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De la historieta a la Historia: Nicaragua-EE.UU.

19 Noviembre 2015

Por Edwin Sánchez.

I

Si Walmart, considerada la tercera corporación pública del mundo, está por extender su enorme cadena de almacenes en Managua, Pricesmart se amplió con un nuevo club en carretera Masaya, Cargill avanza con sus instalaciones, y el presidente Daniel Ortega y la embajadora Laura F. Dogu coinciden en que deben procurar mayor acercamiento entre Nicaragua y Estados Unidos, las relaciones bilaterales entraron a la modernidad.

Alguien puede alegar que antes del retorno del Frente Sandinista al gobierno, las relaciones eran de buenísimas a estrechisisisímas, pero cometería un error de esos que ya no se toleran después del Sexto Grado, aunque sea analista internacional. Esos amables años no eran consecuencias de una verdadera amistad entre los dos países, sino entre el subalterno y la metrópolis, entre la provincia bananera y la potencia, o, entre la nación avasallada y el “imperialismo yanqui”. Así de simple.

Para comprender un pasado metido a la fuerza al pueblo que nunca fue responsable de ese estado de cosas, basta recordar el paradigma de lo que algunos todavía entienden por “República”: el “presidente” Adolfo Díaz (1911-1916; 1926-1928).

Burton K. Wheeler (1882-1975), senador del Partido Demócrata desde 1923 hasta 1947, nos demuestra que no se puede manchar a toda una nación por las decisiones que a veces salen de la Casa Blanca. El 28 de agosto de 1927, en el Capitolio, hace un magnífico retrato del sentido moral de Estados Unidos y lo contrasta con la política de rapiña de gente como el republicano Calvin Coolidge (1923-1929).

“Díaz ha sido colocado en la presidencia por Estados Unidos en tres ocasiones diferentes, y ahora se encuentra seguro en su cargo gracias a la intervención de nuestros marinos”.

Llama al encargado de negocios de la Legación norteamericana (la Embajada), Lawrence Dennis, ‘hacedor de reyes’, en referencia a ser el padrino de Díaz, asediado por las fuerzas liberales en las que combatió el general Augusto C. Sandino.

La era de los “hacedores de reyes” llegó hasta 2006, cuando la derecha fundamentalista “confundía” los memorándum del Departamento de Estado con la Constitución y la Embajada con la República.

Paul Trivelli, embajador de la ultraconservadora dupla Bush-Cheney, “ungió” abiertamente como su candidato presidencial de aquel año a su “Proyecto Adolfo Díaz” del siglo XXI, Eduardo Montealegre, y rechazó la del doctrinario liberal José Rizo.

Wheeler expuso: “Estados Unidos, al modo de un jugador alcoholizado, ha hecho menosprecio de la amistad que se le profesaba, haciendo tales cosas en Nicaragua, particularmente en las últimas semanas, que a no dudarlo, han de reportarle el odio de todas las naciones centro y sudamericanas. Mr. Coolidge, siguiendo las huellas de la diplomacia del dólar, en su aspecto más destructor, pensó aniquilar los ideales americanos de soberanía de nuestros débiles vecinos, despreciando el buen concepto de toda América”.

El senador por Montana estableció la diferencia: “El pueblo de Estados Unidos no quiere la guerra con México ni con Nicaragua, y reclama que sus marinos sean retirados de aquellas tierras, así como los buques lo sean de aquellas aguas” (El Pequeño Ejército Loco, Gregorio Selser, 1983, pp 134-136).

II

Así que aquellos que han cuestionado las “frías” relaciones entre Nicaragua y Estados Unidos, deben comprender que apenas en estos nueve años se reestrena la República. En los años 80 el intento significó sufrir lo que Gabriel García Márquez describió como la “diplomacia de mano dura y el renovado aliento de guerra, destapada o encubierta”, de Ronald Reagan.

Es que bajar la República del altar de la ficción jurídica a la realidad, fue, y aún es, una herejía para quienes no toleran que un territorio pequeño ose creerse país.

La Constitución de 1987 y las subsiguientes reformas no alteran el espíritu de la Ley. Artículos 6-7: “Nicaragua es un Estado independiente, libre, soberano, unitario e indivisible…”. “Nicaragua es una República democrática…”.

La República fue enterrada bajo siete cuartas de entreguismo inútil. No enredemos sumisión con libertad, ventriloquía con democracia y “esperar la seña” con Estado de Derecho.

III

La embajadora Laura F. Dogu, al presentar las cartas credenciales, dijo que “Los Estados Unidos y Nicaragua comparten el mismo objetivo de una Nicaragua próspera”. “El día de hoy me comprometo a trabajar muy de cerca con el Gobierno de Nicaragua y el Pueblo nicaragüense, para asegurar el progreso en áreas como Desarrollo Económico, la Seguridad Ciudadana y la Democracia”.

Es relevante el entendimiento alcanzado en tiempo presente: “Estados Unidos se complace en ser socio de Nicaragua y no tengo la menor duda que mi estadía en Nicaragua será una experiencia interesante y muy gratificante”.

El presidente Daniel Ortega habló de una “nueva etapa” entre las dos naciones, y que “es más lo que nos une que lo que nos separa”.

“A pesar de las diferencias, hemos logrado sobreponer las diferencias e ir avanzando, para fortalecer, para construir Buenas Relaciones…con Estados Unidos. Con su Pueblo, con su Gobierno…”.

Durante la reunión con el Subsecretario Adjunto para Centroamérica y El Caribe de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Francisco Palmieri, el comandante Ortega, subrayó que “se debe mantener una buena comunicación, para fortalecer estos tres grandes ejes (seguridad, paz y democracia)”.

El alto cargo norteamericano dijo: “Es un gran honor para nosotros tener la oportunidad de hablar con el señor Presidente y hemos tenido muy buenas pláticas de toda la agenda bilateral que tenemos, y yo creo que con los buenos oficios de la señora embajadora Dogu vamos a avanzar en las relaciones entre los dos países el año que viene”.

El presidente de la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua, Amcham, Roberto Sansón, reveló a El 19 Digital que “La embajadora (Dogu)… está muy contenta, parece que en esta visita el Señor Palmieri salió con una buena Agenda de Trabajo. Me comentó que había salido muy contento. Creo que tenemos buenos momentos con Estados Unidos; la verdad, creo que hay grandes oportunidades de aprovechar, que mucho más empresas pequeñas puedan exportar”.

La señora Dogu, para desgracia de la derecha desactualizada, no es Lawrence Dennis ni el relevo del último procónsul, Paul Trivelli. Pertenece a la nueva generación de líderes estadounidenses que se abre paso en medio de los tentadores demonios del anacronismo.

Y Nicaragua, como dice la escritora Rosario Murillo, vive Nuevos Tiempos, cuando “el desarrollo se plantea con justicia social” y los desafíos “se enfrentan con Buen Juicio y Buen Corazón”.

Paz de los Nuevos Tiempos: pasar de la historieta a la Historia constituye una Revolución superior aunque no suenen los fusiles.


 

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