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Multitudes sandinistas, oro de la Democracia

06 Julio 2015
Multitudes sandinistas, oro de la Democracia

Por Edwin Sánchez

                                               I

La incomodidad de ver ríos desbordados de humanidad en homenaje a Sandino o una efeméride, aflora en amarguras de vieja data y rencores actualizados, imposibles de exorcizar.

Por eso es intolerable el avance cualitativo del relato popular para quienes intentan imponer, autoritariamente, su narrativa como si fueran la vía láctea de la verdad. Es el pasado que se resiste a ser una vieja historia.

Pocas horas después de la incorporación de Judith Silva al Consejo Supremo Electoral, el voto masivo –registrado en la pizarra electrónica del Poder Legislativo– se multiplicó en carne y hueso en la Plaza de las Victorias y las calles, mientras un torrente intergeneracional de entusiasmo se extendía en sesión abierta y excedido quorum por la carretera a Masaya. Era la 36 edición de El Repliegue.

Pero ese día el Odio habló, como hace 82 años, a pesar de insistir en que no hay libertad de expresión ni democracia: “Daniel Ortega y Rosario Murillo se quedaron solos”. “Nada queda de la Revolución”, “fiesta patronal”, “tergiversación”, “secuestro” de los símbolos…

La Envidia tampoco se calló. Por lo visto hace tiempo abandonó el mundo real, porque si confunde Julio con Diciembre, y pone al mismo nivel al mártir Ajax Delgado –miembro de Juventud Patriótica, asesinado por la Guardia el 5 de septiembre de 1960– con un acusado de narco sicariato, mucho menos que sepa distinguir entre una peana, un nicho, un altar y una simple y desmontable tarima, o un partido de una ONG: “¡Manoseo religioso!”, se ahogaba en su absurda acusación.

                                          II

No es la primera vez que las multitudes y su liderazgo resultan insoportables para quienes quisieran bañarse de gloria en esos ríos caudalosos de vidas, según mudan en “lamentos” mediáticos sus deseos recónditos.

Don Miguel de Unamuno dijo: “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”. Jean de la Bruyere: “La envidia y el odio van siempre unidos, se fortalecen recíprocamente por el hecho de perseguir el mismo objeto”.

La primera vez que la Envidia y el Odio se juntaron en Nicaragua para hablar perversamente del sandinismo fue en el despacho de Anastasio Somoza García.

Entre lo dicho ahora y lo dictado entonces por Tacho, en el libro “El Calvario de las Segovias”, no hay mucha diferencia: él ignoró al pueblo que llegó a aclamar a Augusto César Sandino, en Managua, el 2 de febrero de 1933.

Vio “solitario” a Sandino, como hoy, cuando tratan infructuosamente decir que el FSLN y su liderazgo están “solos”.

“Muy pocas personas sabían en Managua la próxima llegada de Sandino. (…) unas cuantas personas se dirigieron al campo de aviación”.

De esas “cuantas personas”, Somoza reduce aún más al incontable gentío: “A algunos de los concurrentes que lo vivaron, Sandino les contestó diciéndoles: ‘Ya somos libres’”.

Somoza, quien se sentía con mayores méritos para ser admirado, luego se contradice y deja que los celos se encarguen del resto:

“El pueblo de Managua al saber del arribo de Sandino, por espíritu novedoso, más que de afecto, se lanzó a las calles, inquiriendo los propósitos que traía el Guerrillero de Las Segovias y tratando de verlo para satisfacer la curiosidad que tenía y que más tarde satisfizo en el Campo de Aviación, decepcionándose al ver el deficiente aspecto del hombre que por tanto tiempo había llamado la atención del país con el cúmulo de desastres causados a la patria”.

                                           III

Quien está a años luz, miles, diríamos, de rencores, envidias y otras pasiones inferiores, es el cardenal Leopoldo Brenes. De la elección de la nueva magistrada del CSE, dijo: “Si el partido Frente Sandinista tiene sesenta y tantos (votos) y las otras tienen menos, allí está la realidad; eso significa que los partidos de oposición tienen que trabajar por el pueblo para poder consolidarse y para adquirir de parte de los votantes, los miembros necesarios en la Asamblea Nacional y en otros poderes del Estado”. (“La Prensa”).

El Cardenal se remitía a la verdad. Los votos del Parlamento no fueron una emisión inorgánica de un partido de siglas desérticas o una coalición de poroplast, de esas que están de moda.  El Frente Sandinista responde con el oro puro de la Democracia: su multitudinario corazón nacional, de Monimbó al Caribe, de Jinotepe a Matagalpa, de Chinandega a Río San Juan, de Norte a Sur.

Y ahí palpita el pueblo en cada Repliegue, en el poder o fuera de él, porque después de la desbandada de 1990, ante un gobierno neoliberal hostil, pocos estaban animados en rememorarlo.

Nadie expulsó a nadie, porque ni en La Gaceta se lee el decreto de que “x” personas no marchen hacia Masaya, ni durante 16 Repliegues este FSLN, en la oposición y sin recursos, tiró la toalla como otros que redujeron un episodio decisivo en la guerra de liberación al formato vanidoso de sus nostalgias personales.

Esta misma dirigencia del FSLN evitó que el éxodo armado de 1979 fuera mandado de un derechazo a la lona del olvido.

Comprobado. La Historia, que depende de la Providencia, adelanta con sus protagonistas. Hay campeones de una sola defensa, pero hay guerreros enormes como los Alexis y los “Chocolatitos”, de cuatro, cinco, incontables defensas y otras tantas coronas mundiales.

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