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Convertir las redes sociales y los medios en instrumentos de paz

04 Noviembre 2018
Convertir las redes sociales y los medios en instrumentos de paz

Adolfo Pastran Arancibia (*)

Desinformar, según la Real Academia Española, es: Dar información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines. También hace referencia a una información incompleta.

Desde el 10 de Enero del 2007, cuando el Presidente Daniel Ortega recibió la banda presidencial como presidente del país, inicia la campaña de desinformación, descalificación, descrédito y deslegitimación para crear las bases de lo que sucedió en Nicaragua en abril pasado.

La oposición liberal, algunos medios masivos de comunicación, parte del capital económico y Estados Unidos, no han aceptado aún esa derrota, ni las consiguientes derrotas electorales y desde ese día no han cesado en sus intentos por deslegitimar y desconocer a la autoridad constitucional. 

No ha sido entonces, como se ha pretendido presentar, una explosión social espontánea, sino el culmen de años de trabajo mediático para crear emociones, sensaciones, subjetivos y objetivos en la opinión pública nacional e internacional, hasta encontrar la oportunidad para derrocar al Gobierno.

Debe recordarse las campañas de desprestigio contra la Policía Nacional y el Ejército de Nicaragua por parte de organismos locales de derechos humanos y medios de comunicación, para descalificar los altos índices favorables de seguridad ciudadana y lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado que toda América Latina ha reconocido, acusando a ambas instituciones de violentar derechos humanos.

Un articulista opositor escribió cuando iniciaron las protestas por un supuesto mal manejo del incendio de la Reserva Indio Maíz, que buscaban la chispa para encender la pradera, que buscaban la primavera árabe en Nicaragua usando las redes sociales y los medios.

Se montaron foros, encuentros, diplomados, cursos, seminarios de diversas ongs para tratar de trasladar lo que había ocurrido en el medio oriente a Nicaragua, aunque lamentaban de que los nicaragüenses “no se levantaban”, “no despertaban” y al contrario daban las más altas aprobaciones a la gestión del gobierno sin precedentes en la historia republicana.

Desde el 2007 se hicieron muchos esfuerzos por deslegitimar a la autoridad legítimamente electa. Se dijo que este era un gobierno de minoría porque la oposición liberal se había dividido; luego que era un Gobierno Ilegitimo, y con el pasar de los procesos electorales que no eran reconocidos por la oposición porque los resultados no les favorecían entonces se acusó de inconstitucionalidad, de presuntos fraudes que ellos mismos admitieron que no podían demostrar.

Cuando la oposición del PLC y el PLI quiso provocar una crisis de gobernabilidad en el 2010 al vencerse los cargos de una cantidad considerable de funcionarios en el Estado y el Poder Ejecutivo lo evitó prorrogándoles los cargos bajo el amparo de un artículo constitucional, entonces se dijo que todo era ilegitimo, autoritario, dictatorial.

Ambos partidos, que nunca pudieron ponerse de acuerdo porque ellos mismos se ataron las manos con el Acuerdo Metrocentro II, pretendieron crear crisis de ingobernabilidad creyendo que eso les beneficiaría para las elecciones generales del 2011, en donde Arnoldo Alemán fue el candidato del PLC contra Fabio Gadea del PLI y Eduardo Montealegre.

Si el gobierno mantenía buenas relaciones con la Iglesia Católica, entonces representada por el Cardenal Miguel Obando y Bravo, entonces se atacó al Cardenal acusándolo de vendido, traidor, y se invirtieron muchos recursos en papel, tinta, impresión, reportajes, horas en televisión y radio, para descalificarlo y desacreditar su mensaje. Hasta la misa de los domingos que era transmitida por televisión se le suspendió en el Canal 2 y sus homilías que publicaba el diario La Prensa los domingos le fueron clausuradas.

Cuando el gobierno creó el modelo del diálogo y consenso con el sector privado que tan buenos resultados dio para el desarrollo socio económico y buenos réditos para los empresarios, se les acusó de ser comerciantes de la institucionalidad y de estar coludidos con el gobierno a cambio de hacer buenos negocios.

Al fracasar la estrategia contra las instituciones de mayor credibilidad, Policía y Ejército, y la personalidad del Cardenal Obando, las baterías apuntaron a dañar la economía.

Un político opositor dijo que había que atacar si piedad el proyecto del Canal Interoceánico porque argumentaba que, si ese Canal se lograba, al sandinismo nunca lo iban a botar del poder. Después nació un movimiento contra el proyecto financiado desde el exterior.

Cuando la economía creció de manera sostenida en los últimos cinco años en promedio 5.2% anual, se argumentó que era falso, que las cifras se inflaban, que el Banco Central mentía, que no era cierto que la pobreza extrema descendía y que si acaso, ese crecimiento era producto de un modelo corporativista, autoritario, sin transparencia y en donde a los empresarios importaban más las ganancias que la institucionalidad democrática. 

Cuando se alaba la seguridad ciudadana, en comparación con el resto de Centroamérica; la lucha contra el narcotráfico convirtiéndonos en un muro de contención, se reclamaba que aquí había inseguridad, aunque la noticia principal en los mismos medios eran los accidentes de tránsito.

En ese esfuerzo por presentar una narrativa diferente, los medios de comunicación jugaron un papel preponderante, no solo tratando de encontrarle un lado oscuro a la realidad, generando opiniones que descalificaban las cifras oficiales, sino también manteniendo una sostenida campaña de desprestigio contra las autoridades, sus familias, y contra altos dirigentes del Frente Sandinista.

En febrero pasado, un dirigente de la oposición, que fue vicepresidente de Nicaragua en los años 80, decía a un diario español que Estados Unidos estaba presionando a los empresarios para que rompieran el diálogo y consenso con el Gobierno o se atendrían a consecuencias.

En Marzo, en un evento de una empresa de auditoria internacional, la Embajadora de Estados Unidos, aseguraba que Nicaragua iba a la incertidumbre y advertía a los empresarios que debían separarse del gobierno, lo que fue bien destacado por los medios de oposición.

Recuerdo que el Día del Empresario en el 2016, el Presidente del COSEP dijo que en Nicaragua había “algunas de esas voces hoy nos acusan de implementar un modelo corporativista en donde los empresarios sacrificamos la democracia a cambio de la economía” y les advertía que “son las mismas voces que sacrificaron la libertad de empresa, la libertad de movilización, la libertad de religión, la libertad de prensa, las libertades individuales para promover la dictadura del proletariado. Ellos sacrificaron la economía a cambio de la dizque democracia que empobreció al país”.

“Y hoy se visten como ovejas blancas, valientes y virtuosos demócratas. Es su legado de destrucción el que hemos tenido que superar, en donde no hubo ni democracia ni prosperidad, y hoy pretenden sin objetividad alguna, creyéndose dueños de la verdad, descalificar lo que el sector empresarial ha venido construyendo”, decía el Presidente del COSEP.

Se refería a los que alguna vez fueron de extrema izquierda y que hoy agradecen a Estados Unidos por amenazar con sanciones y bloqueos económicos a Nicaragua.

En Marzo, un funcionario de la misión diplomática norteamericana encargado de la sección económica, llamó a una reunión a dirigentes de las grandes empresas privadas y las Pymes para incriminarlos y exigirles que rompieran la relación con el gobierno o se atuvieran a las consecuencias. Les reclamó por la eficacia y eficiencia en la resolución de los problemas.

Al siguiente mes, ese diálogo y consenso se rompió cuando el sector privado comenzó a separarse del tripartismo, evadiendo el cumplimiento de la Ley del Salario Mínimo y paralelamente se desató una guerra mediática y de redes sociales culpando al gobierno de haber iniciado un incendio en la reserva Indio Maíz.

Ahí están las publicaciones en donde se asegura que simpatizantes sandinistas le prendieron fuego a la reserva. Después resultó que un campesino, quemando su parcela, no pudo controlar el fuego y se expandió.

Antes, se lanzó la campaña de que el gobierno controlaría las redes sociales en Nicaragua y se desató una manipulación para impactar en la opinión pública, crear conmoción. Fue el segundo intento bien orquestado para medir la reacción de los ciudadanos, al mejor estilo de lo que se practicó en Guatemala contra el gobierno de Jacobo Arbenz en 1954.

Y los empresarios, que cuestionaban a sus críticos más fundamentalistas de la política criolla, hoy están sentados con ellos en la misma mesa, abrazando el mismo discurso por temor a ser castigados por Washington.

En gran medida, las consecuencias de lo que vivimos hoy podemos atribuirlo a la exacerbada campaña de los medios adversarios del gobierno contra todo diálogo y consenso, y a una bien elaborada estrategia que se aprovechó de las reformas al sistema de pensiones del INSS.

En marzo, una empresa internacional de relaciones públicas presentó en Managua a quienes desde su punto de vista eran los principales influenciadores de la opinión pública, los absolutamente creíbles. Ustedes ya saben ahora que esos influenciadores son hoy por hoy las principales figuras que encabezan la oposición, incluso religiosos, y que han alentado la confrontación entre los nicaragüenses.

El levantarse de la mesa de diálogo y negociación para acordar una reforma al sistema de pensiones y una reforma fiscal entre el gobierno y el sector privado en abril, alimentada por los medios de comunicación, las redes, organizaciones de la sociedad civil y de sectores de la Iglesia Católica, fue la oportunidad creada.

El 18 de abril, cuando grupos de jóvenes estaban manifestándose frente a la Universidad Centroamericana, una dirigente de una Ong dijo a un canal de televisión crítico del gobierno que se sentía orgullosa de que sus “muchachos” estuvieran en la calle protestando, y aseguraba muy satisfecha que eso era el fruto de muchos años de trabajo y de financiamiento de agencias de cooperación norteamericanas.

Nicaragua y el gobierno ha sido duramente atacado por clases económicas, sociales, políticas, hasta religiosas, medios de comunicación nacionales e internacionales y algunos gobiernos extranjeros, porque contrario al panorama desolador, catastrofista y terribilista con que se narraba la historia, se hicieron las cosas bien.

Recuerdo que en la primera reunión con los delegados del Alto Comisionado de las Naciones Unidas aquí en Nicaragua en el seno del Diálogo en mayo pasado, su primera impresión con la delegación gubernamental fue de sorpresa porque reconocían los altos niveles de seguridad ciudadana, reducción de la pobreza extrema y pobreza en general; el paradigma de Nicaragua en la equidad de género, reducción del analfabetismo, muertes maternas, mejor nutrición de la niñez, educación y salud gratuita de mejor calidad, infraestructura vial de primer mundo, apertura económica, libre mercado, aumento de las exportaciones, el turismo, avances en materia de derechos sociales y judiciales como el Código de la Familia que por primera vez en toda nuestra historia reconocía los derechos de hijos nacidos de cualquier relación y el avance de los juicios orales; la estabilidad macroeconómica, el crecimiento del PIB y la seguridad ciudadana envidiable.

Dos encuestas de dos entidades internacionales. La Universidad de Vanderbilt de Estados Unidos a través de su programa de opinión pública Barómetro de las Américas y la Corporación Latinobarómetro, destacaban a inicios de año el alto grado de aprobación popular a la gestión de gobierno del Presidente Daniel Ortega, reconociendo que respondía a las demandas ciudadanas de paz social, seguridad ciudadana y bienestar económico mejorando los índices de desarrollo humano, contrario a la desaprobación de otros gobiernos en América Latina.

Entonces se acusaba a las encuestadoras de parcializadas, vendidas, que esos datos eran falsos. Hoy se usan las encuestas para decir todo lo contrario.

La historia entre abril y octubre ya la conocen.

Las cifras de muertos, heridos, presuntos desaparecidos, no se pueden conciliar entre uno y otro organismo de derechos humanos, ni la CIDH, ni el ACNUDH. Todos los días cambian y todos los días crecen.

El país tiene semanas de estar recobrando la paz y la normalidad, pero algunos organismos de derechos humanos ven un crecimiento exponencial de muertos y heridos, de torturados, aunque la misma CIDH en su visita a la Dirección de Auxilio Judicial y a la Cárcel Modelo en Tipitapa, reconoció no encontrar signos de torturas contra los detenidos y procesados, acusados por el Ministerio Público.

Ahora, cuando los nicaragüenses con ese espíritu combativo que nos caracteriza, se esfuerzan por levantarse de la destrucción, la campaña mediática es que no hay normalidad; que si viene un crucero con turistas es que no todos los turistas se bajaron por miedo; que no es cierto que las empresas de zonas francas estén contratando más personal y que si hay contrataciones el crecimiento del empleo es lento; que si se anuncia la construcción de nuevas carreteras, que eso se va a caer porque vienen leyes de Estados Unidos que bloquearán los préstamos de las multilaterales y se suspenderán los recursos, y que si crecen las remesas del exterior es porque los nicaragüenses de afuera tienen miedo.

Es la campaña del catastrofismo, generada por quienes desean que el país no arranque sino es con ellos y por ellos y bajo su agenda, sus temas de democratización y sus mediadores; y escriben comentarios en los diarios, dan declaraciones en la televisión con visiones apocalípticas, pero presentándose como los salvadores y claman por un acuerdo político, aplaudiendo amenazas extranjeras.

Uno de estos analistas dijo por ahí que el Córdoba, nuestra moneda nacional desestabilizará Centroamérica, porque todos los días se promueve desde los medios y las redes, el derrumbe del sistema financiero y una presunta devaluación. Me pregunté cómo puede nuestra moneda desestabilizar la región si solo circula en Nicaragua.

Hasta el siglo pasado, las guerras se desarrollaban en tres espacios: tierra, aire y agua. Ahora se libra en el ciberespacio.

En Nicaragua los diarios impresos tienen menos lectores y las radioemisoras menos radioescuchas, por eso se han trasladado al ciberespacio, y aunque la televisión sigue teniendo una fuerte influencia, las redes sociales se han convertido en el medio dominante.

Pero las redes también se han trastocado, lanzando a diario miles de noticias falsas para impactar en la opinión pública y generar un estado de opinión que provoque emociones negativas, desanimo, frustración, pesimismo, agobio, dolor, tristeza.

Analistas, expertos, dicen que la guerra mediática llevó al poder al hoy Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que supo influir mejor a los votantes a través de las redes sociales.

Por eso en Nicaragua también libramos una guerra de opinión pública desde las redes, para lo cual hubo, hay y seguramente habrá mucho financiamiento exterior para influir en los nicaragüenses. 

El objetivo de la guerra digital es comunicar algo y lograr que la gente reaccione, tome acciones en el mundo real y se materialice en un movimiento social, dicen los expertos, por eso en Nicaragua fue la principal arma de manipulación de los enemigos de la paz y el desarrollo a favor de los desfavorecidos.

Crear caos, confusión, desconcierto, desanimo, enojo, ira, sobre todo odio, confrontación y división.

Y la siguen usando, pero en menor intensidad porque se han encontrado con un ejército de twitteros y feibuqueros sandinistas y nicaragüenses comprometidos con las causas justas y sociales, dispuestos a defender su proyecto social.

El gran reto, no solo es seguir enfrentando a quienes alientan la guerra entre nicaragüenses con lenguajes sibilinos, que tratan de compararnos amigo/enemigo, que alimentan la polarización y la división, sino convertirnos desde los medios, desde el ciberespacio, desde las redes, en constructores de la reconciliación, el diálogo y la paz.

Los medios de comunicación, las redes sociales, deben servirnos para construir una historia nueva, afianzar la paz; hacer brillar el amor de hermanos y no promover el odio.

Muchas Gracias

(*) Periodista. Discurso en el Foro sobre la Paz en Nicaragua, el pasado 25 de octubre.

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