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Licor, motociclistas y muertes violentas

18 Agosto 2016

Por Juan Carlos Santa Cruz Clavijo*

¿Cuántos crímenes provoca el exceso de licor en el año?. ¿ Por licor cuántos muertes en accidentes de todo tipo hay?. ¿Cuántas viudas y huérfanos quedan a lo largo de un año?. Por qué no se hacen movilizaciones y se pone un rótulo frente a cada licorería o cantina diciendo “este es uno de los lugares que se vende licor que produce muerte y desgracia en los hogares”?.

Si se logra responder estas preguntas se ha dado un buen paso, pero no debemos ser tan ingenuos, porque ellos son los que financian gran parte de las trasmisiones deportivas, por ejemplo las de beisbol. En tal caso, desde ya podemos decir que la doble moral no es buena consejera.

No hay un día que el licor no afecte a las familias nicaragüenses. A veces coinciden las heridas, las discapacidades físicas y sicológicas, y la muerte. La culpa no es del licor, sino de quienes lo producen, y de los que lo consumen.

Lo que comenzó en una amena charla de amigos (licor de por medio) finalizó en el hospital, la cárcel, la clandestinidad o el cementerio. Diariamente podemos observar en las noticias de la televisión, a niños huérfanos, viudas y demás deudos acongojados por la pérdida de un ser querido. Ahí mismo se darán los comentarios y todos coincidirán que "al difunto que gustaba beber licor". Habrá relatos de todo calibre focalizando la responsabilidad en el difunto, en sus amigos de tragos, en la "mala vida que le dio a su familia".

Las explicaciones están centradas en la víctima, es decir, en el consumidor. Las voces que responsabilizan a los productores y promotores del licor permanecen en silencio. Los más pragmáticos argumentan que "cada cual es responsable de sus actos". Es cierto, cada quien debe responsabilizarse de sus actos, pero, debemos dejar claro que tiene igual responsabilidad moral el productor y abastecedor que el consumidor del mortal licor.

El licor es responsable de muchas muertes, heridos, violaciones, y la desarticulación de familias enteras. Cuando decimos licor le ponemos nombre y apellido, no por tener nada personal contra el sr. Carlos Pellas, sino porque él tiene el monopolio de la producción a gran escala del licor, aunque es justo decir que existen otros muchos productores a nivel municipal que también tienen nombre y apellido.

Quizás algún día alguien utilice los recursos de la publicidad moderna en una demostración en la que se haga un consolidado numérico y de sus consecuencias físicas y sicológicas del consumo en exceso del licor en las familias nicaragüenses.

Diariamente asistimos impávidos a la escena de litros de sangre derramada, mezclada con miembros amputados, y por supuesto muertes de conductores ebrios. Pero no nos engañemos los accidentes de tránsito por ebriedad son apenas un aspecto del consumo de licor, porque las consecuencias sociales y familiares son dantescas .

Sólo si se recogiera la sangre perdida diariamente, en accidentes de tránsito, riñas, violencia intrafamiliar, entre otros, y que con tanto entusiasmo recoge la noticia roja de televisión, se llenarán varios barriles de sangre humana en el transcurso de un año. Luego si sumamos los niños huérfanos y abandonados, por los mismos motivos, seguramente llenamos ampliamente los parqueos de los negocios de los dueños del monopolio de producción de licor. De manera que en términos cualitativos son muchas las responsabilidades morales que están en juego.

Lo anterior se refiere a lo humano, en tanto que en lo material las pérdidas son cuantiosas, por accidentes, incendios, destrucción intencional, etc.

Hace falta un debate franco acerca de la libertad empresarial y la responsabilidad social vista desde diversos ángulos y no solamente desde los empresarios. Ese debate no debe ser para culpabilizar a unos y exonerar a otros, por el contrario, no tiene razón de ser el licor, si nadie lo bebe, por lo tanto debemos hablar de responsabilidad social. Ese debate debe ser propositivo y desde el inicio hay que fijar dos puntos focales de lucha, el más importante en el seno de la familia y el otro en la escuela.

El mensaje a los productores de licor es que su mercancía es no grata para una gran parte de la sociedad. Al Gobierno, que debe profundizar su enfoque humanista y no pensar exclusivamente en las recaudaciones fiscales. Por su parte, nosotros los ciudadanos debemos centrar nuestros esfuerzos en los riesgos en la familia, con una visión constructiva, porque estamos claros que pasarán muchas lunas para que se abandone el consumo en exceso de licor.

No hemos olvidado a los irresponsables que prefieren comprar licor y compartirlo con sus amigos a suministrarle una pacha de leche a su hijo de pocos meses de nacido. El licor afecta la disciplina laboral, la calidad del trabajo, las relaciones personales y familiares. Nos empobrece, y nos lanza a la desesperación, el rencor y la violencia.

Creemos que la gallinita de los huevos de oro, alimentada por las fabulosas ganancias de las ventas monopólicas de licor deben hacer un alto en el camino, entre las múltiples razones están la de la responsabilidad social empresarial, y por el hecho de tomar conciencia de que existen trofeos que chorrean sangre.

Estamos conscientes que el tema abordado desde este ángulo genera polémica entre consumidores y no consumidores. Seguramente algunos reaccionarán airados porque consideran que este enfoque atenta contra la libertad de empresa. Para ahorrarles el comentario les diremos que no necesariamente tiene que prohibirse el licor, pero perfectamente pueden crearse mecanismos dirigidos a su reglamentación, como el cobrarles un impuesto lo suficientemente alto como para quitarles la inspiración a los productores monopólicos y también a los otros que sin ser tan famosos se han enriquecido a nivel de ciertos municipios.

Por supuesto que este impuesto alto, no tiene porqué repercutir en el consumidor, sino que esa brecha debe ser cubierta por el productor de licor, porque de lo contrario aumentaría desmesuradamente su precio y luego vendrían tarjetas especiales para comprar licor como ya se utilizan en Guatemala para cierto tipo de cerveza.

Finalmente, cuando oímos a los del monopolio hablar de la responsabilidad social, nos recuerda el dicho popular de que "las palomas le tiran a las escopetas".

Asociado a lo anterior están los constantes accidentes de motociclistas por consumo de licor y también por problemas de infraestructura vial.

Los accidentes de los motociclistas se han vuelto un problema de primer orden. La Policía trata de resolver las cosas con multas y capacitaciones. Sus acciones pertenecen al presente, pero lo más grave está en el futuro.

Concretamente si la infraestructura vial no resiste la existencia de tantas motocicletas, entonces, la pregunta es qué ocurrirá en cinco años. Aquí hay responsabilidad compartida del Gobierno y los empresarios, particularmente los importadores.

Las promociones están a la orden del día. Hay competencia por quién otorga màs cuotas para el pago. Paralelamente no se ve por ningún lado que los empresarios comercializadores de motocicletas expresen públicamente su sensibilidad social ante tantos accidentes, muertes y heridos. Ellos están preocupados en vender.

El Gobierno tiene todas las facultades para establecer un alto en la venta de motos en las ciudades y sólo permitirlo para el área rural. Se trata de una decisión trascendental, pero la gravedad de las circunstancias lo ameritan.

Seguramente los empresarios se opondrán a tal medida y la calificarían como una forma de limitar la libertad de comercio. No obstante, cuando las vidas humanas y la seguridad ciudadana están en peligro, habrá que tomar medidas drásticas para evitar màs luto en las familias nicaragüenses.

Hay diez mil motociclistas que no han retirado las placas en el Tránsito, en tanto los asaltos en motocicletas sin placas están a la orden del día. Si la Policía tiene todos los datos de esos irresponsables, lo lógico es que se les localice y se retenga su motocicleta hasta que retire la placa.

Así las cosas, en cinco años, los accidentes se habrán multiplicado, y también el número de muertos y heridos, que nos siempre se dan por el exceso de consumo de licor.

Tomar una decisión sobre la restricción de venta de motocicletas en el área urbana, por razones humanitarias, es una tarea del Gobierno. Velar por el cumplimiento de la ley de Tránsito le corresponde a la policía. En tanto que tomar conciencia de que la infraestructura vial de las ciudades no resiste nuevas motocicletas es una responsabilidad social de los comerciantes, además que la vida humana es más importante que cualquier otro capital.

*Sociólogo

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