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Contaminación política de la limpia bandera ambientalista

20 Octubre 2015

I

En el portal del Gabinete Biológico, de México, hay útiles definiciones que debieran servir como una advertencia al público sobre ciertos grupos, tal como se les obliga a los fabricantes de licores y tabaco por los nocivos efectos que podrían causar: “Este producto es dañino para la salud”. El consumidor, por lo menos, es informado. El otro, por mucho, es engañado.

En las pasarelas de la oposición aparecen los pomposos títulos de “ambientalistas”, “expertos” y hoy hasta de avispados “samaritanos” que han aprovechado el tema del megaproyecto interoceánico y cualquier situación para navegar mediáticamente por el Gran Canal antes de construirse. Por ende, es necesario saber qué tan auténticos son estos “apostolados”.

“Ambientalismo es la promoción de la conservación y recuperación del mundo natural. También se conoce como conservacionismo, o Política Verde”, señala la organización. “Un conservacionista es una persona que está preocupada por el deterioro del entorno (Medio Ambiente)”.

“La usurpación de términos relativos a la ciencia ha causado confusión con respecto a lo que es científico en ambientalismo, lo que es acientífico, o de plano anticientífico. Veamos el significado real de los términos y de cómo deben aplicarse:

“Las etiquetas, que son idénticas para dos clases de ambientalistas, no nos deben confundir: activistas o ambientalistas radicales y ambientalistas científicos son dos clases opuestas de conservacionistas, tanto en forma como en objetivos

“Hay una divergencia enorme entre el ambientalista radical y el ambientalista científico, principalmente por los estatutos sobre los que ambos grupos se basan. A menudo, los activistas no se fundamentan en la ciencia, sino que la mayoría de las veces están diametralmente opuestos a la ciencia”.

II

Una nación es más que una oenegé y su futuro superior a la agenda de una minoría partidaria. Estemos claro de esto, porque desde que el presidente Daniel Ortega anunció lo relativo al Gran Canal, se vio cómo las dos posiciones antes expuestas se manifestaron.

Unos, sensatos, avalaron la idea y demandaron, por supuesto, los estudios de impacto ambiental. Los otros, los anticientíficos, sin presentar ninguna investigación, se opusieron.

Incluso, hay quienes abusaron de su campo, intentando abarcar irresponsablemente otras disciplinas y saberes –como si fueran la versión tropical del polímata Leonardo da Vinci–, para condenar de antemano la obra desde su tarima “científica”.        

Diputados, abogados, y otros se convirtieron en los Torquemada del medioambiente para llevar a la hoguera mediática al Interoceánico. Unos más prefirieron jugar a los Jacques Cousteau de agua dulce.

Ninguna sinceridad se logró apreciar en estos arranques “ambientaleros” con tal de salir en el partido impreso.

El Gran Lago ha venido degradándose desde la Colonia y con acelerada velocidad en la medida que la ganadería extensiva ocupó parte de las cuencas; la expansión agrícola comenzó a atacarla con sedimentos, incluido los agroquímicos; Granada con las curtiembres y primeras industrias del país; los poblados y ciudades confundiéndola con un sumidero, amén de la “valiosa” cooperación de las plantaciones del norte costarricense.

Nadie, antes de la buena nueva del Gobierno Sandinista, colocó una manta de misericordia en protesta para conservar lo que aún quedaba de potable. De tal manera que no se le conoce juventud a ese repentino “amor” lacustre que derivó en apasionados “especialistas” en canales, “líderes humanitarios” y consumados “cocibolcólogos”.

Ciertamente hay ambientalistas y científicos nicaragüenses comprometidos con su país. Quieren su progreso y no darle la espalda a las condiciones naturales de nuestro territorio mucho menos a los avances de las Ciencias de la Tierra, de las ingenierías y la ecología. De hecho, el barón de Humboldt se apuntó por Nicaragua para la comunicación entre el Pacífico y El Caribe.

III

La megamanipulación es que los tales “defensores” o “amigos de la tierra”, son parte del elenco político opositor, y no hay nada nuevo en ello, ni cosa de qué extrañarse.

Ahora quieren utilizar la situación del Corredor Seco exhibiendo un gesto de “caridad” de última hora, para apalancar su protagonismo con fines partidarios, sin haberse preocupado en absoluto de la suerte de sus pobladores en años anteriores.          

A confesión de parte, “cambiar el sistema político” de Nicaragua, relevo de pruebas sobre los intereses de fondo de sus operadores: ocupar el estandarte ambientalista contra la obra precisamente para “canalizar” sus ambiciones. Y están decidido a todo, incluso acelerar, paradójicamente, el Cambio Climático, según sus propuestas en el terreno.

Como “regalo” de Navidad, el año pasado, secuestraron un camión con mil galones de combustible, en el kilómetro 110 de la Carretera Panamericana Sur y a escasa distancia de un barrio rivense. La intención era provocar una “explosión de amor” por la Madre Tierra.

Se presentan como “salvadores” de humedales, el Cocibolca y los animales, pero desprecian la salud humana, al querer intoxicar la conciencia de la ciudadanía en el área rural donde han focalizado sus operaciones del mal, con una despiadada campaña desinformativa para alterar su estado emocional.

A pesar del aluvión de supersticiones de estos grupos anticientíficos, nuestra sociedad no se dejó arrastrar por el atraso sino que demostró su ingreso a la modernidad.

Los Nuevos Tiempos de Nicaragua no se corresponden con la Edad Media que vive la derecha conservadora, cuyas siglas perdieron la ruta del Siglo: sus números están en rojo, comenzando con el 8.1% que suman todas las facciones opositoras.

El 77.6% del pueblo nicaragüense aprueba el Canal y, a la vez, el 61.5% piensa que “es una oportunidad para restaurar y preservar el lago de Nicaragua” (Encuesta M/&R, octubre 2015).

Atizar los miedos, despertar odios, incluido el racismo, y generar desde desconfianza hasta pánico en los campesinos, no es propio de un verdadero movimiento ambientalista.

Nunca las ciencias se abrieron paso recurriendo al oscurantismo, las amenazas, los prejuicios, las falsedades, el rumor y la xenofobia.

He ahí lo que les delata abiertamente como usurpadores de una bandera limpia que en sus manos ha terminado muy contaminada.

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