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El escándalo de Jimmy Swaggart y la Revolución Sandinista

29 Diciembre 2014
El escándalo de Jimmy Swaggart y la Revolución Sandinista

Por Carlos Escorcia Polanco.

Muy pocas personas, ha tomado en cuento la posible causa de la estrepitosa y dolorosa caída del famoso predicador y tele-evangelista estadounidense Jimmy Swaggart en 1988, cuando la administración Reagan seguía con lupa todo lo que sucedía en Nicaragua.

Los días 13,14 y 15 de Febrero de 1,988 el tele-evangelista de la iglesia electrónica y ministro de las Asambleas de Dios de los Estados Unidos, Jimmy Swaggart realizó una lujosa cruzada evangelística en la plaza de la Revolución en Managua.

Swaggart alquiló un piso entero del entonces hotel Intercontinental Managua, hoy Crowne Plaza, el mas lujoso de la época y vino en su propio jet privado. Las poderosas cámaras de televisión del equipo de Swaggart impresionaron a los muchachos del Sistema Sandinista de Televisión por su grado de sofisticación tecnológica.

Aunque Swaggart, como la mayoría de ministros de las Asambleas de Dios en todo el mundo, tenía la reputación de ser un simpatizantes de las posiciones ideológicas fascistas mas extremas, en realidad no dominaba las complejidades de la política, ni siquiera las de su propio país.

Swaggart llegó al extremo de apoyar abiertamente el sangriento golpe de estado en Chile contra el presidente Salvador Allende a manos del general Augusto Pinochet, golpe que devino en un baño de sangre y en graves violaciones a los derechos humanos en Chile.

Sin embargo, durante su cruzada evangelística en Nicaragua, aun con ese bagaje ideológico que muchos ya conocíamos, el fiero predicador estadounidense, mostró señales de ser un siervo de Dios, pero también de gran ingenuidad política, ingenuidad que le costó su estrepitosa caída del pedestal de los grandes tele-evangelistas de la iglesia electrónica de Estados Unidos.

Durante su sermón en la plaza de la Revolución en Managua, ante unas 25 mil personas, Swaggart dijo algo que cayó como limón en la herida de las “fuerzas democráticas” que luchaban por derrocar al gobierno del presidente Daniel Ortega y que sin duda tampoco pasó desapercibido en los sótanos de la Casa Blanca en Washington, desde donde Oliver North monitoreaba en detalles el curso de los acontecimientos.

Swaggart relató como en meses anteriores mientras volaba en su lujoso jet privado sobre territorio nicaragüense, Dios le habló y le dijo: “ Yo amo a Daniel Ortega”. La revelación cayó como bomba y despertó la inmediata reacción del diario La Prensa, que reportó la noticia en términos nada favorables para el ultra-derechista predicador estadounidense.

Por si esto fuera poco, al abandonar el país al dia siguiente de concluída su cruzada evangelística, Swaggart ofreció una conferencia de prensa en el aeropuerto internacional A.C. Sandino. Las palabras de Swaggart a los periodistas nacionales y corresponsales extranjeros, sin saberlo el, estaban sellando su propia tumba ministerial y el fin de su arrolladora carrera evangelística, que lo había llevado a predicar el Evangelio en todo el globo.

Swaggart dijo que había sostenido una conversación con el presidente Daniel Ortega y que le había preguntado al líder sandinista en que forma podía Swaggart ayudarle a Nicaragua. El presidente Ortega le respondió que el más serio problema de Nicaragua era la guerra y lo mejor que podía hacer el predicador era usar su influencia en Estados Unidos para detener la guerra.

Mostrando una inexplicable candidez e ingenuidad política, pero hablando con el corazón, el evangelista Jimmy Swaggart reveló a los periodistas que el se había comprometido ante el presidente Ortega que en cuanto arribara a Estados Unidos haría contacto con sus amigos senadores y congresistas para persuadirlos de la necesidad de terminar la guerra en Nicaragua.

Menos de 24 horas después de su conferencia de prensa en el aeropuerto Sandino, la prensa norteamericana tronaba contra Swaggart con sensacionales revelaciones vinculando al famoso predicador con una prostituta de New Orleans, Louisiana, llamada Débora Murphee.

El escándalo le explotó a Swaggart en pleno rostro y es más que obvio que el cabildeo a favor de la paz de Nicaragua jamás sucedió como le había prometido el predicador al comandante Daniel Ortega.

El bochornoso caso del escándalo sexual de Jimmy Swaggart con una meretriz de barrio, adicta a las drogas y con orden de captura en 3 estados, ya era conocido en círculos eclesiales de los Estados Unidos mucho antes que Swaggart pisara tierra nicaragüense para su cruzada de Febrero de 1988.

Swaggart sostenía un virulento duelo verbal con Jim Bakker, otro tele-evangelista fundador del programa televisivo CLUB PTL y autor del libro “La oración que mueve montañas.” Recuerdo en mis tiempos de estudiante del instituto bíblico de las Asambleas de Dios en Matagalpa, que dicho libro era lectura obligada para los estudiantes.

Swaggart acusaba a Bakker de corrupción y de sostener una relación extra-marital con su secretaria Jessica Hahn. La guerra verbal entre ambos llegó al extremo que Swaggart llamó a Bakker un “cáncer en el cuerpo de Cristo.” Bakker terminó en una prisión federal en donde cumplió una larga condena por malversación de fondos del imperio televisivo PTL.

Como es costumbre entre muchos ministros de las Asambleas de Dios en todo el mundo, el andar envueltos en chismes, con o sin base, Swaggart también mantenía una fuerte rivalidad con otro colega tele-evangelista, Marvin Gorman, también de las Asambleas de Dios. Swaggart acusó falsamente a Gorman de tener una amante, lo cual le costó a Gorman la suspensión de su puesto de pastor.

Enfurecido por la calumnia, la cual Gorman siempre negó, Gorman se dió a la tarea de espiar la vida privada de Swaggart y un año antes que Swaggart proclamara en la plaza de la Revolución en Managua, que Dios amaba a Daniel Ortega, ya Gorman tenia pruebas de video de los encuentros entre Swaggart y la prostituta Debora Murphee en un motel de New Orleans.

Gorman le tendió una trampa a Swaggart. Lo vigiló mientras Swaggart entraba a un cuarto de motel en New Orleans para encontrarse con Debora Murphee. Mientras Swaggart estaba en el cuarto, un yerno de Gorman le desinfló las llantas al carro de Swaggart. Luego Gorman se dirigió al motel y se enfrentó cara a cara con Swaggart.

“Que haces tu aquí” le preguntó Gorman a Swaggart. Ambos hombres llegaron a un acuerdo. Swaggart le prometió a Gorman que le pediría disculpas públicamente por calumniarlo y lograr asi que Gorman fuera reinstaurado al pastorado. A cambio, Gorman guardaría silencio sobre las aventuras de Swaggart con una ramera. Pero Swaggart jamás cumplió su parte y Gorman lo esperó por un año.

¿Por qué el escándalo de Jimmy Swaggart no salió a la luz pública antes? El 16 de Febrero de 1988, al dia siguiente de la conferencia de prensa de Swaggart en el aeropuerto de Managua, cuando Swaggart apenas había aterrizado de su viaje evangelístico a Nicaragua, Gorman dió a conocer públicamente y con lujo de detalles las relaciones entre Swaggart y la ramera Debora Murphee.

El Domingo 21 de Febrero de 1988, ante una iglesia repleta de reporteros de todas las cadenas de televisión estadounidense, en Bauton Rouge, Louisiana, en medio de un ataque de llanto, Swaggart admitía públicamente su pecado y pedía perdón a su esposa, a sus hijos y a su congregación de 7 mil miembros.

Las Asambleas de Dios de los Estados Unidos fueron sacudidas hasta sus cimientos. La noticia le dio la vuelta al mundo entero. La extraña coincidencia de fechas entre la cruzada en Managua, Nicaragua y el estallido del escándalo en New Orleans, Louisiana son altamente reveladoras.

El desconcierto también se apoderó de la dirigencia de las Asambleas de Dios en Nicaragua. Uno de los dirigentes eclesiásticos de Nicaragua, Saturnino Cerrato Hodgson, acostumbrado a hablar al peso de la lengua, no encontró mejor explicación que decir: “son mentiras de los Sandinistas, quieren desprestigiar el éxito de la cruzada”.

No creían en los cables publicados mundialmente y reproducidos por los periódicos nicaragüenses. Tuvo que venir desde la sede central en Springfield, Missouri un enviado especial, Norman Lessterjett, quien les confirmó que el escándalo efectivamente era cierto.

El triste y bochornoso escándalo protagonizado por el tele-evangelista Jimmy Swaggart, no solo retrataba la debilidad humana de los hombres de Dios y las tentaciones de Satanás particularmente contra hombres de éxito en la proclamación del Evangelio. Revelaba también la carencia de sofisticación política de Swaggart.

¿Habría salvado Swaggart su ministerio evangelístico si no hubiera dicho, ante la ira de la oposición contrarrevolucionaria, que Dios amaba a Daniel Ortega? En realidad nunca lo sabremos. ¿Cuántos miles de vidas se hubieran salvado si la guerra en Nicaragua se hubiera terminado antes gracias al cabildeo prometido por Swaggart al presidente Ortega y que nunca se realizó? Tampoco lo sabemos.

Lo que si sabemos es que el premio del supremo llamamiento en Cristo Jesús de “ir por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura” sigue siendo la misión principal de todo siervo de Dios. El caso del hermano Swaggart debe llamarnos a la reflexión que la política es un campo minado reservado para los laicos.

No me queda ninguna duda que Jimmy Swaggart pudo haber contribuido a la pacificación de Nicaragua, pero las fuerzas oscuras de la administración Reagan parecen haber actuado con calculada celeridad para impedirlo.

La tentativa de secuestro al actual superintendente de las Asambleas de Dios, a raíz de la negativa oficial de la denominación de respaldar la candidatura de su ex-superintendente, es un hecho de la mayor gravedad que debe ser motivo de preocupación. Dicho acto delictivo tienen todos los razgos de ser una acción del narcotráfico. Jesucristo más bien “nos encargó el ministerio de la Reconciliación.”[2ª Corintios 5:18]

(Carlos Escorcia Polanco es analista politico nicaragüense afincado en Los Angeles, California).

Foto: A la izquierda, en la foto en blanco y negro, la prostituta Debora Murphee. A su lado de vestido celeste, Frances Swaggart, esposa de Jimmy Swaggart.

 

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