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Grandeza fallida y la libertad de Barrabás

11 Mayo 2015

Por Edwin Sánchez.

Hay tanta libertad de expresión y de malos pensamientos en Nicaragua que unos llegan a proferir hasta “barrabasadas del tamaño que las dijo Eduardo Montealegre”, como calificó un empresario los odios del político y compañía limitada, al presidente de la República, comandante Daniel Ortega.

Montealegre, como otros del V.P.I. de la derecha conservadora, es de los que compite en ver quién eleva más la parada levantando falsos testimonios, publicando un país a una cuadra de la Vía Dolorosa, y diciendo cada día que “la historia se repite” y donde ellos son “la salvación”. El problema es que “barrabasada” viene de Barrabás y nada es casual en la vida.

Por “historia” entienden violencia. El mensaje es simple: la única forma de “no repetirla” es que el Partido Liberal de la fracción extremista de Montealegre triunfe en la próxima contienda electoral. Si no, al Presidente legítimo de Nicaragua, con el 71% de aprobación de su gestión, le costaría la vida, según lo que palpita en el corazón de Montealegre e hígados asociados.

Y lo dijo a micrófonos, móviles, libretas, cámaras y ondas hertzianas abiertos de los propietarios de comunicación y periodistas.

Y don Eduardo que se mueve tranquilamente, con su grandeza fallida, por todo el territorio nacional, grita que “los espacios están cerrados” e insiste, cuando entran nuevos inversionistas al país y los famosos se pasean por las calles de Granada y navegan por las isletas, “esto desembocará en una guerra”, para declararse, al final, víctima de la “falta de libertades” en Nicaragua.

Pero, ¿por qué don Eduardo culpa al líder sandinista de que las multitudes no lo sigan, cuando su organización solo representa, en la última encuesta de M&R, el 2.1% de popularidad y él mismo es un saldo rojo de corbata, confeccionado con un 41% de desagrado y 10% de agrado?

¿Es que hacer una carrera política es como fundar un banco? ¿O que las muchedumbres llegan tan fácil a una plaza como los altos intereses y la ejecución de hipotecas a la bolsa de un banquero?

La historia de todo capital financiero y el nada sublime modo de generar ganancias en este mundo es acumulativa y repetitiva; si, se repite mas no se reparte horizontalmente. De ahí a trasladar esa lucrativa experiencia al sobregirado capricho de confundir una gerencia con un “liderazgo nacional” y la masa monetaria con el voto en masa, es tratar de perjudicar de antemano a Nicaragua: la “marea de fondo” es desprestigiar desde ahora los comicios de 2016.

Para ejecutar su triste agenda llamada “La historia se repetirá si no me dan lo que yo quiero”, tales políticos la embanderan de “lucha por la democracia” y “acoso” a la “libertad de expresión”, un viejo juego de los que les encanta atizar “la salida” de gobiernos legítimos, mientras ocupan los medios de comunicación para acelerar sus caídas. Y quienes más se publicitan como “paladines de las libertades”, la etapa superior del cinismo, son “casualmente” los que hacen mal uso de la prensa.

Razón tiene el señor César Zamora cuando señala en la TV: “Entendamos que cuando decimos una barrabasada del tamaño que la dijo Eduardo Montealegre, tiene implicaciones serias para el país; las palabras matan y debemos ser cuidadosos con las palabras y sus implicaciones…”.

No hace falta hurgar mucho para encontrar detrás de los golpes de Estados —o intentonas en Latinoamérica— a las fábricas de infamias bajo el manto sagrado de “prensa independiente”.

Los ejemplos en el pasado sobran y en el presente sus técnicas se han perfeccionado, al grado que estas industrias del engaño se tratan de mimetizar como parte sustancial de la democracia, tan así que se consideran los James Bond de los “valores occidentales”, con licencia para matar de diversas formas: anatemizar países, erosionar sus avances, acabar liderazgos y demoler a cualquier precio la verdad.

¿Prensa u oposición?

Tan horrendas son las prácticas de los que ocupan el periodismo para envenenar el ambiente que el mismo Mario Vargas Llosa, un “convencido liberal”, retrató sus tóxicas operaciones en Perú.

“Hace algunas semanas estuve en Estados Unidos en una conferencia económica que organizó el Citibank dedicada a América Latina. Había unos trescientos empresarios, banqueros y analistas… No creo exagerar si digo que la impresión general de los asistentes sobre la situación del Perú no podía ser más positiva…”.

“Sin embargo, quien vive en el Perú, donde acabo de pasar una temporada, puede tener una impresión muy diferente: la de un país exasperado, al borde de la catástrofe por la ferocidad fratricida de las luchas políticas, y al que las huelgas antimineras… y el narcotráfico y la agitación social están haciendo retroceder y acercarse de nuevo al abismo, es decir, a la barbarie del subdesarrollo e, incluso, del quiebre constitucional”.

El escritor, incómodo, se pregunta “¿Cómo explicar semejante incongruencia entre la imagen externa y la interna del país? Por la falta de perspectiva, la concentración fanática en la rama que nubla la visión del bosque. Es, probablemente, el defecto mayor de la prensa en el Perú —escrita, radial y televisiva—, controlada en un ochenta por ciento por un solo grupo económico, que, como está en su inmensa mayoría en la oposición al Gobierno, propaga una visión apocalíptica de una problemática social y política que, hechas las sumas y las restas, es bastante menos grave que la de la mayoría de los países del resto del continente”.

Don Mario “olvidó” que la peste mediática no es endémica de Perú y es peor que el cólera que una vez salió de ahí: Barrabás anda suelto.

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