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Comandante Ortega: «Le tengo aprecio al presidente Obama»

24 Febrero 2015

Por Edwin Sánchez.

El mensaje: el presidente Daniel Ortega y sus referencias a su homólogo, Barack Obama y los Estados Unidos; el día: 21 de febrero; el lugar y la audiencia escogidos: la Plaza de la Revolución y las Fuerzas Armadas.  

Más simbolismo, en el 81 aniversario de la trascendencia del general Augusto C. Sandino al sitial principal de los Próceres y Héroes de Nicaragua, no se puede encontrar.

Ahí, el mandatario devolvió el bastón de mando al general Julio César Avilés, al frente de una institución que entra junto al país en una nueva etapa histórica. Desaprovechar  juventud, experiencia y oficio por la paz, mandándolo a retiro tan temprano de calendario, no era inteligente.
Atrás quedaron los años 80 y la Guerra Fría; días de enfrentamientos y retórica, de aciertos y de errores, y la vida de tantos muchachos que como la economía, se desangraba.

Si bien el comandante Ortega era el líder de la Revolución triunfante, el doctor Sergio Ramírez, Comandantes de la Revolución y Guerrilleros, y otros cuadros en diferentes niveles, también gobernaban Nicaragua.

Algunos de aquellos hombres y mujeres hoy, cuando se hacen mejor las cosas y ya no ruge la voz del cañón, se presentan como que nada tuvieron que ver con las decisiones de esa década y únicamente se sentaron a ver “la película” junto al Vicepresidente.

Quizá a nuestro país no le habría ido tan mal si solo hubieran tenido palomitas de maíz entre sus manos. Pero no fueron simples espectadores. Tenían algo más que pop corn mientras disfrutaban del rodaje de su rodaja como actores, productores, guionistas y directores: contaban con el poder y no para cualquier matiné, sino en función de gala y con alfombra roja.

No se ahorraron ni una yarda de imprecaciones contra los Estados Unidos de la era conservadora. Todos contribuyeron además a que Nicaragua derrapara en una plataforma contra “el imperialismo yanqui” y “la democracia burguesa”, de la cual hoy se han vuelto sus “inmaculados defensores”.

La “hipersensibilidad” para “olfatear” intereses “geopolíticos” hasta en el pan nuestro de cada día que se elabora con harina rusa,  estaba dormida en aquellos años por algún “encantamiento” misterioso.

Cantaban entusiasmados el malhadado verso “Yanqui enemigo de la humanidad”, echando en el mismo saco de yute a todos los norteamericanos, a los indiferentes y a los progresistas, a los artistas del cine y de la escritura, a tanta gente sensata y a congresistas que no estaban de acuerdo con la política intervencionista de Ronald Reagan.

Eran los días del antiimperialismo “ciego” sobre el que alertó sabiamente Carlos Fonseca. Alababan a la Revolución Cubana y a Fidel, pero ahora los tildan que ya en esa época eran “decadentes”. La “fascinación” la permutaron por el gustazo de reunirse con algunos congresistas de origen cubano que no han salido de la Guerra Fría, ante quienes “denuncian la monstruosidad” del Canal.   

Lo decadente y efectivamente monstruoso es convertirse en paladines de patio-trasero, porque las mejores relaciones con los Estados Unidos no se alcanzan por esa patética vía. Más bien causan pena ajena a no pocos honorables representantes de esa nación.

La historia data que siempre hubo miembros del Congreso que hicieron esfuerzos por detener o modificar tratados onerosos. Es decir, ellos sentían mayor vergüenza que los mismos Chamorro-Díaz.

Gregorio Selser documenta que el semanario  neoyorquino The Nation, reveló cómo los forzados empréstitos a Nicaragua, cuando Herbert Hoover estaba por empezar su mandato, solo obedecían a los intereses de “los tiburones prestamistas de Wall Street”, que impusieron “una dictadura financiera” con la bendición de Adolfo Díaz.

Estirpe legítima

La publicación, una de esas voces dignas que sintonizaron a la Unión con sus Padres Fundadores, señaló: “Estábamos entonces en medio de una guerra no autorizada, desagradable y terca, contra Sandino,  consecuencias de la cual nuestra Administración recibía la crítica proveniente de sitios inesperados”.

The Nation instó al flamante Presidente electo cambiar la atroz política de la Casa Blanca: “El rudo imperialismo que hemos ejercitado en el Caribe ha dañado nuestro tráfico y nuestro comercio bona fide (buena fe, en términos jurídicos, compromiso de cumplir las obligaciones suscritas) por toda la América española. Nuestros comerciantes y otros hombres de negocios de una estirpe legítima no pueden avanzar en una atmósfera de odio y desconfianza”.

El Presidente que se vio y escuchó en la noche conmemorativa está ubicado en el cuadrante del pensamiento del general Sandino y su principal sustento: robustecer la paz con la inclusión económica y social. Y esto no se logra con  resentimientos o deshonrosos entreguismos. El Guerrillero de Las Segovias no “le agarró tema” a los Estados Unidos.

Es la primera vez que desde el Sandinismo se escuchan unas palabras muy amables hacia un Presidente de los Estados Unidos.

“Yo al presidente Obama le tengo respeto, yo diría que le tengo hasta aprecio, ¡de verdad, le tengo aprecio! Cuando he conversado con él siento como que es un Presidente de los Estados Unidos con el cual podemos dialogar, podemos conversar, podemos acercarnos”, dijo ante soldados y jefes del Ejército Nacional.

Ello, sin embargo, no es para desconocer que hay fuerzas negativas a la concordia entre las naciones, tal vez intereses mezclados como los denunciados por el semanario de Nueva York hace 88 años.

Así, recordó que a pesar de las calidades humanas del actual anfitrión de la Casa Blanca, y su “mensaje de acercamiento, respetuoso hacia América Latina y el Caribe”, en la Cumbre de Las Américas, ocurrieron golpes de Estado e intentonas, como las sufridas en Honduras y Venezuela.

La madurez del liderazgo de Daniel y la escritora Rosario Murillo dan este resultado: un Frente Sandinista evolucionado “en rutas de paz y prosperidad”.

Hoy no se trata de aventuras desesperadas por utopías imposibles, sacrificando a un pueblo por radicalismos vacíos, sino que el/la ciudadano/a se abra paso con su esfuerzo en medio de las oportunidades antes negada por la “falsa República” de la oligarquía libero-conservadora, de la que advirtió el general José Santos Zelaya.

Las palabras del comandante Ortega responden al espíritu del general Sandino. El enorme Héroe de Nicaragua bien dijo o bendijo así:

“Puedo decir a los lectores (norte) americanos que he estado frente a los Estados Unidos durante muchos años, obligado por el deber máximo de defender la autonomía de Nicaragua, pero no les guardo rencor ni odio. Hay más: considero factor importantísimo al pueblo (norte) americano en el equilibrio continental siempre que sus relaciones se desarrollen sobre bases de justicia”.
(Carlos Fonseca, Obra fundamental, primera edición Ardila 2006, p 235.)

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