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Generales Sandino y Pedrón

22 Febrero 2018
Generales Sandino y Pedrón

Por Salomón de la Selva

Cuando llegó Sandino a El Chipote, ya estaba Pedrón Altamirano allí con su gente. Sandino recibió el elemento de guerra capturado. Después hizo pasar a ‘Pedrón’ a su despacho. Los dos hombres quedaron solos, frente a frente. El uno cargaba su machete. Era un hombrazo. El otro llevaba revólver al cinto. Era de complexión endeble. Se miraron largo rato, sin decirse palabra, sosteniéndose fieramente la mirada.

- ¿Con qué ánimo ha venido aquí, señor Altamirano?

- Pues a quedarme, bajo una condición.

- Yo lo acepto, pero también bajo una condición.

- Juguemos los gallos tapados, a ver si quiere.

- Me cuadra.

- Mi condición es que yo seya general también.

Sandino sonrió.

- Aceptado general Altamirano, pero sepa y entienda que aquí mando yo. Mi condición es que usted deje de ser conservador y sea sólo nicaragüense.

- Queda hecho el trato.

Sandino arrugó el entreceño.

- ¡General Altamirano! —dijo con voz altiva.

- ¿Qué manda, mi General? —replicó el otro.

- ¡Entrégueme ese machete!

- Altamirano hizo un gesto de sorpresa, pero se desenfajó el arma lentamente y la entregó.

- Puede retirarse, General.

- ¡Qué le hubo? —le preguntaban los suyos a Altamirano al verlo salir solo y desarmado.

- Que nos quedamos a las órdenes del general Sandino y ya no somos conservadores sino sólo nicas. ¡Tetelque el hombrecito!

- Lo que soy yo, me devuelvo —expuso uno de los de aspecto más fiero—, que conservador nací y conservador he de morir.

- ¡Bruto! —le replicó Altamirano. ¿Qué no naciste nica, so bestia? De aquí no se va nadie, que mando yo y por sobre yo mi general Sandino.

- Sí así es la cosa —dijo el soldado—, me quedo puej. Si sólo quería que me explicara cómo era la cuestión. ¡Tan caliente se me puso, mi General!

Estaban en un extremo del corredor. Sandino apareció en el otro extremo.

- ¡A formar, jodidos! —ordenó Altamirano.

Los treinta y tantos hombres de su séquito se formaron. Altamirano, al frente de ellos, saludó a Sandino.

- ¡General Altamirano! —le dijo Sandino—. Quiero que usted porte mi revólver. Es un recuerdo de amistad que le doy. Hágame una lista escrita de sus soldados para incorporarlos al Ejército, y vea que busquen acomodo.

- Gracias, mi General.

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