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Noviembre en Nicaragua

26 Noviembre 2008
Por María Muesca [email protected] Aunque no está unida, e incluso mantiene vivos viejos conflictos políticos internos, la derecha nicaragüense presenta una estrategia unitaria en las elecciones municipales de 2008. Ha decidido actuar y reaccionar como si se tratara de elecciones nacionales, buscando vulnerar al gobierno. La estrategia la comanda la nueva guardia o "derecha moderna", "responsable" o socialdemócrata. La cabeza más visible es el candidato a alcalde de Managua, Eduardo Montealegre, banquero y miembro prominente de los gobiernos liberales de Alemán y Bolaños. Con él hacen alianza un grupo de ex-sandinistas del Movimiento Renovador (MRS) que incluye reconocidos intelectuales (Sergio Ramírez, Gioconda Belli). Este grupo "modernizante" trata de conducir al partido liberal (PLC) con un más o menos abierto conflicto todavía abierto con su principal dirigente, el reo y ex-presidente Arnoldo Alemán. Los principales medios de comunicación están asociados también con esta estrategia, como lo están también los llamados sectores de la "sociedad civil" agrupados en torno a ONGs muy beligerantes en el ámbito político. El proyecto es apoyado, además, y como podría esperarse, por el gobierno de los Estados Unidos y los gobiernos de la Unión Europea. Es una lucha por la civilización. Dora María Téllez, comandante y heroína sandinista, declara que en comparación con Daniel Ortega, Eduardo Montealegre "al menos es civilizado". La semana anterior a las elecciones Sergio Ramírez publica un artículo que ejemplifica bien la estrategia a seguir. Convertir las elecciones municipales en un referéndum nacional sobre el gobierno de Ortega, y lograr un voto masivo en su contra. La consigna de campaña de Montealegre es "Todos contra Ortega". Hay una petición de principio en relación a las elecciones, deberán ser masivas y de amplio rechazo al gobierno. No se calcula objetivamente el número de alcaldías que la oposición puede ganar a la distribución mayoritaria de alcaldías del sandinismo ganadas en las elecciones de 2004. Se apuesta a que Montealegre llegue a la alcaldía de Managua como sitio de espera para llegar a la presidencia (en su segundo intento). No hay, pues, un enfoque municipal o un cálculo objetivo de los logros posibles de los liberales. La oposición calcula que el rechazo a Ortega será masivo y que eso logrará consolidar el liderazgo en la derecha de los "modernizantes". Ante tal postura triunfalista, obcecada y ambiciosa, el único tropiezo posible puede ser un "fraude" organizado por el Consejo Supremo Electoral. Dos días antes de las elecciones, el diario afín al MRS, El Nuevo Diario titula: "E.U. teme fraude". Pero los temores de "fraude" se difunden de manera sistemática desde meses antes de las elecciones. El grupo "modernizante" derechista está fuertemente motivado por una visión mesiánica de sí mismo. Es un grupo que cree que por derecho divino puede decretar qué es lo democrático y qué no, qué es lo moderno y qué no, qué es lo ético y qué no. Los guerrilleros e intelectuales ex-sandinistas llenan perfectamente con su retórica "de izquierda" los requerimientos de tal argumento mesiánico. Y el Mesías Montealegre está a punto de nacer. Las elecciones transcurren el día 9 de noviembre de manera relativamente ordenada, y a todas luces no se trata del voto masivo que los "modernizantes" esperaban. Con los primeros cómputos que dan ventaja al FSLN se activa la estrategia de los mesiánicos. No se están cumpliendo sus peticiones de principio. Montealegre denuncia un fraude y llama a defender el voto en las calles. Inmediatamente, sin haberse terminado el conteo de votos, recibe el apoyo decidido de los intelectuales ex-sandinistas, de la "sociedad civil", de los medios de comunicación, de los empresarios, y, de la Iglesia católica. Con el llamado a "defender el voto" Montealegre lanza a grupos liberales de choque a escenas de destrucción en las calles de Managua. Cuando el CSE acepta un recuento de las actas del municipio de Managua, Montealegre no solo no se presenta al recuento, sino que pide el recuento nacional, o la anulación de las elecciones. Los medios e intelectuales denuncian fervorosamente el "fraude". Piden la renuncia del CSE, y se pliegan al llamado a defender el voto. Montealegre usa el "fraude" como medio de consolidar el liderazgo de los "modernizantes" en el grupo de derecha. El Mesías ha nacido, o casi. El llamado a "defender el voto" en las calles traslada el conflicto político a los espacios públicos. El sandinismo y el liberalismo pelean por el dominio de las calles. Hay escenas de violencia y vandalismo de ambos grupos. El sandinismo toma la delantera en la batalla por las calles. La derecha alega que sus derechos de movilización están siendo vulnerados, pero esa justificación abstracta esconde que sus verdaderas intenciones han sido frustradas. Ha fallado su plan de provocar un estado "insurreccional" que diera soporte a sus alegatos de fraude y dictadura. Han tocado el nervio insurreccional a un sandinismo que se moviliza rápidamente y neutraliza el plan derechista. Hay, sin embargo, un impasse. El sandinismo parece haber ganado una batalla, pero no la guerra. La derecha rediseña su plan. Es vital para ellos mantener la unidad "contra Ortega" a toda costa, y consolidando el liderazgo de los "modernizantes" neoliberales. La derecha se ha decepcionado profundamente de que la policía nacional no haya reprimido a los grupos sandinistas, por lo tanto se ha convencido de la necesidad de que este órgano deje de ser "blandengue" y "manipulado" por Ortega. Han denigrado a los grupos sandinistas, y han decidido usar constantemente los motes de "orteguistas" en vez de sandinistas. Quieren de esa manera ocultar discursivamente la presencia nacional del sandinismo y sus banderas de lucha. Tras de toda la retórica "democrática" la derecha ha soñado con poner al gobierno contra la pared por medios "insurreccionales". Es un plan que ha fracasado este noviembre, pero para el que buscarán oportunidad en el futuro. Por otra parte, para el gobierno se abre también una etapa de cambio. Aunque las razones sean espurias, la legitimidad de sus gobiernos municipales queda en entredicho en tanto no llegue a un acuerdo político con una parte de la derecha. Idealmente, esto se haría aislando al grupo neoliberal, que sin embargo está en este momento en auge, de manera que no es tarea fácil. Asimismo, es vital que surjan nuevos liderazgos desde dentro del sandinismo. Hay que captar, organizar y consolidar la movilización espontánea de las masas.
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