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Recordemos a nuestros mártires esta Navidad

30 Noviembre 2015
Recordemos a nuestros mártires esta Navidad

Recopilación: Clemente Guido Martínez. Historiador.

Recordemos a nuestros mártires de Estelí, esta navidad, no para odiar, sino para perdonar conscientes del pecado cometido contra ellos. Mi voto es por la paz de Nicaragua.

FELIPE Y MARÍA EUGENIA BARREDA. Esposos. Católicos. Mártires de la Revolución, secuestrados por la Contrarrevolución, de un campamento de cortes de Café en diciembre de 1982 y llevados a la Base Operacional Pino Uno, ubicada en Honduras, junto a la frontera con Nica­ragua; son asesi­nados a principios de enero del 83, orden dada por el comandante El Suicida y ejecutada por Pedro Javier Núñez Cabezas, alias El Muerto.

“Me llamo Pedro Javier Núñez Cabe­zas. Mi seudónimo es El Muerto. Yo interrogué, torturé y asesiné al señor Felipe Barreda y a su esposa María Eugenia Barreda". Y al ser inte­rrogado por algunos periodistas, ya no tuvo re­paros en describir detalles reveladores de su actuación en el servicio de Inteligencia del FDN con los secuestrados nicaragüenses:

—"Los primeros en llegar fueron los cuatro milicianos, como a las once de la mañana. A la una y media, más o menos, llevaron detenido a Felipe Barreda, quien iba herido de charneles. Luego, como a las cinco de la tarde, llevaron a la señora María Eugenia, quien llegó bastante maltratada y con una fuerte hemorragia vaginal. Ordené que los amarraran a todos en la casa. Al día siguiente, los Barreda fueron llevados vendados a una casa para ser interrogaos El interrogatorio se hizo por separado A la señora le apliqué tortura psicológica, pero a señor Barreda le pegué un culatazo en la cabeza con la cacha de mi pistola y lo cargué a patadas cuando no quiso aceptar lo que antes había dicho su señora. Esa noche los dos fueron sacados des­nudos para que amanecieran bajo la lluvia. Al día siguiente, llegó Abe!, encargado de seguri­dad del Estado Mayor, en compañía de Ortiz, el responsable de propaganda de la radio 15 de Septiembre, quien les hizo entrevistas a los pri­sioneros. Después de eso, El Suicida me dijo que matara a los Barreda, y yo cumplí la orden dándoles un balazo en la cabeza con ayuda de Juan y Tapir".

Las preguntas de algunos periodistas le arrancaron detalles significativos. ¿Por qué matarles? “Porque era imposible quebrarles la mo­ral. No pudimos doblegarlos". “A las propuestas de que aceptaran colaborar con nuestra lucha y así salvarían la vida, ellos respondían: Nos­otros somos cristianos y somos sandinistas desde hace muchos años y nunca dejaremos de serlo”.

"Me enojaron", dijo al señalar que ni los gol­pes con la cacha de la Browning ni las patadas consiguieron que renegaran de su postura. “A él le abrí las heridas de los charneles con la culata de la pistola. A ella también le di duro. Me ayudó un hombre que tienen en el Estado Mayor de Tegucigalpa, de apellido Tijerino quien había sido interrogador de la OSN. Nos turnábamos y a veces les dábamos los dos al mismo tiempo. Cuando nos cansábamos, lo hacían mis hom­bres en el equipo de inteligencia, dos ex-EEBI conocidos como El Tapir y Juancito.

"Siempre respondían lo mismo: que eran san­dinistas y que andaban recogiendo café para le­vantar la producción de Nicaragua".
 

El testamento de Mary a los hermanos pobres

Desde el cafetal, María Eugenia envió una carta a Estelí, por medio de las muchachas que dejaron el corte de café horas antes de que el grupo fuese atacado. Sería ésta la última carta que escribía Mary, la última de las muchas cartas que ella escribió a lo largo de su vida.

Tuve esa carta en mis manos y ahora tengo una fotocopia de la misma ante los ojos. Es una carta escrita a mano, en letra grande y clara, por detrás de un viejo impreso de arrendamiento sin llenar. Lleva fecha de “24-12-82” y su primera frase es: “A mis queridos hermanos del Omar Torrijos”.

“Omar Torrijos” es el nombre del barrio pobre al que Mary se entregó en el último período de su vida. Y en esa carta les dice: “… Se me presentó la oportunidad de hacerles (a ustedes) un buen regalo, aunque eso significaría no estar (esta Navidad) en cuerpo con ustedes, y es la oportunidad de ir a cortar café estos 10 días y por eso les estoy escribiendo estas cuatro letras, para decirles que aquí tienen mi obsequio para todos ustedes: lo poco que yo pueda cortar, será traducido o mejor dicho convertido, en salud, vestido, techo, caminos, preparación, comida, etc. Y por eso voy a cortar café con todo el amor y el entusiasmo de que sea capaz, y sepan que en cada grano que corte, estarán presentes cada uno de sus rostros, el de sus niños y aún de los que no conozco. Y por ese amor que les tengo, sé que el Señor multiplicará lo que cortemos”.

No exageraba María Eugenia. El café es la gran riqueza de Nicaragua, su oro, uno de sus primeros productos de exportación. Recoger la cosecha de café significa poder hacer efectivos los proyectos de salud, vivienda, alimentación, educación y otros bienes básicos que la revolución subvenciona para las mayorías pobres, con las enormes dificultades de una economía heredada en bancarrota de Somoza, amenazada por el bloqueo desestabilizados de los Estados Unidos y desgastada por la guerra contrarrevolucionaria armada y dirigida por la CIA y la política del presidente Reagan.

Eso lo saben también los contrarrevolucionarios y sus asesores, que montan emboscadas y ataques armados a los grupos civiles de hombres, mujeres y jóvenes que recogen la cosecha de café. Diciembre y enero son, por eso, en la Nicaragua revolucionaria, un tiempo vital que la contrarrevolución armada convierte en tiempo de secuestros y de muertes.

ENTREVISTA COPIADA DE:

TEOFILO CABESTRERO

FELIPE Y MERY BARREDA

LIBRO-PERIODICO. El tayacán, 1984.

DIERON LA VIDA POR SU PUEBLO,

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