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Septiembre 30, fecha inolvidable para trabajadores de Radio La Primerísima

30 Septiembre 2018

Por Carlos José Martínez Hernández (*)

Este domingo 30 de septiembre se cumplen 28 años en que los enemigos de la libertad de expresión, ahora grandes defensores de la democracia y dizque personalidades de la vida política, quemaron los transmisores de Radio La Primerísima, ubicados en la parte norte de Santa Clara aquí en Managua.

Será sin duda alguna, una fecha y un evento inolvidable para todos los trabajadores de la emisora que aún formamos parte muy orgulloso de este colectivo y de quienes en algún momento estuvieron con nosotros pero que buscaron otros horizontes por razones económicas o políticas.

Recuerdo que precisamente era un día domingo, en horas de la tarde recibimos una llamada telefónica por parte del director de la Radio, donde se nos convocaba a una reunión de urgencia donde están ubicados los estudios centrales en el barrio Martha Quezada.

Las caras de tristeza, algunas de ellas con lágrimas dejaban al descubierto que las malas noticias estaban por llegar. No pasó mucho tiempo en que nos diéramos cuenta de lo que había pasado con nuestros transmisores y el local donde estaban instalados.

Tras la lamentable noticia y especulaciones sobre lo ocurrido, reinó un silencio sepulcral, todos los presentes estábamos claros de las repercusiones que eso implicaba a lo inmediato y el panorama oscuro que estaba por venir para nosotros y nuestras familias.

Nos trasladamos hasta las instalaciones de nuestras plantas transmisoras y pudimos constatar la magnitud de la desgracia. Todo había quedado en cenizas, una escena espantosa digna de una película cargada de mucho drama con afectaciones sociales y económicas.

El vigilante de la planta relató que hombres con rostros cubiertos y a bordo de una camioneta llegaron con mucha violencia, lo amarraron, amordazaron y posteriormente rociaron de gasolina los transmisores y el edificio, luego procedieron a prenderle fuego.

No era fácil, Radio La Primerísima era una de las emisoras más escuchadas en ese momento, por su credibilidad, probablemente líder en este tema y por su política informativa, sus noticieros tenían buenos rating y siempre competían por los primeros lugares.

Tras la quema, nos quedamos con las manos vacías, sin fondos para resolver a corto plazo y con un gobierno neoliberal como el de Violeta Barrios de Chamorro, que empezaba apretar las tuercas con la publicidad a las emisoras con pensamiento de izquierda y que siempre están comprometidos con la lucha de los trabajadores por sus reinvindaciones laborales, económicas y sociales.  

Conocer quién era el responsable de este atentado criminal era lo de menos, eso saldría a luz con el tiempo porque siempre se ha dicho que “entre cielo y tierra no hay nada oculto”, lo importante en ese momento era definir estrategias encaminadas a garantizar el sustento de nuestras familias y en la reconstrucción de la radio.

Se trataba de dos tareas bastante difíciles, pero no imposibles, aunque algunos compañeros tiraron la toalla en el camino y decidieron buscar fortuna por otro lado.

Tiempo después nos dimos cuenta que el responsable intelectual de la quema de los transmisores fue nada más y nada menos que el Jefe del Ejército en esa época, General Humberto Ortega Saavedra, porque al parecer no le gustaron señalamientos y posiciones políticas hechas desde Radio La Primerísima. Evidentemente hay quienes nos odian porque decimos las cosas tal cual y tratamos de ser lo más objetivo posible, pero también hay oyentes que aplauden y respaldan nuestras posiciones sobre temas sociales, económicos y políticos.  

El tiempo nos dio la razón y don Humberto se volvió socio de Antonio Lacayo, que en ese entonces era el hombre fuerte del gobierno de la señora Barrios de Chamorro. Entre ambos políticos, uno de ellos quizás ya rindió cuentas a Satanás, negociaron la venta de medios militares (tanques, aviones y helicópteros) y probablemente el tren con todo y rieles y durmientes que por décadas le sirvió tanto a miles de familias nicaragüenses.

De la noche a la mañana “Mi General” se volvió un millonario que vive fuera del país, pero que de vez en cuando aparece en los medios de comunicación dando según él lecciones de política y democracia.

Han pasado muchos años y en lo particular no tengo resentimiento en contra del señor Humberto Ortega, y solo hago mención de él porque estamos recordando este dramático y lamentable episodio que vivimos los trabajadores de Radio La Primerísima y por supuesto nuestros familiares.        

Sobre este personaje solo me resta recordar que “La mona aunque se vista de seda, mona se queda”.

Tras la quema, hicimos muchas actividades para poder sobrevivir, entre ellas la venta de bonos solidarios entre los sindicatos, algunos de los cuáles aún tenemos una relación fraterna, como en el caso de los trabajadores de la salud, los maestros y de las comunicaciones.   

Al poco tiempo se pudo armar un transmisor de baja potencia, pero al menos ya estábamos al aire, con la frente muy en alto, orgullosos y firmes en la defensa de la Revolución y con nuevos bríos.

Simultáneamente, empezamos hacer gestiones a nivel internacional y la solidaridad de los amigos de Barcelona, Canarias, entre otros, no se hizo esperar y en unos pocos meses estrenamos un transmisor de 10 mil watt de potencia que nos garantizaba una vez más la cobertura a nivel nacional.

Actualmente vivimos tiempos más difíciles y cuando se trata de una Radio con ideología y pensamientos de izquierda muy firmes, los enemigos sin duda alguna sobran y las críticas no cesan, principalmente de aquellos que piensan torcido y que siempre creen tener la razón.

El colectivo de Radio La Primerísima, en su gran mayoría sandinista, sigue comprometido en la defensa de la Revolución Popular Sandinista (RPS), antiimperialista y fieles seguidores de los ideales del General Augusto C Sandino, Carlos Fonseca Amador y de los miles de Héroes y Mártires que ofrendaron su vida para que Nicaragua fuera libre, soberana e independiente. 

(*) Periodista Radio La Primerísima/Editor Página Web

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