”

La constitución política de Nicaragua, aunque no cita textualmente la expresión “Dominio Eminente”, si lo consagra en su articulado.  Dice el Art. 24, Cn.: “Los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bien común.”

El artículo 44 de nuestra carta magna ratifica el Dominio Eminente del estado al declarar que el derecho a la propiedad privada “está sujeto, por causa de utilidad pública o de interés social, a las limitaciones y obligaciones que en cuanto a su ejercicio le impongan las leyes.”

Las marchas artificialmente creadas y políticamente motivadas que mediante manipulación de nuestros campesinos, ha realizado la oposición, constituyen una flagrante violación de nuestra constitución por cuanto vulneran un derecho de toda la sociedad representada por el estado y consagrado en los artículos 24 y 44 de nuestra carta magna.  El gobierno hizo lo correcto al negarles a las paralelas históricas timbuco-calandracas el permiso para manifestarse en abierta contradicción con lo que dice la constitución.

Los autodenominados “sectores democráticos” que hoy berrean por la supuesta “venta” de la soberanía nacional al chino Wang Jing, son las mismas paralelas históricas que no vendieron sino regalaron el patrimonio de todos los nicaragüenses al perdonarle a Estados Unidos la astronómica suma de 17 mil millones de dólares, que por fallo de la Corte Internacional de La Haya, nos nos debe aun el coloso del norte.

Dicho “perdón” del patrimonio de todos los nicaragüense lo hizo doña Violeta sin mediar ninguna consulta ni referéndum como ahora alegremente piden los mismos sectores “regala-patria” de hoy.  Entonces de que estado de derecho o de que soberanía hablan, si no es de su propia demagogia y politiquería barata, para justificar los dólares de la USAID?

Que autoridad moral podrán tener los autodenominados “sectores democráticos” Timbuco-Calandracas, quienes pisotearon el derecho de todos los nicaragüenses al renunciar al resarcimiento de La Haya, legítimamente ganado conforme al Derecho Internacional Consuetudinario, de venir ahora a hablar de soberanía y estado de derecho?

Que autenticidad jurídica podrán tener, quienes regalaron la soberanía nacional a Estados Unidos con el veredicto millonario ganado conforme a derecho en un tribunal internacional, para venir ahora a hablar de defensa de la patria, cuando el fallo de La Haya les estalla en pleno rostro al ratificar que fue el gobierno Sandinista quien defendió la soberanía nacional?

Que legitimidad política podrán tener quienes cínica y abiertamente atropellan los artículos 24 y 44 de nuestra constitución, negándole al estado soberano de Nicaragua el derecho al Dominio Eminente, consagrado en nuestra carta magna?

Que validez democrática o apoyo popular podrán tener los oligarcas de ayer, los “regala-patria” de hoy y los traidores de siempre, de arrogarse la representatividad de todo el pueblo, cuando de 7 millones de habitantes, no lograron convocar en su raquítica manifestación del 10 de diciembre de 2014, ni siquiera a la décima parte del uno por ciento de la población nicaragüense?

Los auto apodados “sectores democráticos” de la balcanizada oposición antisandinista de las paralelas históricas timbuco-calandracas,” que por 200 años se han turnado para piñatearse el país, están desesperados porque saben que el éxito del canal significará para ellos el último clavo en el ataúd de una oposición que perdió el rumbo y a quienes inexorablemente les espera, el basurero de la historia.

La construcción del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua es la realización del sueño de generaciones de patriotas.  El canal por Nicaragua formaba parte de los planes del mas ilustre de todos los nicaragüenses, el general de hombres libres, Augusto Cesar Sandino.

El Gran Canal por Nicaragua será la coronación de los sueños de miles de héroes y mártires que derramaron su sangre en su gesta heroica contra la tirania somocista, el cual permitirá a “las generaciones venideras de la Nicaragua libre y luminosa” el asalto al paraíso terrenal, la entrada triunfal a la tierra prometida y la creación de una nueva Nicaragua “con caudalosos ríos de leche y miel.”

[Carlos Escorcia Polanco es analista política nicaragüense, afincado en Los Angeles, California]

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