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Un obispo que promueve el odio

04 Septiembre 2018

Por Juan Carlos Sarmiento Martínez (*)

Durante su misa dominical del 2 de septiembre, horas antes que enardecidos pobladores le gritaran "asesino", cuando junto a otras personas viajaba hacia la capital, el obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, lanzó su propuesta de 10 puntos que más parece un intento por protegerse de los serios señalamientos que los matagalpinos lanzan contra su persona tras su abierta participación como uno de los principales cabecillas en la asonada que afectó a esta ciudad y a todo el país en general.

Junto al arzobispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, y el obispo de Estelí, Abelardo Mata, Álvarez jugó un papel beligerante en la organización del engranaje que desembocó en la crisis política que desde el 18 de abril se extendió por toda Nicaragua durante tres meses, provocando la muerte de 198 personas, más de un millar de heridos, secuestrados, torturados y desaparecidos por las hordas vandálicas, además de cuantiosas pérdidas materiales en bienes públicos y privados y sumergiendo a miles de empresarios en las quiebras de sus negocios.

Es extremadamente paradójico que uno de los principales instigadores de la violencia, que se valió de su condición de guía espiritual, de su vestimenta, del templo sagrado que el vaticano le confió y del púlpito para oficiar sus deberes sacerdotales, para dividir y crear el caos entre su propio rebaño, ahora venga y trate de remendar corazones rotos, jugando con el dolor de las familias de las víctimas como si no hubiese tenido nada que ver en los hechos sangrientos que enlutaron a los nicaragüenses.

Conservador y medieval

En su "Propuesta para una Cultura de Derechos Humanos en Nicaragua", Álvarez da un paso atrás y se olvida de quienes le acompañaron como fieles aliados en la organización y retaguardia de la asonada: las feministas nacionales y extranjeras pro-aborto que, incluso antes de abril, se plantaban y desnudaban en el atrio de catedral para hacer sentir su postura "anti-clerical", pero que en un abrir y cerrar de ojos recibieron la seña de cambiar de posición para establecer el más inverosímil maridaje con su enemigo "histórico" al que siempre han identificado con la espada y la cruz. En el primer punto, Álvarez no solo da un viraje de retorno radical hacia las raíces de una iglesia conservadora y medieval, con la que siempre se ha identificado plenamente, sino que de tajo se divorcia de una aliada que le resultaba hartamente incómoda y de la que le urge deshacerse ante la pérdida alarmante de feligreses que viene sufriendo la iglesia desde mediados de abril.

Resulta interesante que este cura, caracterizado por sus duros discursos y una actitud de abierta confrontación hacia quienes optan, incluso, por el sexo seguro, realizando llamados a la no venta de preservativos o condones en las farmacias, pretenda ahora levantar una especie de barrera o muro al que reviste de dignidad, divinidad, respeto sagrado… Es así que en sus puntos 2, 3 y 4 habla de la dignidad de la persona humana, de la difamación, la calumnia, de la integridad moral, la intromisión en la vida o el ámbito privado de los demás. Aquí enfatiza en la comunicación y redes sociales, las que considera como "vital, fundamental y esencial" para, según él, generar una cultura de respeto.

Ahora también considera, por lo menos en su parto, que se debe terminar con una especie de "guerra" presente en las redes sociales, evitar el lenguaje que incite a la violencia, al odio o la venganza. Contrario a la actitud de confrontación, odio y violencia virulenta que mantuvo hasta hace pocos días desde el interior de la iglesia y fuera de ella, considera que "debemos encontrarnos, mirándonos a los ojos, sin tenernos miedo, sin humillarnos y sin sentirnos extraños, para que ahí, nazca una realidad divina". ¿A qué le teme este religioso? En las redes sociales ha mostrado un dominio que combina a la perfección con la radio y televisión en cadena, pero, por contradictorio que parezca, es precisamente en las redes sociales donde ha encontrado su talón de Aquiles. Los vientos están en su contra, las arenas movedizas amenazan con tragárselo, todo el poder de persuasión y convencimiento del que hace gala como cura y comunicólogo ya no le bastan para convencer desde el púlpito, los medios de comunicación o las redes sociales. Amén de haber arrastrado a la iglesia a una lucha fratricida sin sentido, en la que cada quien carga con la peor parte.

Un guía espiritual contradictorio y poco creíble si tomamos en cuenta que hasta hace pocos días defendía a capa y espada a los tranques de la muerte que afectaron seriamente al transporte internacional. Su frase célebre "respete la patria" expresada a un transportista costarricense que le pidió ayuda para continuar el paso hacia su país, seguramente aún resuena en los oídos ticos. Habla de cuidar y tutelar cada libertad y que la lesión a una de ellas es una lesión a todas las otras. En el punto seis aborda estos aspectos e incluso considera que solo hay auténtico respeto a las libertades fundamentales, cuando se respeta cada una de ellas. Se le olvidó al obispo los días y noches interminables que, en detrimento de esas sagradas libertades, apoyó a los vándalos en su acción de pillaje con que mantuvieron bajo asedio, secuestro y estado de sitio a la ciudad de Matagalpa durante tres meses.

Y claro, habla de la familia en su punto siete, olvidando sí la crueldad con que él y sus amigos de aventura dividieron cada núcleo, lanzando a hermanos contra hermanos, hijos contra padres, amigos contra amigos, a ciudadanos contra autoridades y así sucesivamente. Ya reconoce el respeto sagrado e irrestricto del pensamiento, a tener criterio propio… Se le olvidó al obispo Álvarez, que los "estudiantes" que el apoya persiguieron y cometieron los peores crímenes contra aquellos que no comulgaban con ellos o por ser sandinistas. En esos momentos de terror, la libertad de pensamiento y criterio propio fueron vedados a los nicaragüenses y muchos pagaron con sus vidas a causa de esto.

¿A qué le teme Álvarez? Más que una propuesta, lo suyo me parece un intento desesperado por acallar aquellas voces que han salido del silencio profundo de la censura eclesial, amenazando con poner al descubierto las interioridades que no le convienen al clero en general, y a él en particular. Tarde o temprano, esos trapos sucios se lavarán en público y provocarán un sismo de magnitudes desastrosas para la iglesia. Para retrasar el escándalo, el obispo de Matagalpa busca cómo frenar las críticas y ataques a su papel con una Propuesta de Derechos que él y otros tantos como él se encargaron de pisotear.

(*) Periodista de Matagalpa.

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